El pensamiento estratégico en Estados Unidos parte de un principio dinamizador que hasta ahora nadie se ha atrevido a poner en discusión: la responsabilidad de la Casa Blanca en el ejercicio de un liderazgo mundial que buscaría la estabilidad económica, política y social en función del sistema productivo capitalista.
En su campaña como candidato a la presidencia en 2018, el exvicepresidente Joseph Biden señaló con claridad que esto es función era “liderar el compromiso de los Estados Unidos con nuestros aliados a través del hemisferio occidental», pero sin decirlo de manera directa aceptó que el equilibrio estaba en la defensa de un espacio político territorial de Estados Unidos en Occidente frente a adversarios ya conocidos: Rusia, China, India, Corea del Norte, Irán y hasta Afganistán y pronto será África.
El grave problema de la estrategia Estados Unidos radica, como lo reconoció el consejero de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, en un ensayo en Foreign Affairs, En la falta de una verdadera perspectiva de seguridad estratégica en el planeta. Por ejemplo, en el análisis de Sullivan no aparece, ni por equivocación, el escenario iberoamericano que está entrando en una dinámica de crisis sin control similar al de una montaña rusa.
Después del desmoronamiento de la Unión Soviética, la Casa Blanca le dio la espalda a su paradójicamente patio trasero y ninguno de los presidentes después de Bush Sr. se ha sentado a pensar con seriedad la dimensión de la crisis iberoamericana y caribeña, con la circunstancia agravante que los países al sur del Río Bravo entraron en una zona de dispersión nacional que está llevando a conflictos diplomáticos con temor de algunos analistas de que pudieran convertirse en confrontaciones militares.
México y Ecuador iniciaron gravísima crisis diplomática que llevó al presidente López Obrador a pedir la expulsión de Ecuador de los organismos regionales, una iniciativa que recuerda que en 1962 la Casa Blanca ordenó a todos los países de la OEA a romper relaciones diplomáticas con Cuba por su definición marxista-leninista y que en México fue el único país que se negó a cumplir la orden por razones de política exterior autónoma.
Estados Unidos se ha confiado en su enfoque de seguridad hacia América y el Caribe y está seguro de que en ninguna otra potencia se atreverá a romper los criterios de la doctrina Monroe: “América para los americanos», a pesar de que ya hay indicios de que Rusia, China e Irán están estrechando relaciones diplomáticas y económicas con la región americana.
Aunque no quiera, Estados Unidos tendrá que aceptar que Iberoamérica y el Caribe es una zona con capacidad de gestión autónoma.





