Fusileros Paracaidistas: 80 años entre el cielo y la misión

Fusileros Paracaidistas: 80 años entre el cielo y la misión

Hay un momento en el que el soldado deja de pisar tierra. La aeronave abre sus puertas, el viento golpea con fuerza y, durante unos segundos, todo depende del entrenamiento. El paracaídas debe abrir, el cuerpo debe responder y el descenso debe terminar en el punto previsto.

Ocho décadas después de que México comenzó a construir su capacidad de aerotropas, el salto ya no es la única especialidad de los Fusileros Paracaidistas. La unidad que este año conmemora 80 años de historia se presenta como una fuerza capaz de operar por aire, mar y tierra, con grupos especializados para misiones tácticas y estratégicas.

El aniversario no fue reducido a una ceremonia. Durante 2026, la Secretaría de la Defensa Nacional organizó actividades de adiestramiento, intercambios internacionales y demostraciones que tuvieron como uno de sus puntos culminantes un encuentro de paracaidismo militar en Acapulco. Después, el 27 de julio, en el Campo Militar Estratégico Conjunto 37-D, en Santa Lucía, Estado de México, la Brigada realizó el pase de revista conmemorativo por sus ocho décadas.

Frente a la formación de sus integrantes, el General Brigadier Paracaidista de Estado Mayor Román Jacinto González, comandante de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, resumió la transformación de la unidad.

“Esta gran brigada ha adoptado su doctrina en operaciones tácticas y estratégicas al desarrollo de operaciones con grupos y pequeñas unidades integradas por hombres y mujeres altamente especializados para realizar operaciones de infiltración por aire, mar y tierra”, afirmó durante la ceremonia.

La frase describe algo que difícilmente se aprecia en una fotografía de un salto: detrás de la boina roja existe una estructura militar que ha cambiado con el tiempo, que incorpora nuevas técnicas y que busca responder a escenarios distintos a los que enfrentaban los primeros paracaidistas mexicanos.

Fusileros Paracaidistas: 80 años entre el cielo y la misión

Del primer salto a una brigada especializada

La historia comenzó en 1946. La Memoria Documental de la Defensa señala que el 1 de agosto de ese año se creó la Compañía Mínima de Aerotropas, antecedente de las unidades paracaidistas mexicanas.

Aquellos primeros hombres iniciaron una tradición que con el tiempo se convirtió en una especialidad dentro del Ejército Mexicano. El proceso incluyó la creación de áreas propias de adiestramiento, torres de salto y sistemas para preparar a los elementos antes de enfrentarlos a una aeronave en vuelo.

Así, los 80 años conmemoran la raíz de la capacidad paracaidista militar mexicana. La estructura conocida actualmente como Brigada tiene una historia institucional. También sirve para mostrar cuánto cambió aquella primera capacidad de salto.

La boina roja como símbolo

En Santa Lucía, la ceremonia tuvo un elemento que resume la identidad de la unidad: la boina roja.

Para los paracaidistas, el distintivo representa algo más que pertenencia. Está asociado con una selección exigente, con entrenamiento especializado y con una cultura interna que pone énfasis en disciplina, resistencia y espíritu de cuerpo.

El propio comandante de la Brigada ha señalado que sus integrantes son reconocidos por “arrojo, espíritu de cuerpo y lealtad”, cualidades que, dijo, les han permitido superar los retos de la profesión militar.

En esa misma ceremonia sostuvo que el objetivo es formar mujeres y hombres con “moral de vencedor”, una expresión utilizada por el mando para describir la actitud que se busca desarrollar en el personal.

Así, la boina roja se convirtió en un símbolo militar de élite que representa el valor, la intrepidez, la disciplina y la sangre derramada en combate por las tropas aerotransportadas

Más allá del paracaídas

La imagen más conocida de la Brigada es la del soldado que desciende desde una aeronave. Pero esa imagen se queda corta frente a las capacidades que la propia unidad describe actualmente.

Se estima que la Brigada cuenta con alrededor de 2,600 integrantes y con una Fuerza Especial destinada a misiones de carácter táctico y estratégico.

La estructura incluye unidades de fusileros, una Fuerza Especial, áreas de adiestramiento y compañías destinadas a operaciones especializadas. El propósito es que el personal pueda desplazarse rápidamente y actuar en diferentes ambientes.

El General Román Jacinto González explicó durante el aniversario que la doctrina de la unidad se ha adaptado a operaciones con grupos y pequeñas unidades. Esa transformación, dijo, permite realizar infiltraciones por aire, mar y tierra.

El paracaidismo deja de ser el objetivo final y se convierte en un medio para colocar personal en una zona determinada. El entrenamiento posterior permite que esos elementos actúen en tierra, mientras que otras capacidades están diseñadas para ambientes urbanos, rurales o acuáticos.

Por ello, como CAMPO MARTE había documentado antes, la Fuerza Especial de la Brigada está equipada y adiestrada para misiones de carácter táctico y estratégico y que ha participado en operaciones de captura de blancos de importancia.

Evolución que acompaña una tropa de élite

La evolución tecnológica de la Brigada de Fusileros Paracaidistas ha modificado los procedimientos de entrenamiento. En la preparación para el aniversario se mostraron ejercicios relacionados con diferentes tipos de paracaídas y cursos de combatiente paracaidista, comando y especialización táctica.

La idea es que un paracaidista no dependa únicamente de su capacidad física. Debe dominar el equipo, conocer los procedimientos y responder ante situaciones que pueden cambiar en segundos.

Además, desde 2011, la dependencia comenzó el Curso Básico de Paracaidismo para personal femenino, como parte de las políticas de inclusión y equidad de género dentro de las Fuerzas Armadas.

La presencia de mujeres forma parte ahora de la imagen de la Brigada que sus mandos presentan: una unidad integrada por hombres y mujeres especializados para distintas misiones.

Además, la condición de fuerza especializada no significa que todas sus misiones estén relacionadas con operaciones de combate.

La historia de los paracaidistas mexicanos no se limita a las operaciones de seguridad. La ayuda a la población ha formado parte de las tareas que la unidad destaca entre sus capacidades.

Como su propio mando lo menciona, los paracaidistas pueden participar en el rescate de personas aisladas por emergencias y utilizar helicópteros para extraerlas de zonas de difícil acceso. También habló de las capacidades para trabajar durante inundaciones y terremotos.

Es una faceta que cambia la imagen tradicional de la unidad.

Arrojo, espíritu de cuerpo y lealtad

Con el comandante del Ejército Mexicano, general Héctor Ávila Alcocer, encabezando la ceremonia. Hubo reconocimientos, una reseña histórica y una develación que condensó el aniversario en un objeto: una moneda conmemorativa de los 80 años de la Brigada de Fusileros Paracaidistas.

Pero el acto también permitió observar la dimensión actual de la unidad.

Durante la demostración para los medios se mostraron cinco tipos de paracaídas y parte de los cursos de formación y especialización.

No fue sólo una ceremonia de aniversario. Fue una exhibición de lo que la unidad considera necesario para mantenerse vigente.

El mensaje del General Román Jacinto González estuvo dirigido al pasado, pero también a quienes integran la Brigada actualmente.

El comandante destacó el “arrojo, espíritu de cuerpo y lealtad” de sus integrantes y señaló que esas características han permitido enfrentar los retos de la profesión militar.

En otro momento de su intervención, explicó que la nueva organización responde a las especialidades que requiere el combate moderno.

La Brigada, dijo, cuenta ahora con un cuartel general, una compañía de cuartel general, tres batallones de paracaidistas, una fuerza especial y un centro de adiestramiento.

Una historia que todavía se está escribiendo

En 1946, cuando los primeros integrantes de las aerotropas mexicanas se lanzaron desde una aeronave sobre Balbuena, el paracaidismo militar era una capacidad nueva para el país. No existía todavía la Brigada de Fusileros Paracaidistas. Tampoco la estructura, el equipo ni las especialidades que hoy forman parte de ella.

23 años después, en 1969, aquella experiencia se convirtió formalmente en una brigada. Desde entonces, generaciones de militares han pasado por sus filas y han aprendido que el salto es apenas una parte de la preparación.

A 80 años, esa transformación se puede ver en los hombres y mujeres que forman la Brigada, en sus áreas de adiestramiento y en las distintas especialidades que acompañan al paracaidismo, donde los elementos que ya no sólo se preparan para descender desde una aeronave, sino para continuar la operación una vez que sus botas vuelven a tocar tierra.

Ahí está la diferencia entre aquellos primeros saltos y la Brigada de hoy.

Porque para un Fusilero Paracaidista, tocar tierra nunca ha significado que terminó el vuelo.

Significa que comenzó la misión… de ahí su lema “Del cielo a la misión”.

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