El terrorismo es un problema que ha afectado sistemáticamente el desarrollo de los países. El utilizar la violencia como medio para un cambio político perjudica gravemente el desarrollo de la población y el buen gobierno. Las definiciones más exactas de este fenómeno son de los autores David C. Rapoport con su libro Las cuatro oleadas del terrorismo y Luis de la Corte Ibañez autor de Lógica del Terrorismo, ambos indispensables.
La autorradicalización se ha vuelto un problema mayor. Este nuevo fenómeno representa el principal riesgo de la seguridad mundial moderna, su motor es el entorno digital. Los grupos terroristas ya no buscan, como antes, a la gente para radicalizarla, ahora la gente busca páginas, videos, canales telegram y grupos de Reddit, entre otros, para volverse un terrorista autodidacta buscando ejercer violencia sin importar la ideología o religión.
Los que buscan la autorradicalización no quieren pertenecer a un grupo o crear un cambio radical en un gobierno a partir de la violencia, su objetivo es hacer el mal por iniciativa propia, estamos pues, ante un cáncer que se regenera y muta. En las noticias se ha visto que algunos atentados terroristas ya no representan ideología política o afinidad religiosa. Son gente desesperada, olvidada y que padece de sus facultades mentales ya sea por droga o abusos que ejerce violencia aprendida en línea en contra de otras personas.
La autorradicalización también afecta a los menores. Ha crecido exponencial y de manera alarmante la muerte de niños de entre 8 y 12 años por retos virales que han visto en internet, por ejemplo: reto de asfixia, Superman challenge, blackout challenge, inhalar desodorante en aerosol, desafió de las 48 horas entre muchos otros. Los retos virales son una forma de autorradicalización ya que ejercen violencia auto infligida o a otros generando comportamientos erráticos con fines de captar la atención y generar un cambio ya sea la atención de los padres o el reconocimiento de la pandilla.
El olvido o descuido de los padres en algunos casos y la sustitución de supervisión familiar por un tableta o móvil en otros, influye que los menores sean susceptibles a realizar retos en donde alguien pierde la vida. El entorno digital también se ha convertido en un catalizador de violencia y ellos hartos de ser acosados en casa o escuela. Sus venganzas son más violentas y con peores consecuencias.
Lo más grave de la autorradicalización es que el acto no necesariamente tiene un público objetivo, el daño fatal puede ser en privado lo cual minimiza cualquier control gubernamental y por ende su combate.
En México en el mes de abril Julio César N con padecimiento de sus facultades mentales sostuvo por unos momentos rehenes a personas en las pirámides de Teotihuacán, argumentado una supuesta gentrificación del lugar, con un arma de fuego disparó en varias ocasiones a hombres, mujeres y niños. México no está preparado para este tipo de actos, no había seguridad privada ni pública y las fuerzas del orden carecen de la capacitación necesaria para reaccionar a este tipo de eventos. Teotihuacán marcó la vanguardia que anuncia la llegada de la autorradicalización a tierras mexicanas.
En estos tiempos el sólo salir de casa ya es una proeza en sí, salir de vacaciones al extranjero implica ya una planeación estratégica en donde se tiene que evitar ciertas zonas turísticas, como se dice en México coloquialmente, <nunca falta un loco>. Por otro lado los padres de familia se tienen que convertir en verdaderos policías cibernéticos para cuidar que el contenido que ven los niños no los convierta en armas potenciales para hacer daño a otros. Son otros tiempos pues, solo queda adaptarse.





