AL: nuevo mapa de Trump

AL: nuevo mapa de Trump

Más como ironía que como objetivo estratégico, el presidente Donald Trump distribuyó a principios de septiembre un mapa del continente americano destacando que todos los países –todos, sin excepción– formaban parte de la bandera de las barras y las estrellas, y la intención fue hasta irrespetuosa: violar la soberanía política de repúblicas que mal que bien son independientes.

Ya antes había jugado Trump con declaración de que se iba a engullir Groenlandia y que Canadá pasaría a ser el estado 51 de la Unión americana, este último objetivo prácticamente incumplible porque sería suponer que Canadá sería conquistado a sangre y fuego para convertirse en un solo estado del tamaño total de lo que es hoy Estados Unidos.

Una cosa es la influencia geopolítica que Trump ha desarrollado en su segunda presidencia para alejarse un poco de los conflictos que generó y que no ha resuelto en Europa, Asia, Medio Oriente y África, y otra cosa muy diferente que considere ya a países latinoamericanos el modo de la conquista como Venezuela que comenzó con el secuestro del presidente legal –desprestigiado, pero cumpliendo los requisitos constitucionales– y decida sobre los recursos económicos del petróleo Venezuela como si fueran propios.

América Latina y el Caribe deben otorgarle una gran reflexión a su propio fracaso como naciones independientes y autónomas. Varios experimentos se han desarrollado en la región para tratar de construir una economía que no esté subordinada a la de Estados Unidos, aunque trate de aprovechar de manera legal los beneficios de la vecindad.

Después del fracaso de la revolución cubana en 1971 y de la pérdida de influencia política y diplomática en la región y luego del golpe de Estado que aplastó la experiencia socialista de Chile en 1973 por decisión de la Casa Blanca y de la CIA, la región del sur del Río Bravo del continente americano se perdió en conquistas ideológicas que ignoraron de que los gobiernos se definen por proyectos de desarrollo con beneficio social. Y Estados Unidos se olvidó de su mal llamado “patio trasero” cuando derrotó a la Unión Soviética en la crisis de 1988-1991.

Trump no tiene, en términos de seguridad nacional, razones poderosas como para lanzarse a la conquista de América Latina y el Caribe porque va a tener que cargar y lidiar con la mayoría de los países que cómodamente van a esperar que Washington le resuelva los problemas.

En este escenario México encuentra un contexto para recuperar su liderazgo regional en función de los intereses de los pueblos y no de la economía capitalista súper desarrollada.

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