Iberoamérica, al garete

Iberoamérica, al garete

A pesar de haber tenido en la historia de los últimos 200 años oportunidades claras de que los países de Iberoamérica y el Caribe pudieran concertar alianzas estratégicas para desarrollos regionales, es la hora en que son más los casos de confrontación y alejamiento que de posibilidades de acuerdos internacionales.

El presidente mexicano López Obrador abrió un frente de confrontación con Ecuador por la protección consular a un exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas y la decisión del Gobierno De Quito de invadir el territorio diplomático de México para arrestar al exvicepresidente culminó una serie de conflictos entre ambos países por razones ideológicas de apoyo mexicano al expopulista mandatario Rafael Correa.

México había desarrollado también buenas relaciones con los gobiernos populistas del peronismo argentino de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, pero la llegada del neoliberal Javier Milei llevó a los dos países a confrontaciones verbales que contribuyeron a enrarecer el clima de convivencia que debiera existir en la región.

En discursos demagógicos, los mandatarios iberoamericanos y caribeños siempre hablan de seguir el ejemplo de Europa, cuya Unión ha significado la integración económica y monetaria y una comunidad industrial envidiable, pero esa alianza fue producto de años de esfuerzos de integración, de respeto a las filiaciones ideológicas de los estados y de búsqueda de una comunidad productiva que beneficie a sus pueblos.

La Unión Europea ha demostrado que no se necesita un liderazgo sobresaliente, sino voluntad para encontrar caminos de integración. Los países de Iberoamérica y el Caribe se han beneficiado de liderazgos nacionales de corte popular, pero con inconsistencias que han interrumpido sus tránsitos con conflictos internos de ruptura. El primer intento formal de integración fue impulsado por el presidente mexicano Luis Echeverría en 1973 con la creación del Sistema Económico Latinoamericano que quiso ser, al menos en teoría, una especie de Comunidad Económica Europea, pero Estados Unidos se dedicó a boicotear el esfuerzo y tuvo intervenciones brutales en golpes de Estado que fracturaron las alianzas regionales.

El segundo intento fue del presidente venezolano Hugo Chávez con su propuesta de integración bolivariana, pero planteando de origen casi la obligación de filiación progresista o populista que ninguno de los países al sur del río Bravo podía garantizar. Y a propuesta de España se creó el Grupo Puebla en Iberoamérica, pero más como bloque ideológico antineoliberal que como propuestas de integración regional.

Por países, Iberoamérica y el Caribe no saldrán del hoyo del atraso.

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