Hegemonías, no acuerdos

Hegemonías, no acuerdos

La cumbre de Yalta en febrero de 1945 reunió a los jefes político-militares de Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña, con la exclusión del Vaticano que quería un lugar en el nuevo reparto del mundo, pero que fue excluido por la ironía de Stalin al preguntar cuántas divisiones militares tenía la iglesia, pero en el fondo con un alto grado de desconfianza por el papel que jugó el Vaticano en la pasividad del Holocausto y en el fortalecimiento de Hitler.

El orden coordinado sobre todo entre las potencias soviética y estadounidense duró muy poco y fue interrumpida por la guerra en Corea por el avance comunista en 1950 y luego la guerra de Vietnam que involucró los intereses de Francia en el sudeste asiático frente a una ofensiva comunista vietnamita.

La construcción del Muro de Berlín en 1962 modificó el equilibrio mundial en Europa, pero dejó muy claro el reparto de áreas de influencia en el planeta.

De 1945 a la invasión rusa de Ucrania el mundo desgastó paulatinamente el valor de los acuerdos para el mantenimiento de zonas hegemónicas, con un tercer invitado que sustituyó la geopolítica del decadente imperio británico: el gigante chino entró en un ritmo de crecimiento, consolidación y expansión desde la revolución de Mao con el enfoque geopolítico de Jinping.

Las perspectivas imperiales de Estados Unidos y Rusia cayeron en la tentación de intentar modificar las fronteras estratégicas de las hegemonías de la posguerra, aunque con el endurecimiento en el mantenimiento de sus principales zonas de influencia, con casos estratégicos como Afganistán para la Unión Soviética y Cuba y Chile para Estados Unidos.

La decisión de modificar el equilibrio de Europa del Este con el paso estratégico de Ucrania a la OTAN debe entenderse como la búsqueda de un nuevo equilibrio de hegemonías entre las tres principales potencias: Estados Unidos, Rusia y China, sin que existiera alguna razón en especial de carácter coyuntural para provocar los nuevos realineamientos.

La ampliación de la OTAN con la asociación de nuevos países que antes formaban parte de la zona de influencia de Moscú en el viejo Pacto de Varsovia había avanzado sin contratiempos en tanto que no implicaba Violación de las líneas rojas de sobrevivencia de Rusia y China.

El aval de Estados Unidos a la incorporación de Ucrania a la OTAN careció de una preparación estratégica y calculó mal la reacción del Kremlin, en tanto que Putin vio la oportunidad de mandar mensajes de protección de sus fronteras estratégica y China es por el momento para realinear sus alianzas.

La guerra de Ucrania ha sido una batalla para la redefinición de las nuevas líneas rojas de las hegemonías mundiales.

Compartir :