El 1 de marzo de 1854, es decir, hace 170 años, se proclamó en la ciudad de Ayutla, Guerrero, un acuerdo liderado por Florencio Villarreal cuyo objetivo era derrocar definitivamente a Antonio López de Santa Anna como presidente de México, quien había llevado esta última gestión al extremo, haciéndose llamar ‘Su Alteza Serenísima’, luego de ocupar la Presidencia en 11 ocasiones.
Dicho plan, pasó a la historia como el Plan de Ayutla, por el lugar donde fue firmado y desde donde inició el hecho armado que finalmente logró deponer definitivamente al caudillo veracruzano, dando paso al surgimiento de una nueva generación de políticos (liberales y conservadores), que protagonizaron los siguientes 20 años, con la proclamación de la Constitución de 1857, la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y la República Restaurada.
De hecho, el Plan de Ayutla, redactado en la Hacienda ‘La Providencia’, fue firmado por el viejo general independentista, Juan Álvarez; Ignacio Comonfort, Trinidad Gómez, Diego Álvarez, Tomás Moreno y Rafael Benavides y a su triunfo, se convirtió en el soporte ideológico sobre el que se redactó la nueva Constitución.
Este nuevo modelo de país buscaba reducir el poder que detentaba el presidente en turno, como figura carismática que tenía poder ilimitado y cuyas decisiones normalmente tenían al país sumido en una profunda crisis económica y política, que ya le había costado perder la mitad de su territorio en la Guerra contra Estados Unidos de 1847-1848. Santa Anna representaba este híper presidencialismo, y el nuevo modelo liberal buscaba repartir el poder para fortalecer la institucionalidad de la República.
El declive de la hegemonía de Santa Anna
Santa Anna estaba rodeado de grupos de poder, tanto en política, como de las clases acomodadas, nacionales y extranjeras, por lo que le daban apoyo para asumir la Presidencia a cambio de una corrupción fuera de control, favoritismo y autoritarismo. En su borrachera de poder, las crónicas de la fecha narran que el caudillo tenía toda una corte a su servicio, pese a que las finanzas públicas estaban quebradas y para sostenerse, creó impuestos por cada puerta y cada ventana de las casas.
Además, accedió a la venta del territorio conocido como ‘La Mesilla’ en diciembre de 1853 a cambio de 10 millones de dólares, que significaron perder otros de 76.845 km2, aunque evitaron una nueva invasión estadounidense. Y, por si fuera poco, comenzó una persecución contra sus opositores, provocando que gente como Benito Juárez y Melchor Ocampo tuvieran que exiliarse en Estados Unidos, donde se conocieron y diseñaron parte de las Leyes de Reforma.
Así, el surgimiento de la Revolución de Ayutla, encabezado por el joven militar, Florencio Villarreal, joven militar, se fortaleció con el apoyo del general Juan N. Álvarez, e incluso Ignacio Comonfort, antiguo aliado de Santa Anna. El propio Comonfort modificó el plan el 10 de marzo y, además de exigir la destitución de Santa Anna, planteaba:
- Las causas del levantamiento armado: derrocar a Santa Anna como amenaza a la democracia; la pérdida territorial ocurrida durante sus diferentes gestiones y la falta de garantías civiles y políticas, pues todas las decisiones eran tomadas por el presidente, saltándose la ley.
- Los compromisos que ofrecían los revolucionarios, al triunfo de su movimiento: realizar una lucha hasta las últimas consecuencias para deponer al tirano y transformar su dictadura en un sistema republicano, con un plazo de 15 días.
Al plan se unieron poblaciones de prácticamente todo el actual estado de Guerrero, seguidos por los de Michoacán. Posteriormente, se nombró un representante por cada estado y territorio, para que, al triunfo del movimiento, pudieran votar por un presidente interino.
En octubre de 1855, el plan triunfó, enviando a Santa Anna al destierro y comenzó la organización de la nueva República., Juan N. Álvarez asumió la presidencia interina, integrando en su gabinete a Ignacio Comonfort (Ministerio de Guerra), Melchor Ocampo (Relaciones Exteriores), Guillermo Prieto (Hacienda) y Benito Juárez (Justicia), dando paso a una nueva etapa en la historia del país.
Mientras que Santa Anna tuvo que vivir en el exilio en Cuba, EEUU, Colombia, y la isla de Santo Tomás en las Islas Vírgenes. Pudo volver a México, en 1874 y murió en 1876.





