El Estado mexicano moderno ha tenido tres etapas definidas: la constitucional-social de 1917, la contrarrevolucionaria neoliberal 1983-1994 y la populista 2018-2030. En los hechos, se trata del mismo Estado como estructura organizacional de la República, pero con objetivos de desarrollo o bienestar que han implicado el realineamiento de sus compromisos políticos.
El Estado mexicano nació del seno de la Revolución Mexicana: una estructura político-administrativa que se colocó por encima de partidos y clases y que siempre ha estado en manos de profesionales de la política. Por su origen revolucionario, el Estado se concreta por objetivo sociales.
A partir del consenso revolucionario, el Estado se delimitó como el espacio de representación del conflicto de clases, siempre a favor de las clases no propietarias, aunque a veces beneficiando a las clases propietarias pero regulando los beneficios de la riqueza. Es decir, el Estado fue el espacio de la contienda social.
Las reformas del Estado de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari cancelaron el modelo del Estado social y definieron lo que se conoce ya de manera teórica como el Estado autónomo, es decir, un aparato público y de poder ajeno a la representatividad social. Fue el Estado neoliberal que duró de 1983 a 2018.
En un discurso de agosto de 1985, Salinas de Gortari redefinió el papel neoliberal del Estado: la no representatividad de las clases sociales no propietarias.
El Estado (ya) no es la arena política donde se dirimen los conflictos sociales. Hay una autonomía relativa del Estado respecto de los diversos grupos que actúan y compiten en una sociedad plural. Por ello debe rechazarse la posición reduccionista que considera que las formas del Estado varían simplemente en correspondencia con los modos de producción.
El Estado autónomo se deslindó de responsabilidades sociales y el país entró en la lógica de la polarización social riqueza-pobreza: el 80% de los mexicanos vive con una a cinco restricciones sociales. López Obrador revalidó el Estado con representatividad de las clases sociales no propietarias y lo regresó a políticas sociales que priorizaron el bienestar de las mayorías.
Las elecciones presidenciales de 2018 y 2024 se dieron en el contexto de la disputa entre el Estado autónomo neoliberal del salinismo y el Estado social originario de la Revolución Mexicana, planteando el realineamiento de fuerzas político-partidistas: el bloque conservador PRI-PAN-PRD y la derecha económica y clase mediera y el bloque progresista de Morena-PV-PT con prioridades de bienestar social.





