Proyecto Estados Unidos. Luego de haber confirmado los datos oficiales sobre su victoria electoral del pasado 5 de noviembre en EEUU, Donald Trump de manera inmediata definió su estrategia de lucha contra el narcotráfico y sobre todo contra la producción internacional de fentanilo y mandó mensajes muy severos a México y a Canadá sobre sus intenciones de utilizar sus márgenes de maniobra para intervenir directamente en ambos países y afectar zonas territoriales del narco.
De manera muy directa, el presidente electo dijo que movilizaría fuerzas especiales militares hacia México para buscar, combatir y destruir a los cárteles del narcotráfico que producen sobre todo fentanilo, los que se interpretó de manera lógica como una ofensiva intervencionista contra la zona territorial del Cártel de Sinaloa en el suroeste de México.
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El escenario sobre ese tema está muy confuso para el presidente electo Trump: Estados Unidos tienen sus cárceles a la familia Guzmán que controlaba el Cártel de Sinaloa ya al famosísimo y temible Mayo Zambada que se había quedado el frente del cártel y sus líneas de producción de fentanilo, además de haber capturado, enjuiciado y sentenciado al secretario de Seguridad Pública del Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) bajo cargos de haber beneficiado precisamente al cártel del Chapo Guzmán.
La segunda semana de diciembre, el Gobierno de México anunció el decomiso de millones de pastillas de fentanilo que estarían destinadas al mercado estadounidense, un hecho que fue interpretado políticamente como voluntad mexicana para colaborar con el objetivo estadounidense de destruir las zonas del fentanilo en territorio de México.
El problema del narcotráfico México-EU es mucho mayor a las pequeñas señales simbólicas de voluntarismo contra los c-arteles del narcofentanilo. El decomiso de pastillas ocurrió justo en el momento en que Sinaloa vive una guerra entre bandas delictivas del narco para apoderarse del territorio dejado por las ausencias de los Guzmán y de Zambada, causando zozobra en la sociedad sinaloense que paga los platos rotos de la permisividad gubernamental que consolidó el imperio criminal de Guzmán-Zambada.
La crisis del Cártel de Sinaloa y la presión estadounidense sobre el narcofentanilo en esa zona requieren un acuerdo bilateral y del retiro de la amenaza estadounidense de enviar fuerzas especiales militares como decisión unilateral porque solo multiplicaría la violencia en ese territorio. Sin un acuerdo formal, las intenciones de Trump multiplicarán la narcoviolencia en México.
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