“La seguridad es un derecho humano legítimo e imprescindible, con garantía obligatoria por el estado”. (Hernández, 2024). En el pasado hemos vivido situaciones en que los tiempos como salir a caminar por las calles, parques, escuelas, y centro comerciales, ejercitarse o jugar en lugares comunes, conocer a todas las personas que viven en una circunscripción social y sobre todo lo más evidente confiábamos sin la menor preocupación en todos; lamentablemente esto ha quedado en el olvido dentro de la interacción social actual.
La palabra seguridad según Moliner (1996) “es una actividad en contra del riesgo y entiendo por riesgo la posibilidad de que las acciones de las personas tengan consecuencias negativas o no previstas”. Nuestra forma de vida anteriormente en general fue sin ningún tipo de presión dentro de la comunidad en la que nacimos, crecimos y maduramos, conservábamos una cultura de paz y armonía en la comunidad; sin duda que existía entonces el espectro de los criminales, pero jamás fue algo cotidiano y una costumbre del día a día, las nuevas generaciones pensarían que esta es la historia de un cuento de fantasías, después de todo lo que ya viven y que todos vivimos actualmente.
Por la mañana, por la tarde o por la noche, sin medir hora ni minuto ni segundo, debido a los altos niveles de inseguridad, nos encontramos ante un efecto de aislamiento social preocupante, evitamos la necesidad que no sea indispensable el salir de los hogares, restringimos que los menores salgan a jugar a espacios públicos o comunes, no tenemos conocimiento total de con quién vivimos en las casas contiguas, desconfiamos de todos y por ende de todo, vivimos en una incertidumbre y preocupación constante de que algo malo nos suceda, dentro de este gran tsunami de violencia del que nadie escapa, “las sociedades latinoamericanas se han convertido en ambientes fértiles de inseguridad social” (Guevara, 2010)
En relación con el creciente fenómeno de la inseguridad, existe desde hace varios años otro fenómeno como lo es el de la transculturación, afectando a diversos grupos sociales que reciben y adoptan formas culturales negativas provenientes de otros grupos sociales gracias al acelerado proceso de digitalización de los medios masivos de comunicación, con un desarrollo de procesamiento gradualizado y constante, adquiriendo hábitos o costumbres que solo consiguen confundir o transformar a unos ciudadanos fuera de las normas sociales legisladas por una autoridad en la comunidad (outsiders).
La Transculturación
El diccionario de la Real Academia Española, define al término como recepción por un pueblo o grupo social de formas de cultura procedentes de otro, que sustituyen de un modo más o menos completo a las propias. El término transculturación es utilizado para el indicativo de identificación de culturas distintas, para de esta forma diferenciar elementalmente, una cultura del pasado (paz) y otra del presente (violencia); este término utilizado como un neologismo define como los procesos de instauración de una cultura por otra teniendo como resultante la nueva identidad cultural adoptada, siendo un vocablo que indica de forma más exacta la consolidación de una nueva cultura ya sea de manera voluntaria o forzada.
La transculturación se caracteriza en tres fases bien específicas y en orden de prelación por su existencia, estas son: aculturación (adquisición de una cultura distinta y nueva), deculturación (desarraigo o desprendimiento de la cultura precedente) y aculturación (creación de nuevos fenómenos culturales). Es indispensable continuar de manera permanente con los diversos tipos de programas de asistencia social como un gran recurso, siempre que estos no estén obstaculizados por movimientos de índole política, que provocan perturbación en el desarrollo de los esfuerzos asistenciales por la seguridad y mitigan los objetivos rectores de los sistemas para la organización de la comunidad. A razón de mencionados programas encontramos el enlace con la interculturalidad quien se encarga del análisis, el contraste y que documenta cada uno de los sistemas familiares, sociales, económicos, educativos, políticos y culturales; a través de los cuales se propicia la transculturación en forma positiva o negativa según sea el caso.
La Interculturalidad
Está ligada a los medios creados por las políticas públicas y sociales, mismas que proyectan el buen vivir y el desarrollo local, estas formas de organización comunitaria son producto de acciones de los estados de muchos países, a través del fomento del respeto de la ley y el estado de derecho. Las políticas de seguridad pública tienen una amplia gama de atención de demandas sociales que se deben atender y múltiples necesidades de la comunidad en todos sus niveles sociales, ya que desde hace muchos años la delincuencia ya no distingue nivel económico, social o político, para ser presa de sus acciones criminalistas.
A través de la interculturalidad, se debe identificar el vacío, laudo o laguna de los objetivos estratégicos, mismos que son relacionados por los fenómenos que atacan directamente la seguridad pública en el sociedad; tales como, muertes violentas (homicidios y accidentes), ataques a ciudadanos vulnerables (mujeres, adolescentes y niños), destrucción patrimonial (robos, hurtos, estafas) y agrupaciones criminales (extorsiones, amenazas, intimidaciones y tráfico de drogas); de tal forma, también los programas de seguridad pública deben incluir factores de carácter estructural, ambiental, individual, social, comunitario y cultural. “La interculturalidad aboga por la convivencia de diferentes culturas en un mismo espacio y además apuesta por la interacción entre ellas sin la supremacía de ningún grupo cultural”. (Unir, 2022)
Finalmente, podemos apreciar que las formas de manifestación transculturales son las bases teóricas de la evolución social, siendo su mayor producto la globalización (apertura de fronteras), con sus propios efectos tales como la pérdida de identidad y de valores del país o comunidad receptora, “toda cultura que no tiene una fuerte base no perdura para siempre” (Saravia, 2019); y por otro lado las posturas interculturales que son la aplicación práctica en la comunidad, estas defienden actividades para la interacción social entre diversas culturas en un mismo entorno y fomenta la convivencia comunitaria sin la existencia de una postura dominante de ningún grupo en específico. Las bases de la interculturalidad principalmente son: la igualdad, la equidad, la no discriminación, la tolerancia, el respeto, la integración, el dialogo, la inclusión, y la diversidad. Debe ser un eje primordial en los programas sectoriales de país, con alcances reales y resultados contundentes el tratamiento de estos fenómenos sociales en pro de la seguridad ciudadana; en el que individuos, familia, escuela, empresas, instituciones y autoridades trabajemos en conjunto y concentremos fuerzas en el marco de objetivos estratégicos y con indicadores elementales para que los sistemas de seguridad pública y la soberanía nacional generen un cambio positivo, que nos permitan regresar a una verdadera nueva normalidad al rescate de nuestro bienestar y paz social que tanto anhelamos.





