El acoso estadounidense a México en el periodo 1825-1845 derivó en los Tratados de Guadalupe Hidalgo que se firmaron el 2 de febrero de 1848 y que le hicieron perder a México la mitad de su territorio: California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
Las conquistas territoriales en el siglo XXI son diferentes a las condiciones que existieron en el expansionismo estadounidense de la primera mitad del siglo XIX. En todo caso, la estrategia de Trump parece obedecer a la lógica de crear un escenario de seguridad nacional territorial que vaya desde el Ártico hasta la frontera de Panamá con Colombia, más de la mitad del continente americano.
La estrategia de Trump es muy contradictoria: quiere subordinar a México en materia comercial, pero utiliza los instrumentos del Tratado solo para beneficios directamente americanos, aunque los efectos de esos reacomodos causarán estragos en la economía mexicana, bajarán el crecimiento económico y generarán desempleo que sin duda se convertirá en migración ilegal.
En materia de seguridad, la agenda de Trump se agota solo en el tema de los cárteles, pero sin reconocer que las organizaciones delictivas son producto del aspecto central que ha derivado en el auge del consumo de droga en Estados Unidos: la permisividad que favorece la adicción.
Todos los presidentes de Estados Unidos hasta Joseph Biden traían una educación obligatoria en pensamiento estratégico, geopolítico y de seguridad nacional, y todos pasaron de alguna manera por el sector parlamentario como parte de su educación política. Trump es un empresario.
En 1989, de manera tardía, el ensayista Gore Vidal definió en plena crisis del campo soviético que Estados Unidos tenía la característica de un Estado de seguridad nacional, es decir, que la existencia del aparato político y geopolítico de Washington estaba para defender la expansión territorial e ideológica de la Casa Blanca, lo que incluía la presencia militar consistente de marines en Europa y otras partes del planeta.
En términos estrictos, Trump busca que empresas instaladas en México regresan a Estados Unidos, sin importar el daño a las cadenas productivas que llevan ya 30 años funcionando; y en materia de seguridad, solo quiere que el gobierno mexicano aplaste a los cárteles del narcotráfico que proveen la droga que exigen los adictos americanos,
No se trata de una nueva estrategia, sino solo de puntos concretos que son, eso sí, muy proclives al intervencionismo extranjero que busca la subordinación de México. Al final, con los anteriores presidentes americanos, Trump solo busca que México sea el pariente pobre en su frontera sur.





