Seguridad y Defensa: Equilibrio del terror nuclear

Seguridad y Defensa: Equilibrio del terror nuclear

Después de las lecciones que dejó la paz de Westfalia en 1648 sobre la necesidad de reconocer fronteras nacionales, en el último siglo el planeta ha enfrentado dos sangrientas guerras mundiales, centenas de guerras regionales y terribles saldos humanos en el uso de armas nucleares, pero es la hora en que los gobernantes no han sabido gestionar un acuerdo de convivencia internacional.

La guerra en Ucrania, las advertencias de Rusia de usar armas nucleares para defender sus fronteras estratégicas, las amenazas con misiles de Corea del Norte, la crisis China-EU por Taiwán, los brutales ataques de Israel contra la violencia de Hamas en la franja de Gaza y los intercambios de misiles de guerra entre Israel e Irán están recordando que la paz mundial está en la orilla del abismo.

Las crisis de guerras y choques son parte de la lucha entre naciones por la denominación de zonas del mundo. El colapso de la Unión Soviética en 1989-1991 se convirtió en la celebración de una victoria ideológica y económica, estadunidense, pero no se racionalizó el verdadero trasfondo: la lucha de dos modelos políticos e ideológicos por el control del mundo. Estados Unidos celebró la victoria como el fin de la historia, pero Rusia sobrevivió como fuerza de contrapeso político y militar –ya no ideológico por el desprestigio del comunismo– y ha sabido establecer alianzas geopolíticas con China que no quiere la guerra sino la hegemonía mundial, con el radicalismo espeluznante de Corea del norte y con la agenda religiosa de profunda raigambre histórica de la zona musulmana de Irán.

El estratega Henry Kissinger –reconocido más por sus planteamientos teóricos que por sus fallidas estrategias como consejero de seguridad de Nixon y secretario de Estado de Ford– resumió en pocas palabras el equilibrio del mundo: un balance de poder político, ideológico, económico, militar y de autoridad moral.

Estados Unidos falló –y además: fracasó– en la gestión de la reorganización del planeta después del colapso de la URSS, ninguno de sus presidentes después de George Bush Sr. entendió la lógica geopolítica y de seguridad nacional que siguió a la desintegración soviética y hoy el presidente Joseph Biden no tiene la perspectiva geopolítica ni menos aún el entendimiento político para percibir la responsabilidad de Washington en la definición del nuevo Orden Mundial vis a vis un nuevo balance de poder.

Al contrario, Biden está siendo responsable de la inestabilidad mundial porque quiere regresar al viejo balance de la guerra fría nuclear, pero con adversarios que no van a ceder.

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