A 106 años del fin de la Gran Guerra

Remembrance Day

El pasado domingo 10 de noviembre, tuvo lugar en Gran Bretaña el Remembrance Sunday, el domingo del recuerdo. Un servicio que se lleva a cabo para honrar a mujeres y hombres que sirvieron –y murieron– durante la Primera Guerra Mundial y en conflictos armados posteriores. Se trata del aniversario 106 del armisticio de la Gran Guerra; aquella que acabaría con todas las guerras.

En 2018 tuve oportunidad de asistir a la conmemoración. El servicio llega a su momento más solemne a las 11 de la mañana, cuando se guardan dos minutos de silencio frente al Cenotafio, ubicado sobre la avenida Whitehall, lugar al que difícilmente se llega por la cantidad de gente y vallas. Posterior al silencio, como si se tratase de un acto ecuménico, doblaron las campanas de las diferentes iglesias en la ciudad, incluidas las de la Catedral de San Pablo.  

Quizá lo que más me llamó la atención aquella vez fue el necesario sentido de historicidad en la gente, pues resulta un buen remedio para regular el “presentismo” que tiende a subestimar tanto los precedentes históricos como las señales de fisura en el statu quo actual. 

Tras sucumbir a la tentación de entrevistar a algunos veteranos británicos con la única pregunta: “¿Qué significa para ti este día, en el contexto del centenario del fin de la Gran Guerra?”, me dio la impresión que los –por lo menos– 700,000 soldados británicos y los ocho millones de caballos que murieron en la Primera Guerra Mundial siguen siendo un recordatorio de lo que un hombre le puede hacer a otro hombre; y de lo que las sociedades se pueden hacer entre ellas cuando se da rienda suelta a las pasiones humanas.  

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Esta consciencia histórica también es compartida por la Europa continental. El discurso de Emmanuel Macron de aquel año no dejó de tener peso, aun cuando se trata del mandatario de una Francia geopolíticamente disminuida. En especial, Macron se preguntó cómo serían percibidas en el futuro aquellas fotos donde aparecen los líderes del mundo que se dieron cita en el Arco del Triunfo aquel domingo:

“¿Un símbolo de paz duradera, o el último momento de unidad antes de que el mundo caiga en el desorden”. Se trata de una escena que inevitablemente evoca al funeral del Rey Eduardo VII, El Pacificador, en mayo de 1910. Aquella reunión de la nobleza europea en el Castillo de Windsor fue la más grande de la que se tuviera registro, y también la última después de que muchas de esas monarquías e imperios lucharan entre sí y sucumbieran como resultado de la Gran Guerra.  

Este sentido de historicidad no fue suficiente para revertir una tendencia que viene desde hace tiempo a nivel global. Más aún, no sabemos qué tan largos vayan a ser, como solía decir Hannah Arendt, “los tiempos de oscuridad”. Conviene prepararse y resistirlos. Al final, nuestro país, México, no es una isla. 

Pd. Con esta entrega cierro mi participación anual con la Revista Campo Marte. Gracias por hacerme parte de este proyecto editorial.   

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