La primera ocasión que tuve la oportunidad de cubrir un evento de la Secretaría de la Defensa Nacional, no entendía el porqué citar con tanta antelación, porqué y hasta la fecha lo pregunto, no importando el clima o quién sea el Comandante o ahora Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, la lealtad, lema supremo y protocolos son los mismos.
Todo tiene una medida precisa, es decir, las leyes del hombre y en este caso de las Fuerzas Armadas, no pueden ir en contra de las leyes de la naturaleza: cuando algo se cuida con esmero, da frutos y florece. La constancia es entonces, en el ser humano, el vaivén de las olas que no cesan, el aire que no se detiene, la lluvia que busca su cauce.
Pero los seres humanos de a pie, los civiles, buscamos lo contrario: ¡Civilizarnos!, tener la mayor comodidad con el menor esfuerzo, con las tecnologías, con la comida rápida, y lo peor, lo estamos transmitiendo como enseñanza a las nuevas generaciones, que hoy llamamos de “cristal” y transformando estilos de vida que dañan nuestra salud.
Nos enoja como sociedad, ver calles sucias, con baches, los mares contaminados, pero no hacemos nada por evitarlo… Nos sorprenden las cifras de jóvenes que a más temprana edad ingresan a las adicciones, incluso tecnológicas, pero no ponemos ni atendemos las más elementales reglas de urbanidad, como sociedad.
Cuántas veces nos ha pasado que, en el tráfico de nuestras modernas ciudades, nos molesta ver, al que usa los acotamientos, o carriles confinados para llegar más rápido, cuando en esta modernidad de vida, todos en mayor o menor medida vivimos a prisa. Cuántos se orillan a prestar auxilio en un accidente sin importar esa prisa.
Rebaso como muchos de mis compañeros la quinta década de vida, y unos más otros menos comenzamos a compartir nuestras experiencias en pérdidas de seres queridos, en enfermedades que pudimos haber evitado, y todo nos lleva al principio con el que todo ser humano debe ser formado, con orden… y se llama disciplina.
“El que obedece, jamás se equivoca”, me dijo una de mis jefas más queridas y maestra de vida Dolores Colin, cuando me costaba entender esa constancia que no daba frutos, que yo quería ver reflejados de manera mucho más rápida.
Los cambios que hoy vive el país, causan enojo en muchos, pero nos relajamos tanto que, nos cuesta entender que ahora debemos disciplinarnos, incluso a nivel nacional, nos gusten o no los modos del nuevo gobierno estadounidense, solo nos pide que cumplamos con lo que como país vecino, se tuvo que haber hecho siempre: tener un orden y un límite en todo.
Migración, narcotráfico, comercio, deben seguir normas o leyes y de violarlas o no cumplirlas, sancionarse, así de simple, es por ello que la cooperación cuesta tanto en lo administrativo y comercial, pero es atendido de inmediato por los que acostumbrados están a obedecer, a servir y atender de manera constante.
Se viven hoy quizá no decenas trágicas como hace 112 años, pero el acompañamiento es el mismo, y la lealtad la constante, es en febrero cuando fechas tan significativas en que recordamos: “La Marcha de la Lealtad”, el “Aniversario de la Fuerza Aérea Mexicana” o del “Ejército Nacional”, que cada año refuerzan ese mismo valor constante.
Sin importar crisis económicas, amenazas injerencistas o quien gobierne y ostente la Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas, que este año fueron marcadas estas fechas por refrendar ese valor, esa lealtad por vez primera a una mujer, la primer Presidenta de este país y se hizo como de costumbre, por convicción, porque “…el que obedece, jamás se equivoca…” y eso se llama disciplina, que ojalá todos practicáramos en todos los ámbitos de vida y costumbre para ser transmitido como valor.





