La figura de Donald Trump se pueda analizar respondiendo al dilema sobre su personalidad: ¿es una anomalía histórica en los liderazgos republicanos o representa un hecho histórico producto de las contradicciones ideológicas y sociales dentro del conservadurismo estadounidense? La respuesta es la segunda: Trump representa una de las fases de reorganización ideológica, social, moral y de liderazgo en el conservadurismo de Estados Unidos.
Trump le dio una lectura estratégica al papel que había venido jugando el sector conservador de los republicanos en la vida política estadounidense: agenda limitada de derechos sociales, cuestionamiento contra los impuestos, militarismo geopolítico y un acomodamiento ideológico que se quiso vender después de Reagan como “neoconservadurismo”, es decir una convivencia y entendimiento con los liberales-progresistas demócratas.
Trump sorprendió por una recomposición ideológica entre los republicanos, habiendo nacido a la política desde el lado demócrata. Se encontró en 2016 con los primeros indicios de la preocupación estadounidense por la llegada de migrantes en masa huyendo de las realidades de países fuera de la frontera americana e irrumpiendo sin cumplir con los procedimientos migratorio.
En este contexto, Trump le encontró una explicación racial –deleznable, pero válida en la lógica del aislamiento de la clase media estadounidense porque los migrantes amenazaban su confort– y aprovechó el tropiezo del presidente mexicano Enrique Peña Nieto de invitarlo a México para que conociera la realidad, aunque Trump llegó a imponer con violencia verbal su pensamiento y borró del mapa al mandatario mexicano.
La pandemia y la crisis de seguridad en países fuera de Estados Unidos le dieron a Trump las razones para escalar la violencia verbal de su discurso por la llegada arbitraria de solicitantes de asilo en millones y la incapacidad del Gobierno para proteger las fronteras. El gobierno de Biden está reventando sus posibilidades de una salida honrosa del poder y sólo un discurso de temor anti-Trump pudiera darle la oportunidad de una ligera ventaja electoral.
Trump representa la corriente histórica de los puritanos ingleses que llegaron a América a fundar las Trece Colonias huyendo del desorden y liberal en Europa, sobre todo ingleses y alemanes, y ya en la segunda mitad del siglo XIX comenzó la oleada imperial de creación de un territorio para dominar el mundo. Es decir, que la lógica imperial de EU es el sustento de la propuesta de Trump.
En este contexto, Trump es un sujeto histórico de las contradicciones internas de EU.





