Donald Trump encontró en la búsqueda del poder político a su vellocino de oro. Cuando comenzó sus primeros pasos en 2015 para buscar la candidatura presidencial republicana del 2016, no le concedió mucha importancia a las respuestas de burla que recibió. Se fijó la meta no de ser candidato, sino de ganar las elecciones.
La carrera presidencial de Trump estuvo llena de piedras y lodazales, bastante por su carácter atrabancado, irrespetuoso, vulgar, superficial y carente de proyecto; sin embargo, Trump fue la amalgama de una larga cauda de grupos de derecha a la ultraderecha que lo vieron como el líder ultrarreaccionario que estaban esperando.
Trump tuvo dos tropiezos en su primera presidencia. En su libro Miedo, el periodista Bob Woodward cuenta los efectos devastadores de comentarios insultantes al órgano sexual de las mujeres que había captado una grabación del programa Acces Hollywood y que hizo casi perder la candidatura. El estratega de la nominación de Trump, el líder ultraderechista Steve Bannon, reconoció que ese incidente había destruido las posibilidades electorales de Trump. Y el entonces asesor Reince Priebus dijo las palabras destructivas: Trump debe renunciar a la candidatura, la nominación republicana la debe asumir Mike Pence y Condoleezza Rice –asesora de seguridad nacional y secretaria de Estado de Bush Jr.– debe ser la vicepresidenta.
Trump se negó, luchó y ganó.
Análisis Estratégico
Durante su presidencia, Trump enfrentó el peor de los expedientes: la trama rusa. Trump habría presionado al ucraniano Zelenski para que investigara al hijo de Biden y le encontrara puntos negros y a cambio de ello le daría dinero y armas. El juicio fue desgastante y pudo haberlo llevado a la destitución, pero bloqueó las conclusiones en el Senado, intimidó al fiscal especial Müller y lo señalaron como responsable pero sin mayorías para destituirlo.
El primer periodo de Gobierno de Trump destacó por su confrontación prácticamente a muerte contra la prensa, pero el efecto fue el contrario: los medios críticos se fortalecieron frente a la sociedad y Trump nunca pudo detener ninguna crítica, pero de todos modos las denuncias más feroces de la prensa contra el presidente chocaron con el muro de cinismo y el lenguaje brutal de descalificación y ofensas a los periódicos y periodistas.
La derrota de Trump en las elecciones presidenciales de noviembre del 2020 recogió en las elecciones el deterioro de las credibilidad y la calidad de Trump frente a la figura cuidada de Biden y a la falta de estrategia del candidato republicano para consolidar una mayoría radicalmente conservadora que sí pudo construir en las pasadas elecciones de noviembre de 2024.





