Inteligencia, tecnología y control fronterizo: la estabilidad en Sonora

En Sonora la seguridad se mide en homicidios, patrullas, cámaras y despliegues, pero también en algo menos tangible: la confianza de quien sale de casa y decide si se siente seguro al regresar.

Así, en la segunda entidad más grande del país, la seguridad comienza por el territorio. Sus 72 municipios, sus 588 kilómetros de frontera con Estados Unidos y sus aproximadamente 1,200 kilómetros de costa configuran un escenario en el que la violencia no se presenta de la misma manera ni exige una respuesta idéntica en cada región.

Para el Capitán Braulio Martínez Navarrete, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Sonora, entender esas diferencias fue indispensable para construir el despliegue actual, según explicó en entrevista con CAMPO MARTE.

“Conocer la geografía de la entidad, sus municipios y su cultura es fundamental. Es el segundo Estado más grande del país, tiene 588 kilómetros de frontera y cerca de 1,200 kilómetros de costa, lo que lo coloca en una posición estratégica y le imprime una dinámica cambiante que atrae el interés de los grupos delictivos”, explica el funcionario.

La dimensión territorial, en su lectura, no es un dato administrativo, sino una condición que determina dónde deben estar los policías, qué herramientas necesitan y qué instituciones deben coordinarse para responder a una emergencia.

La estrategia implementada al inicio de la administración estatal, en 2021, fue modificada posteriormente para alinearse con los cuatro ejes de seguridad planteados a nivel nacional durante el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, la adaptación de esa política al territorio sonorense exigió construir un diagnóstico propio y mantenerlo actualizado. A partir de ese análisis, la autoridad estatal determinó que el despliegue debía responder a las características de cada zona.

“Nos permite diseñar el despliegue operativo que se va a destinar a cada región, las rutas carreteras, el sector de la frontera, los municipios prioritarios y de mayor población y, dentro de las ciudades más grandes, las colonias o áreas que presentan mayor incidencia”, explica.

La lógica detrás de ese modelo es que la seguridad no puede medirse ni administrarse desde una sola cifra. Las estadísticas permiten identificar tendencias, pero el comportamiento delictivo cambia de acuerdo con el territorio, la movilidad de las personas, las características económicas de cada región y las rutas utilizadas por las organizaciones criminales.

Por ello, el titular de la Secretaría de Seguridad sostiene que la evaluación debe ser permanente. “Definir una estrategia requiere la evaluación, la autocrítica y la corrección para estar al día de las demandas ciudadanas”, afirma.

Una reducción que cambió el punto de partida

El principal indicador utilizado por Sonora para medir el comportamiento de la violencia es el homicidio doloso. La razón es que permite establecer comparaciones entre periodos y observar con mayor claridad si las acciones desplegadas están teniendo algún efecto sobre la violencia letal.

“Una estrategia de seguridad se debe ver desde diferentes factores de medición, pero hay uno que es fundamental y que también se utiliza a nivel nacional como principal referente: la estadística del homicidio doloso”, explica. Bajo esa medición, Sonora registra una reducción de 68.3% en el promedio diario de homicidios dolosos entre 2021 y julio de 2026, una variación que la autoridad estatal considera uno de los principales resultados de la estrategia implementada durante los últimos años.

La cifra, sin embargo, no es presentada por el propio secretario como una victoria definitiva. La disminución modifica el escenario de partida, pero no elimina los problemas que persisten en distintas regiones ni permite asumir que la tendencia continuará automáticamente.

“Es una reducción muy significativa y es la que nosotros, como Mesa Estatal de Seguridad, tomamos como principal referente para evaluar si la estrategia que estamos llevando es o no eficiente. Ese resultado no significa que sea un éxito total; al contrario, nos hace voltear a ver en dónde corregir y hacia dónde marchar”, sostiene.

Esa postura introduce uno de los elementos centrales de la estrategia: el resultado debe servir para identificar qué funcionó, pero también qué falta por corregir. La seguridad no se plantea como un proceso terminado, sino como una política que requiere ajustes conforme cambian las condiciones. Un municipio puede presentar una mejoría mientras otro enfrenta un repunte; una modalidad delictiva puede disminuir y otra adquirir mayor relevancia; una zona puede requerir presencia policial durante determinado periodo y posteriormente necesitar un despliegue diferente.

Por eso, junto con los registros de homicidio y otros delitos, la Secretaría considera importante observar la percepción ciudadana. Los números muestran lo ocurrido; la percepción permite saber cómo interpreta la población esos cambios.

 “Los parámetros que tomamos como referencia son los indicadores públicos del INEGI, los estatales y las mediciones que nos permiten conocer cuántos delitos de algún rubro de alto impacto se cometen históricamente y establecer comparativas. Pero el indicador más sobresaliente que se puede tomar como referencia es la percepción ciudadana de seguridad y de confianza en sus instituciones”, afirma Martínez Navarrete.

La diferencia es relevante porque una reducción estadística no necesariamente se traduce de inmediato en una sensación de tranquilidad. La confianza necesita tiempo y contacto cotidiano. Una persona puede conocer los datos oficiales y, al mismo tiempo, seguir modificando sus hábitos por temor. Por eso la estrategia estatal intenta que la reducción de los delitos esté acompañada de mayor presencia policial, capacidad de respuesta y proximidad con las comunidades.

El salto de 850 a 2 mil policías

Una de las transformaciones más visibles ocurrió en el tamaño de la Policía Estatal. Cuando comenzó la actual administración, en 2021, Sonora contaba con 850 policías estatales. Para un territorio de sus dimensiones, la propia Secretaría consideró que ese estado de fuerza resultaba insuficiente para atender las distintas regiones y sostener una presencia permanente.

“Siendo el Estado con la segunda extensión territorial más grande, era un número de elementos insuficiente”, recuerda Martínez Navarrete. Desde entonces, el estado de fuerza aumentó hasta alcanzar 2 mil policías, un crecimiento que implicó no sólo reclutar personal, sino también formar, certificar, equipar y establecer una estructura capaz de ofrecer continuidad a esos nuevos elementos.

El incremento modificó las posibilidades de despliegue. Una fuerza más grande permite mantener presencia en más municipios, cubrir turnos, establecer unidades especializadas y responder a incidentes sin retirar permanentemente agentes de otras zonas. Pero la cantidad no garantiza por sí sola una mejor policía. La preparación y las condiciones en las que trabajan los elementos determinan qué tan eficaz puede ser esa ampliación.

“Y lo tienes que fortalecer con capital humano y con recursos materiales. Hoy, Sonora tiene 2 mil policías estatales. Y aumentar ese número de policías en poco menos de cinco años no es una tarea fácil”, explica el secretario. El crecimiento, en ese sentido, fue acompañado por una apuesta por la profesionalización, con la Universidad de la Seguridad Pública como uno de los principales instrumentos institucionales.

Inteligencia, tecnología y control fronterizo: la estabilidad en Sonora

La intención es que la carrera policial deje de ser vista como una ocupación temporal y se convierta en una profesión con posibilidades de desarrollo. La institución ofrece formación inicial y programas académicos que incluyen diplomados, licenciaturas, maestrías y un doctorado en seguridad. La apuesta es que un agente pueda comenzar su carrera con una preparación básica y continuar especializándose durante su trayectoria.

“En localidades de la sierra, algunas de las más alejadas, donde en su vida habían visto una unidad o un elemento, hoy conocen la existencia de la policía, conocen que es una institución capacitada, profesionalizada, equipada, y entonces esa cercanía con la ciudadanía los hace voltear a ver a la policía estatal como una carrera a la cual entregar su vida”, relata Martínez Navarrete.

Ese cambio tiene una dimensión institucional. La presencia de un policía no sólo busca inhibir delitos; también pretende generar un vínculo entre la comunidad y la autoridad. En zonas donde durante años la presencia estatal pudo ser limitada, contar con elementos reconocibles y capacitados puede modificar la percepción sobre la institución y facilitar la comunicación con los habitantes.

Disciplina, formación y servicio

Martínez Navarrete llegó a la seguridad estatal después de una trayectoria de 25 años en la Secretaría de Marina. Ingresó a esa institución a los 15 años, se formó como ingeniero en Ciencias Navales, Cuerpo General, y desarrolló funciones operativas y administrativas, además de desempeñarse a bordo de unidades de superficie. En 2018 fue comisionado para integrarse al equipo de seguridad de Alfonso Durazo, entonces secretario de Seguridad y Protección Ciudadana federal, y posteriormente continuó en Sonora.

Su experiencia explica parte de la importancia que concede a la disciplina, aunque establece una diferencia entre la formación de una institución militar y la de una policía civil. El objetivo, dice, no es trasladar mecánicamente un modelo, sino inculcar principios de servicio y responsabilidad.

“El servicio de la seguridad es una carrera que exige doctrina, que exige disciplina, y, si bien es cierto que no es la intención trasladar exactamente esa disciplina naval o militar a los policías, sí es fundamental formarles desde la universidad en ese periodo de seis meses que dura la formación inicial”, sostiene.

La intención es que los valores no se reduzcan a una lista aprendida durante el curso de formación. “Todo el tiempo, al igual que en el Ejército y la Marina, no se trata de recitarles valores, sino de inculcarles que la convicción de servicio que los llevó a levantar la mano y querer formar parte de la policía estatal sea la misma que los lleve a adoptarlos y aplicarlos en el quehacer diario”, explica.

Para el secretario, esa formación debe traducirse en una relación concreta con la población. “Que tengan siempre presente que la policía estatal se debe a la ciudadanía. Y no hay nada más noble al terminar la jornada laboral que regresar con la satisfacción de haber servido y de haber cumplido la tarea asignada”, afirma.

La idea de servicio se convierte así en una parte de la estrategia de seguridad. La institución no sólo necesita agentes capaces de reaccionar frente a un delito, sino policías capaces de establecer relaciones con la comunidad, comprender el territorio y responder a situaciones que no siempre aparecen en los manuales de operación.

El policía que debe saber hacer más

La transformación de la delincuencia también obligó a modificar el perfil de los policías. Los delitos actuales pueden combinar violencia, tecnología, movilidad financiera, comunicaciones digitales y redes que cruzan distintas jurisdicciones. Un agente que sólo conozca las funciones preventivas puede encontrarse con una situación que requiere capacidades de investigación, análisis o intervención especializada.

Por eso, la nueva estructura estatal contempla distintas áreas de trabajo, entre ellas investigación e inteligencia, reacción y operaciones especiales, seguridad en carreteras, servicios médicos y atención a la extorsión, además de prevención y proximidad. La intención es que esas capacidades no funcionen como compartimentos aislados, sino que puedan complementarse.

“Un policía ideal para el Estado de Sonora debe integrar conocimiento, capacidad y aptitudes de todas esas tareas, porque estar en la calle al servicio de los ciudadanos no te limita a una tarea específica en la que tendrás que actuar u operar. Es decir, tú no eres policía preventivo nada más, eres policía de investigación”, sostiene Martínez Navarrete.

El planteamiento supone una modificación en la formación policial. El agente necesita entender cuándo una situación requiere preservar información, cuándo debe solicitar apoyo, cómo utilizar las herramientas tecnológicas disponibles y cómo mantener contacto con la población. La capacitación deja de ser un momento inicial y se convierte en un proceso que debe continuar durante la carrera.

El desafío se vuelve mayor a medida que aparecen delitos que no existían o que adquirieron nuevas modalidades. El secretario pone como ejemplo la ciberseguridad y el uso de inteligencia artificial, tecnologías que ya forman parte del entorno delictivo y que también deben incorporarse a las capacidades de las instituciones.

“Hoy vemos delitos que antes no existían en el ámbito de la ciberseguridad, por ejemplo. Hoy la inteligencia artificial ya es parte también de la estrategia de seguridad, no solamente en el Estado, sino a nivel nacional, incluso mundial”, explica.

La respuesta, en su visión, exige personal especializado y herramientas que permitan detectar las nuevas modalidades. “Las dinámicas delictivas también hacen uso de ellas, y nosotros debemos contar con herramientas y personal capacitado para analizar esos fenómenos y las modalidades mediante las cuales la delincuencia organizada utiliza esas herramientas, adelantarnos a ellos, prevenirlos y, en su caso, contenerlos”, señala.

Tecnología para cubrir un territorio enorme

La dimensión de Sonora hace imposible pensar que el crecimiento de la fuerza policial pueda resolver por sí solo el problema de cobertura. La tecnología aparece como un multiplicador de las capacidades humanas. El Estado cuenta actualmente con más de 2 mil 500 cámaras distribuidas en los 72 municipios, 25 arcos carreteros y drones de distintas capacidades.

La infraestructura forma parte de una cadena que comienza con la vigilancia y termina en la toma de decisiones. Una cámara puede detectar un movimiento o registrar un vehículo, pero el verdadero valor aparece cuando esa información llega a los equipos que analizan los datos y pueden determinar si existe un patrón que requiera modificar el despliegue.

“La tecnología es una herramienta fundamental en el quehacer diario de la seguridad, porque te permite el monitoreo, te permite la detección, y te permite trasladar esa recopilación de información a las mesas de análisis”, explica Martínez Navarrete.

Inteligencia, tecnología y control fronterizo: la estabilidad en Sonora

En el C5, esa información se procesa para generar productos de inteligencia que permiten identificar zonas, horarios y modalidades. “Esos productos de análisis que se generan, nosotros los utilizamos para definir qué tipo de despliegue, qué tipo de presencia, horarios, en qué lugares, qué modalidades, qué tipo de comercio, qué tipo de ciudadanos, en qué colonia”, detalla.

La diferencia entre vigilar y utilizar inteligencia está precisamente en ese paso. La vigilancia produce información; el análisis permite encontrar relaciones. Una zona que registra determinados delitos a ciertas horas puede requerir un patrullaje distinto. Una serie de vehículos con características similares puede activar una alerta. Un cambio en la frecuencia de determinados incidentes puede obligar a redistribuir recursos.

Por eso la tecnología no se considera un proyecto que pueda darse por concluido con la instalación de equipos. Debe mantenerse actualizada y explotarse de manera constante. “Entonces, las tecnologías son una herramienta que tenemos que tener explotadas de manera permanente”, afirma el secretario.

La estrategia combina así tres elementos que se necesitan mutuamente: policías para actuar, tecnología para ampliar la vigilancia e inteligencia para decidir dónde y cómo utilizar los recursos.

Una frontera que exige presencia permanente

La frontera sonorense concentra buena parte de los desafíos que explican la necesidad de un modelo diferenciado. Los 588 kilómetros que el estado comparte con Estados Unidos son una zona de enorme importancia económica y social, pero también un espacio donde convergen tráfico de sustancias y armas, movilidad migratoria y otras actividades ilícitas.

Para atender esa dinámica, Sonora creó la División de Operaciones Fronterizas, una estructura especializada que tiene presencia en cinco puntos: San Luis Río Colorado, Sonoyta, Sásabe, Nogales y Agua Prieta. La división busca mantener capacidad de vigilancia y respuesta a lo largo de los principales corredores fronterizos.

“Es mantener un esfuerzo de la seguridad estatal de manera permanente para atender las problemáticas que se viven en la frontera”, explica Martínez Navarrete. Entre esas problemáticas menciona el tráfico de sustancias ilícitas, el tráfico de armas y las situaciones migratorias, pero aclara que la responsabilidad también comprende actividades legales que sostienen buena parte de la dinámica fronteriza.

“Pero también atender el flujo comercial y el flujo turístico”, agrega.

La distinción es importante porque la frontera no puede abordarse únicamente desde la perspectiva del delito. Miles de personas cruzan diariamente por motivos laborales, familiares, comerciales o turísticos. Las mercancías se trasladan entre ambos países y las ciudades fronterizas mantienen una relación económica permanente. La seguridad debe proteger esa movilidad sin perder capacidad para detectar actividades ilícitas.

Por ello, la División de Operaciones Fronterizas tiene como tarea “mantener presencia, recorridos, atención, proximidad en esa franja fronteriza”.

La estrategia busca que la autoridad no dependa exclusivamente de la información que llega desde los centros de monitoreo. En la frontera, el conocimiento territorial es especialmente importante porque las rutas y las condiciones cambian con rapidez. Un elemento que conoce la zona puede identificar situaciones que difícilmente aparecerían en una pantalla.

Carreteras bajo vigilancia

La extensión de Sonora también convierte a las carreteras en un componente central de la estrategia. Las principales rutas conectan las ciudades, permiten el movimiento de mercancías y articulan la actividad económica con la frontera. La responsabilidad federal sobre las carreteras corresponde a la Guardia Nacional, pero el gobierno estatal mantiene presencia en corredores considerados estratégicos.

“Independientemente de que la facultad sea de la Guardia Nacional, nosotros como Estado mantenemos una presencia permanente en los principales corredores con la finalidad de estar siempre listos para atender alguna eventualidad ciudadana”, explica Martínez Navarrete.

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La vigilancia carretera se apoya además en los arcos tecnológicos. Estos sistemas pueden generar alertas relacionadas con vehículos con características que ameriten una revisión. “Te permiten detectar un vehículo sospechoso con placas sobrepuestas, con reporte de robo, etc.”, señala.

La tecnología, en ese escenario, permite reducir el tamaño de un problema territorial. En lugar de intentar colocar una patrulla en cada tramo de carretera, los sistemas de monitoreo pueden identificar vehículos o situaciones que requieren una intervención específica. La presencia física de los agentes permite responder a esas alertas.

La combinación es relevante en un Estado donde las distancias pueden convertirse en un obstáculo para la reacción. El objetivo no es sustituir el patrullaje, sino hacer que los recursos humanos disponibles se utilicen de manera más eficiente.

Una estrategia que también busca confianza

El fortalecimiento de la Policía Estatal tiene otra consecuencia que no puede medirse sólo en términos de número de elementos: la posibilidad de recuperar la confianza ciudadana. Martínez Navarrete considera que Sonora ha avanzado en la percepción de confianza hacia sus instituciones y relaciona ese resultado con la profesionalización y el crecimiento de las corporaciones.

“Sonora ha avanzado, ha crecido porcentualmente en la percepción de confianza en sus instituciones”, afirma. El secretario destaca en particular el fortalecimiento de la Policía Estatal y de la Agencia Judicial de Investigación Criminal, instituciones que, en su opinión, han incrementado sus capacidades.

“Hoy Sonora tiene una policía estatal y una agencia judicial de investigación criminal que ha crecido, que se ha capacitado, que se ha profesionalizado, que se ha dignificado”, sostiene.

La confianza, sin embargo, no puede imponerse. Se construye a partir de experiencias. Una persona que recibe una respuesta rápida puede modificar su percepción; una comunidad que observa presencia permanente puede desarrollar mayor confianza; un comerciante que encuentra atención ante una extorsión puede considerar que denunciar tiene sentido.

Por eso la proximidad forma parte de la estrategia. La policía necesita estar cerca de la población no sólo para reaccionar, sino para conocerla. La información que surge de esa relación también puede convertirse en una herramienta preventiva.

El liderazgo como factor de coordinación

El secretario atribuye una parte importante de los resultados a la participación directa del gobernador Alfonso Durazo en la Mesa de Seguridad. Martínez Navarrete trabaja con él desde 2018, cuando formó parte de su equipo de seguridad durante su etapa federal y posteriormente continuó en Sonora..

Para el funcionario, el liderazgo del gobernador permite que la seguridad permanezca como una prioridad cotidiana y que las instituciones mantengan coordinación. “Él atiende de manera personal todos los días la mesa, y es ese liderazgo el que nos ha permitido ir estructurando y echando a andar las diferentes acciones que dan resultados”, señala.

La coordinación es particularmente relevante en un Estado con 72 municipios. Las policías municipales tienen capacidades distintas, las regiones enfrentan problemas diferentes y las instituciones federales tienen atribuciones específicas. Una operación puede requerir la participación simultánea de corporaciones de los tres órdenes de gobierno.

“Los 72 municipios y la diversidad cultural de cada una de sus regiones obligan a tener un conocimiento, un acercamiento y una comunicación más estrecha con los municipios”, explica Martínez Navarrete. La coordinación, añade, se ha construido de manera progresiva entre las fuerzas federales, estatales y municipales.

La importancia de esa relación aumenta cuando se trata de fenómenos que cruzan límites territoriales. Una investigación no termina necesariamente donde termina un municipio. Una ruta utilizada por organizaciones criminales puede atravesar varias regiones. Un vehículo detectado en una carretera puede estar relacionado con una investigación iniciada en otra ciudad. El intercambio de información se vuelve entonces indispensable.

Seguridad y desarrollo económico

La política de seguridad también está vinculada con la estrategia económica del Estado. Sonora busca atraer inversiones y aprovechar su posición fronteriza, su actividad industrial, su infraestructura y sus sectores productivos. Pero la inversión necesita condiciones de certeza.

El gobernador Alfonso Durazo ha planteado esa relación de manera directa y Martínez Navarrete retoma esa visión: “Si no hay certeza, no hay inversión. Si no hay inversión, no hay crecimiento. Si no hay crecimiento, no hay bienestar para Sonora”.

La seguridad, bajo esa perspectiva, deja de ser únicamente una política destinada a reducir delitos. También forma parte de las condiciones que permiten desarrollar actividades económicas. Una carretera segura facilita el traslado de mercancías. Una frontera con vigilancia puede ofrecer mayor confianza a quienes cruzan. Una ciudad con mejores condiciones de seguridad puede resultar más atractiva para empresas y visitantes.

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El vínculo funciona también en sentido contrario. El crecimiento económico genera empleos, movilidad y oportunidades que pueden contribuir a mejorar las condiciones sociales. Por ello, la estrategia estatal busca que seguridad y desarrollo no funcionen como políticas separadas.

Una transformación que no empezó con un solo funcionario

Martínez Navarrete lleva poco más de un año al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, pero evita atribuir exclusivamente a su gestión los cambios registrados en los últimos cinco años. Su explicación coloca el énfasis en la continuidad institucional.

“Yo creo que hoy, en este casi quinto año de la presente administración, más que hablar de manera personal del tiempo que yo llevo en la Secretaría, porque yo recibo un trabajo andado”, explica.

El secretario reconoce el trabajo de quienes ocuparon antes el cargo y sostiene que recibió bases que permitieron avanzar en el crecimiento de la Policía Estatal, la infraestructura y la formación. “Hubo dos titulares que me antecedieron, a quienes les tocó instrumentar las bases que hoy me permiten contar con una policía con mayor estado de fuerza y equipamiento, así como con una universidad ya consolidada, que próximamente será un instituto, ya con áreas creadas, y a mí me ha tocado dar los siguientes pasos”, afirma.

La continuidad es uno de los aspectos más relevantes de cualquier política de seguridad. Formar policías toma tiempo. Construir una institución académica requiere años. Instalar y mantener una red tecnológica supone inversiones constantes. Generar inteligencia depende de acumular información y experiencia. Ninguno de esos procesos puede reiniciarse cada vez que cambia un funcionario.

Por eso Martínez Navarrete plantea una meta que trasciende el calendario de la actual administración. “Buscamos que, al cierre de esta administración, se cumplan los objetivos planteados, pero, sobre todo, que exista continuidad también, porque los proyectos o planes de seguridad no pueden ser únicamente una temporalidad definida. Deben ser proyectos a largo plazo”, sostiene.

Lo que viene después de la reducción

La reducción del homicidio doloso ofrece un punto de referencia favorable para Sonora, pero también plantea un nuevo desafío: evitar que los avances sean reversibles. La disminución de 68.3% en el promedio diario de homicidios dolosos entre 2021 y julio de 2026 representa un cambio importante, pero no significa que la violencia haya dejado de ser un problema.

Los grupos criminales modifican sus métodos, cambian sus rutas y aprovechan nuevas tecnologías. La delincuencia también aprende. Esa dinámica obliga a las instituciones a mantener una capacidad permanente de adaptación.

El secretario insiste por ello en la evaluación y la corrección. Una estrategia que funciona en una región puede no tener el mismo resultado en otra. Una herramienta tecnológica que resulta útil hoy puede necesitar una actualización mañana. Un delito que pierde fuerza puede ser sustituido por otro. La seguridad exige observar esos cambios y responder antes de que se conviertan en tendencias consolidadas.

La reducción del homicidio doloso modificó el punto de partida de Sonora, pero el propio secretario evita presentarla como una meta cumplida. “Ese resultado no es decir un éxito total, al contrario, nos hace voltear a ver en dónde corregir y hacia dónde marchar”, sostiene.

La frase resume el desafío que queda por delante. Después de reducir de manera importante la violencia letal, la tarea consiste en sostener esa tendencia sin descuidar los delitos que pueden ganar terreno y sin perder de vista la percepción ciudadana. La seguridad necesita resultados medibles, pero también instituciones que puedan explicar cómo los obtuvieron y qué harán cuando las condiciones cambien.

La estrategia estatal apuesta por mantener esa capacidad mediante una combinación de presencia territorial, profesionalización, tecnología, inteligencia y coordinación. Ningún componente es suficiente por sí solo. La Policía Estatal requiere más elementos, pero también mejores policías. La tecnología necesita actualización, pero también operadores. La inteligencia necesita datos, pero también capacidad para interpretarlos. La coordinación requiere reuniones, pero sobre todo decisiones compartidas.

En ese sentido, la apuesta de Sonora no consiste solamente en tener una policía más numerosa. Busca construir una institución capaz de leer el territorio y adaptar sus recursos a lo que ocurre en él. El crecimiento de la fuerza policial, la expansión de la infraestructura tecnológica y la creación de unidades especializadas son piezas de una misma estrategia.

Martínez Navarrete resume esa visión al hablar de lo que significa asumir la seguridad como una responsabilidad de Estado: “Cuando la seguridad pública de una entidad se asume con liderazgo, atendiendo las necesidades de recursos económicos y humanos y trabajando bajo el eje de la coordinación entre los tres órdenes de gobierno, el resultado siempre va a ser que la ciudadanía confíe en sus instituciones, que la ciudadanía se sienta segura, que pueda trabajar, pueda vivir y pueda sentirse en un ambiente de seguridad”.

Al final, el secretario vincula su formación con la responsabilidad que hoy tiene al frente de una corporación civil: “Destacar que no hay día que no lleve en el corazón los principios del honor, el deber, la lealtad y el patriotismo con los que me formó una institución puesta al servicio, hoy desde una institución de seguridad pública”.

La frase también devuelve el relato a su punto de partida: la seguridad no se construye únicamente con patrullas, cámaras o estadísticas. Requiere personas, instituciones y continuidad. Sonora ha aumentado su capacidad de respuesta y ha modificado sus indicadores en los últimos cinco años. Ahora enfrenta el reto más complejo de cualquier estrategia de seguridad: demostrar que esos avances pueden permanecer cuando cambien las circunstancias, los funcionarios y las amenazas. Y, como dice la frase institucional utilizada por el actual gobierno, convertir a Sonora en “tierra de oportunidades.”

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