A partir del criterio probado en los hechos de que la oferta de droga por parte de los diferentes cárteles criminales está determinado por la demanda de los consumidores americanos, es la hora en que no hay ninguna voluntad de Estados Unidos para replantear la estructura de su aparato antinarcóticos en función de nuevos entendimientos con los países donde operan los productores y exportadores de drogas.
Mientras no existan políticas integrales para combatir la corrupción fronteriza que permite el contrabando de drogas, ni se aprueben programas oficiales para combatir el consumo de productos ilegales que afectan la salud, ni se acepte una corresponsabilidad que debe reconocer culpabilidades propias del estilo social estadounidense, las organizaciones criminales que se dedican a la producción e internación de drogas al territorio americano seguirán operando con tranquilidad.
Estados Unidos se conformó con la subordinación de la estrategia mexicana antidrogas a través del Plan Mérida, pero nunca hubo una intención estadounidense para buscar la corresponsabilidad en organizar fuerzas de seguridad y sólo se conformó con entregar dinero a México.
La estrategia geopolítica antidrogas de la Casa Blanca no ha podido salirse del estrecho margen de maniobra de la unidireccionalidad, conformándose sólo con lograr el reconocimiento de agentes americanos de campo dentro del territorio mexicano. De manera condescendiente, la estrategia bilateral de drogas de Washington se redujo a entregarle a México infraestructura tecnológica obsoleta, helicópteros fuera de circulación y cursos de capacitación superficiales. Las relaciones bilaterales del 2000 al 2024 entre la DEA y México han estado marcadas por la desconfianza y el resentimiento.
La dimensión del problema de la droga ha obligado a Estados Unidos a replantear su estrategia operativa y sobre todo ha reconocer que el aparato autónomo del Departamento de Justicia y la relación bilateral gestionada por la Casa Blanca no tendrán resultados positivos mientras se siga definiendo el consumo de drogas en función del american way of life.
El alto grado de permisividad en el consumo estadounidense de las diferentes drogas necesitará de suministro directo o clandestino por parte de organizaciones criminales fuera de EU. Es decir, mientras haya consumo de los adictos americanos existirán cárteles del narcotráfico para satisfacer esa demanda.





