Como cada etapa histórica tiene sus circunstancias muy precisas, el actual desorden mundial abarcaría de los ataques terroristas de 2001 en Nueva York a la invasión de Rusia a Ucrania en 2022 y está requiriendo acuerdos similares –aunque con situaciones propias– a las dos grandes decisiones posteriores a la Segunda Guerra Mundial: los acuerdos de Bretton Woods en 1944 para fijar un sistema económico regulado y la conferencia de Yalta Estados Unidos-Inglaterra-Unión Soviética para poner atención al equilibrio entre bloques militares.
Hoy, esas dos reuniones pueden ser citadas más como referentes históricos porque las circunstancias han cambiado: el desmoronamiento de la Unión Soviética y la globalización industrial-económica-comercial giran en torno a las dos instituciones de Bretton Woods: el Fondo Monetario internacional y el Banco Mundial. Y en términos de equilibrio geopolítico, el lugar de Inglaterra entre los tres grandes ha sido ocupado de manera sobresaliente por China.
Las circunstancias del 2026 son, pues, diferentes a las de hace 81 años, pero el marco referencial analítico sigue siendo válido: orden en el desorden posglobalizador y un acuerdo militar entre las tres potencias para evitar una tercera Guerra Mundial en modo nuclear.
El presidente Donald Trump ha desarrollado por su cuenta decisiones que están desarticulando los acuerdos de globalización económica y productiva, pero a través de castigos arancelarios que impiden una estabilidad internacional para recuperar ritmos de crecimiento. Y en materia militar, EU está reconstruyendo la hegemonía inmediatamente posterior a la Segunda Guerra, Rusia desarrolló en Ucrania una agenda basada en su prioridad local de cerrar la puerta a la línea roja de frontera física con Ucrania por donde podría colarse La OTAN y China está potenciando el dominio económico y comercial.
La aplicación de aranceles de castigo por razones económicas pero de manera sobresaliente por circunstancias políticas no permite la estabilidad para la producción y el comercio, y las decisiones del presidente Trump obedecen las exigencias particulares de EU.
De ahí la necesidad, desde el punto de vista geoestratégico, de realizar una conferencia económico-comercial tipo Bretton Woods y una nueva Yalta que alejen el fantasma de una guerra nuclear.
Sin este acuerdo entre los tres grandes, la estabilidad planetaria estará dependiendo de decisiones nacionales, aunque a costa de crisis productivas, comerciales y desde luego que militares a niveles locales.





