Crisis de seguridad

Crisis de seguridad

Los reportes de la DEA que señalan que nueve cárteles mexicanos controlan el contrabando, distribución y venta al menudeo de drogas dentro de Estados Unidos no aclaran cómo ha sido que los grupos delictivos mexicanos han podido cruzar la frontera e instalarse con tranquilidad en las estructuras sociales de cuando menos 40 de los 50 estados americanos.

Las autoridades estadounidenses lograron la extradición y juzgaron a Joaquín El Chapo Guzmán Loera para condenarlo a prisión perpetua acusado de ser el jefe del principal cártel mexicano que opera dentro de EU; sin embargo, el tráfico y venta de drogas en las calles americanas ha seguido su ritmo creciente.

Antes de la visita del presidente Biden a México para la X Cumbre del tratado comercial, el gobierno mexicano detuvo con fines de extradición a Ovidio Guzmán López, hijo del Chapo y encargado del área de producción y distribución de fentanilo.

El interés estadounidense se basa en que se han acumulado en dos años más de 200,000 fallecidos por sobredosis de esa droga mortal, sin que existan programas especiales para combatir la distribución en todo el país y el consumo en las calles y solo atendiendo la sobredosis en el sistema de salud.

La estrategia estadounidense de lucha contra el fentanilo se basa en el programa de 2011 del presidente Barack Obama de combatir a los cárteles de la droga a partir de la caracterización de organismos criminales transnacionales y liquidarlos en el país de origen, en este caso México, pero sin ningún operativo para desarticular a esos cárteles que venden la droga mortal en las calles americanas.

Lo grave del asunto es que las autoridades estadounidenses, sobre todo la DEA, tienen identificados a los cárteles y localizadas sus zonas de influencia en territorio americano, pero no existen operativos para desarticularlos sino apenas para combatir el tráfico y el consumo individual.

Los datos de seguridad revelan que las células de cárteles mexicanos en EU tienen un enorme poder de armas y sobre todo de dinero.

La estrategia estadounidense se agotó en la solicitud de extradición de Ovidio, pero sin objetivo de desarticular al Cártel de Sinaloa en México y en Estados Unidos, dejando que el consumo de droga por parte de estadounidenses siga creciendo y sea el fuerte atractivo para el funcionamiento y expansión de carteles de la droga en los dos países.

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