Policía Militar: disciplina, control y protección

Policía Militar: disciplina, control y protección

Más allá de custodiar instalaciones y preservar la disciplina, la Policía Militar desarrolló una identidad propia dentro del Ejército Mexicano. Su formación combina adiestramiento, control, capacidad de reacción y uso gradual de la fuerza. Detrás de su escudo, su lema y sus símbolos existe una doctrina que busca preparar al militar para una tarea particularmente compleja: mantener el orden dentro de una institución construida sobre el orden.

En el Centro de Adiestramiento de Policía Militar, que visitó CAMPO MARTE, un grupo de elementos practica una de las tareas que forman parte de su preparación especializada. Frente a ellos no hay fusiles. En sus manos llevan el bastón policial PR-24, un instrumento utilizado durante la instrucción para aprender técnicas de defensa, bloqueo, sujeción y control físico.

Los movimientos se suceden de manera ordenada. Adoptar la posición, mantener la distancia, bloquear una agresión, desplazarse y controlar al adversario. Después, repetir. Una vez más. Y otra. El ejercicio no busca solamente perfeccionar una técnica, sino preparar al elemento para tomar decisiones cuando el tiempo es escaso y la presión aumenta.

El nombre del instrumento tiene una explicación sencilla: es un bastón policial de 24 pulgadas. Sin embargo, su importancia dentro del adiestramiento no radica en sus dimensiones, sino en lo que permite enseñar: disponer de alternativas para controlar una situación y evitar, cuando las circunstancias lo permitan, escalar hacia el empleo de la fuerza letal.

“Siempre la intención nunca es atacar o agredir, sino responder a una agresión y poder controlar a la persona procurando siempre causar el menor daño posible”, explica uno de los instructores durante la demostración.

Para conseguirlo, la repetición es fundamental. Las jornadas de práctica descritas durante el adiestramiento se extienden de las 8:00 de la mañana a las 6:00 de la tarde. La repetición forma parte esencial del aprendizaje.

La escena permite asomarse a una especialidad que muchas veces se identifica solamente por un casco, un brazalete, las letras PM o por los elementos que controlan el acceso a una instalación castrense.

Pero la Policía Militar es mucho más que una guardia en la entrada de un cuartel.

Su razón de ser está vinculada con una responsabilidad particular: preservar la disciplina dentro de la institución militar.

Policía Militar: disciplina, control y protección

El orden dentro del orden

La presencia de la Policía Militar se extiende a diferentes espacios donde se desarrolla la vida castrense. Campos y cuarteles, hospitales, escuelas, prisiones militares y otras instalaciones forman parte de su ámbito cotidiano.

La Sargento Segundo Policía Militar Vanessa del Socorro de Lara Martínez lo explica desde el propio Centro de Adiestramiento:

“Dentro del Ejército Mexicano lo podemos encontrar en instalaciones como es el Campo Militar número uno, en los hospitales, en las escuelas e igual en las prisiones militares, que nuestra función principal es salvaguardar las instalaciones y procurar que se cumplan las órdenes giradas por el alto mando”.

Su trabajo, por tanto, no comienza cuando ocurre una alteración del orden. Una parte importante se desarrolla antes: vigilar, prevenir, controlar accesos, proteger instalaciones y mantener las condiciones necesarias para que otras unidades cumplan sus misiones.

La legislación militar permite dimensionar la amplitud de esas responsabilidades. Entre las funciones de la Policía Militar se encuentran la custodia y protección de cuarteles generales e instalaciones, la regulación del tránsito de vehículos y personas, la vigilancia de prisiones militares, procesados y sentenciados, así como la prevención del espionaje, sabotaje y otras actividades que amenacen la seguridad militar.

En situaciones de emergencia también puede recibir la misión de proteger personas y propiedad pública y prevenir actos de pillaje o saqueo.

En la práctica, sus integrantes realizan funciones de control de tránsito militar, protección de funcionarios y mantenimiento del orden y la disciplina dentro de instalaciones castrenses, tareas que forman parte de la segunda fase de su adiestramiento especializado.

Su misión ayuda a explicar por qué la Policía Militar posee una identidad propia dentro del Ejército. No pertenece a una de las armas tradicionales. Su función está vinculada con el funcionamiento cotidiano de la institución y con la necesidad de que las disposiciones militares se cumplan aun en circunstancias de presión.

Por ello, detrás del elemento que vigila una puerta existe una preparación que puede llevarlo también a controlar una alteración del orden, proteger una instalación o actuar frente a una agresión.

Una estructura que se transformó

La dimensión de la Policía Militar tampoco puede medirse únicamente por los elementos que se observan en los accesos de las instalaciones.

La propia organización del Ejército permite entender su alcance. La Ley Orgánica establece que el Cuerpo de Policía Militar puede organizarse en escuadras, pelotones, secciones, compañías y batallones y, cuando las necesidades lo requieren, en brigadas.

Esa estructura alcanzó durante las últimas décadas una dimensión considerable y terminó desempeñando un papel fundamental en una de las mayores transformaciones recientes de las Fuerzas Armadas mexicanas: la creación de la Guardia Nacional.

Cuando en 2019 comenzó la organización de la nueva institución de seguridad pública federal, la Secretaría de la Defensa puso a su disposición 12 Brigadas de Policía Militar, con su personal, material, armamento, vehículos y equipo, además de infraestructura, sistemas, procedimientos y mandos provenientes del Ejército.

La magnitud de aquella aportación se aprecia mejor al observar cómo estaban constituidas esas unidades. Documentos oficiales de Defensa sobre la integración de la Guardia Nacional señalan que el esquema contempló 12 Brigadas de Policía Militar, 36 Batallones de Policía Militar y 12 Batallones de Operaciones Especiales.

En 2026, durante la ceremonia por el séptimo aniversario de la Guardia Nacional, la propia Secretaría recordó esa transferencia como una de las bases utilizadas para organizar, reclutar, capacitar, profesionalizar, equipar y desplegar a la nueva fuerza.

La transferencia de esas brigadas, sin embargo, no significó la desaparición de la Policía Militar dentro del Ejército.

La estructura continuó adaptándose a sus funciones institucionales. Actualmente existen seis Batallones de Servicios Especiales de Policía Militar, dato que coincide con lo explicado durante la visita de CAMPO MARTE al Centro de Adiestramiento.

Cuatro tienen sede en la Ciudad de México: el 1/er. Batallón, en Lomas de Sotelo; el 2/o. y el 4/o., en el Campo Militar No. 1-A, y el 6/o., en el Campo Militar No. 1-C, en Tlalpan. El 3/er. Batallón se localiza en Santa Lucía, Estado de México, mientras que el 5/o. se encuentra en Oriental, Puebla.

El 6/o. Batallón es una unidad de reciente creación. Defensa documenta que pasó revista de entrada el 16 de febrero de 2023, como parte de la creación y reorganización de organismos para atender nuevas necesidades operativas y mantener presencia militar en el territorio nacional.

De esta manera, la Policía Militar que hoy permanece dentro del Ejército conserva una estructura especializada y una misión propia, aunque una parte importante de las unidades que desarrolló durante décadas haya servido también como base para construir otra institución.

Su historia, por ello, no puede entenderse únicamente como una sucesión de guardias, batallones o brigadas. También es una historia de adaptación.

1948, el origen de una identidad

La historia institucional de la Policía Militar tiene en 1948 uno de sus principales referentes.

No es una fecha escondida en un archivo. Está colocada en la parte inferior de su propio escudo.

El material de heráldica y mística proporcionado a CAMPO MARTE identifica 1948 como el año en que se publicó el decreto mediante el cual fue creado el Cuerpo Especial de Policía Militar. Esa fecha quedó incorporada al emblema como parte de la memoria del servicio.

Desde entonces, la Policía Militar ha evolucionado junto con el Ejército Mexicano.

La formación de sus integrantes se profesionalizó, sus funciones se especializaron y su presencia se extendió dentro de la estructura castrense. Con el paso del tiempo también se abrieron nuevas rutas educativas para sus oficiales.

Actualmente, el Heroico Colegio Militar tiene entre sus finalidades formar subtenientes mujeres y hombres del Servicio de Policía Militar, además de oficiales de las armas y del Servicio de Intendencia. Defensa señala que su preparación incluye conocimientos teóricos y prácticos orientados al ejercicio del mando.

Esa evolución institucional también puede entenderse a través de uno de sus principales símbolos: el escudo.

Un escudo que resume una doctrina

En la vida militar, un escudo no es solamente una identificación gráfica.

Sus colores, armas, figuras y palabras hablan de origen, pertenencia, valores y misión. En el caso de la Policía Militar, su heráldica reúne buena parte de esos conceptos en una sola imagen.

A primera vista sobresale una cruz de paté en gules, sobre la cual se distribuyen los demás elementos. La explicación institucional proporcionada a CAMPO MARTE relaciona sus cuatro extremos con los puntos cardinales y con los elementos tierra, agua, aire y fuego. El rojo representa la capacidad para actuar con seguridad frente a una situación de crisis, además del sacrificio, la pasión y la entrega esperados de sus integrantes.

Policía Militar: disciplina, control y protección

En el centro aparecen cinco mitles, vinculados con las armas del Ejército y las virtudes de la corporación. Una aljaba representa la capacidad de respuesta, mientras los macahuitles y las espadas de honor remiten a fuerza, justicia, determinación y aplicación de la ley.

El casco verde representa la aplicación de los conocimientos teóricos mediante profesionalismo y esfuerzo continuo durante el adiestramiento. Las cuatro estrellas están vinculadas con el respaldo, la confianza y el mando depositados en los integrantes de la Policía Militar.

Las ramas de encino y laurel rodean una parte del conjunto y, en el centro, permanece el antiguo emblema de la Policía Militar, identificado en la explicación heráldica como el corazón y las raíces históricas del servicio.

Pero alrededor de ese corazón aparecen las palabras que terminan por darle sentido.

Precaución, desconfianza y reacción

“¡Precaución, desconfianza y reacción al servicio de la nación!”, una frase que, lejos de ser un simple lema, dentro de la Policía Militar describe una forma de prepararse frente al entorno.

Precaución significa anticipar.

Desconfianza exige observar y valorar una situación antes de asumir que es segura.

Reacción supone estar preparado para actuar cuando las circunstancias lo demandan.

La explicación heráldica proporcionada para este reportaje asocia esa máxima con una actuación basada en la imparcialidad y despojada de prejuicios.

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Reaccionar sin provocar

Un policía militar debe aprender a reaccionar. Pero también debe aprender a no provocar.

Durante las prácticas con el PR-24, el instructor explica que incluso la postura corporal puede influir en el comportamiento de una persona. Una posición excesivamente agresiva puede aumentar la tensión; una reacción precipitada puede complicar una situación que todavía podía controlarse.

Por eso se enseña al elemento a mantenerse, en palabras del instructor, en una “guardia presta para reaccionar pero sin provocar”.

La frase sintetiza buena parte de la preparación. Estar listo, pero no precipitarse. Mantener distancia, pero observar. Responder, pero conservar el control.

El policía militar no solamente aprende cómo emplear la fuerza. También aprende cuándo contenerla.

Frente a una agresión

El adiestramiento no termina con el bastón policial. Durante las demostraciones también se practican procedimientos frente a agresiones con objetos punzocortantes, armas cortas y armas largas.

En una agresión con un objeto punzocortante, por ejemplo, el primer propósito es alejar la amenaza del cuerpo y disminuir el peligro. Posteriormente se aplican controles y llaves orientados a reducir a la persona.

La misma lógica se emplea durante los ejercicios ante un arma corta.

“Buscamos lo mismo, responder a la agresión, desarmar para eliminar lo que viene siendo el peligro latente y nada más controlar a la persona”, explica el instructor.

Después hace una precisión: “En ningún momento se enseña lo que es generar detonaciones y nada. Nada más lo que buscamos es retirar el arma y asegurar a la persona”.

En los ejercicios con arma larga se practican igualmente liberaciones y desarmes para responder cuando una persona intenta sujetar el arma o utilizarla durante una agresión.

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Pero las técnicas constituyen solamente una parte de la preparación.

Detrás de ellas existe una habilidad menos visible: decidir bajo presión.

Cien veces antes de necesitarlo

Una confrontación real no concede demasiado tiempo para recordar lo aprendido en una clase. De ahí la repetición.

Los movimientos se practican hasta convertirlos en memoria muscular. El cuerpo debe reconocer posiciones, desplazamientos y respuestas, mientras la mente conserva capacidad para evaluar lo que sucede alrededor.

El instructor explica que cada técnica se practica por lo menos 100 veces precisamente para mecanizar correctamente el movimiento. Pero mecanizar no significa actuar sin pensar.

El adiestramiento también busca desarrollar destreza, toma de decisiones y control del estrés.

Una persona puede encontrarse frente al elemento, pero otra amenaza podría aparecer a un costado. Una intervención individual puede transformarse en una situación con varias personas. Una manifestación o una concentración obliga a observar mucho más que aquello que ocurre inmediatamente enfrente.

“Siempre tener una actitud profesional en cargas de estrés, no dejarnos llevar por la situación”, explica el instructor.

Ahí aparece una dimensión distinta de la disciplina. El policía militar no solamente está llamado a contribuir al control de una situación. También debe controlarse a sí mismo.

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Formación para mandar y servir

De acuerdo con la Sargento De Lara, su trayectoria pasó por la Escuela Militar de Sargentos y posteriormente realizó el Curso Avanzado de Policía Militar.

Para los oficiales existe además una ruta profesional dentro del Sistema Educativo Militar.

La Secretaría de la Defensa registra que en 2016 se implementó el Curso de Formación de Oficiales de Policía Militar en el Heroico Colegio Militar. Actualmente, ese plantel forma subtenientes de Policía Militar y ofrece estudios que pueden conducir a las licenciaturas en Administración Militar o Seguridad Pública, según la ruta educativa correspondiente.

La formación tiene un propósito operativo. El Heroico Colegio Militar señala que busca preparar oficiales con conocimientos disciplinarios, intelectuales y físicos que les permitan ejercer el mando, además de desarrollar valores como lealtad, honor, disciplina, patriotismo y honradez.

Para un policía militar, esa preparación adquiere una característica particular.

Puede desempeñarse en una instalación militar, participar en tareas de protección, mantener el orden, regular el tránsito militar o incorporarse a actividades en las que coincidan distintas armas y servicios.

La entrevistada menciona un ejemplo: el Plan DN-III-E. Cuando se aplica, explica, la Policía Militar puede participar en tareas de resguardo de instalaciones mientras otros componentes desarrollan sus respectivas funciones. También señala que pueden coadyuvar con corporaciones civiles dentro del marco que regula su actuación.

Es una tarea que puede pasar inadvertida. Mientras una fuerza se despliega, alguien tiene que contribuir a mantener el orden detrás de ese despliegue.

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Mujeres con el mismo adiestramiento

La historia reciente de la Policía Militar también puede observarse a través de quienes hoy integran sus filas.

Durante décadas, la especialidad estuvo asociada fundamentalmente con personal masculino. Esa realidad comenzó a cambiar.

Defensa registra que en 2009 las mujeres se incorporaron a los Batallones de Policía Militar. Posteriormente, la apertura continuó en el ámbito educativo y profesional.

En 2016 se implementó la formación de oficiales de Policía Militar en el Heroico Colegio Militar y, en agosto de 2018, Defensa informó que una mujer se convirtió en la primera en graduarse del Servicio de Policía Militar en ese plantel.

Hoy, hombres y mujeres comparten ejercicios, instrucción y responsabilidades.

Para la Sargento De Lara, la igualdad se percibe precisamente ahí, en el adiestramiento.

“En el Ejército tenemos las mismas oportunidades que los hombres en cuanto a adiestramiento y en las escuelas podemos participar de igual forma que ellos”, afirma.

Cuando se le pregunta cómo se construye la identidad institucional desde la Policía Militar, introduce otro concepto profundamente castrense: espíritu de cuerpo.

“Apoyarnos unos a otros sin ahora sí diferenciar el género. Trabajamos de igual forma hombres y mujeres”.

La presencia femenina dejó así de ser únicamente una cuestión numérica. Forma parte de la evolución de una especialidad que abrió espacios de formación, mando y desarrollo profesional. Las insignias son las mismas. También las exigencias.

El espíritu de cuerpo

En una institución militar, la pertenencia no se construye únicamente mediante órdenes y reglamentos.

También se forma con experiencias compartidas, símbolos, tradiciones y una idea común de misión.

Los elementos descritos en el escudo adquieren otra dimensión cuando se trasladan a la vida cotidiana de la corporación: pertenencia, identidad y espíritu de cuerpo.

El policía que porta ese emblema no representa únicamente su propia trayectoria. Forma parte de un servicio.

Por eso la entrevistada habla del espíritu de cuerpo como apoyo entre compañeros y pertenencia a una misma institución.

Y cuando la conversación abandona procedimientos, técnicas y adiestramiento para entrar en el terreno personal, su respuesta cambia.

“Es un gran orgullo ser un policía militar y más que nada la satisfacción personal de seguir creciendo dentro del medio militar”.

También encuentra ahí una razón para invitar a otros jóvenes a conocer la carrera militar.

“De verdad es una satisfacción muy grande el ya estar aquí adentro del Ejército. Nos da muchas oportunidades y más que nada el crecimiento personal. Hay varias escuelas y pues ahora sí que todo depende de nosotros”.

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Mucho más que vigilar una puerta

Para quien entra a una instalación militar, probablemente uno de los primeros contactos sea con la Policía Militar. Un puesto de control. Una indicación. Una revisión. Un elemento de guardia.

En condiciones normales, su trabajo puede parecer rutinario precisamente porque el orden se mantiene.

Pero detrás de esa presencia existe una especialidad preparada para escenarios diferentes.

Debe contribuir a preservar la disciplina sin interferir con las operaciones; proteger instalaciones; controlar el tránsito militar; reaccionar ante una alteración del orden; responder frente a una agresión y mantener la capacidad de tomar decisiones bajo presión.

Tiene que observar, evaluar, decidir y, cuando sea necesario, actuar.

Es entonces cuando aquellas palabras colocadas alrededor de su escudo dejan de ser únicamente un lema.

Precaución, para anticiparse.

Desconfianza, para observar aquello que otros podrían pasar por alto.

Reacción, para actuar cuando la situación lo exige.

Porque quizá una de las mayores exigencias de la Policía Militar se encuentre precisamente ahí: estar preparado para ejercer el control sin perderlo.

Una misión que comenzó a construir su identidad hace décadas, que hoy se representa mediante un escudo cargado de símbolos y que se resume en una máxima transmitida entre generaciones:

“¡Precaución, desconfianza y reacción al servicio de la nación!”

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