Seguridad y Defensa: Intereses nacionales

Ejército EEUU

Todas las estrategias de seguridad de Estados Unidos desde Ronald Reagan (1981) hasta Joseph Biden (2024) han definido con claridad y precisión su política exterior como Estado de seguridad nacional: la prioridad de sus intereses nacionales para gestionar el funcionamiento del planeta en función de lo que se denomina de manera sencilla como intereses nacionales americanos # del american way of life o modo de vida/confort estadounidense.

México, su estabilidad y su subordinación al paraguas estadounidense de seguridad nacional, había venido cumpliendo esa función: administrar la problemática como vecino subdesarrollado, dependiente, con una enorme diferencia de nivel de vida y con una frontera física de más de 3,000 km, pero gestionarlo en función de los intereses americanos.

Aún ahora, por ejemplo, la estrategia –que no política– de Estados Unidos en torno a los tres problemas bilaterales graves –migración, narcotráfico y tratado comercial– se enfoca desde la Casa Blanca con criterios unilaterales y unidireccionales. Y toda la campaña presidencial estadounidense tuvo a México justamente como un país dependiente de los intereses americanos.

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Solo que esta vez hubo una variante: el presidente López Obrador rompió el criterio de dependencia sumisa, privilegió lo que ninguno de sus antecesores en toda la historia se preocupó por darle prioridad: los intereses nacionales e inclusive a veces acudió al desdén mal interpretado en Washington por algunos descolones del mandatario mexicano en asuntos que Estados Unidos daba por descontado de que México se subordinaría.

Esta nueva relación se puede definir con dos conceptos: autonomía relativa a partir del criterio de que Estados Unidos es más dependiente de México que al revés y nacionalismo defensivo, en casos muy concretos como la advertencia mexicana para que liberaran al general Salvador Cienfuegos Zepeda por acusaciones absurdas e inventadas, las reglas que metieron en cintura a la DEA, los desdenes de México a reuniones patrocinadas por Estados Unidos y la creación cuando menos de un grupo informal las repúblicas hartas del dominio estadounidense.

La presidenta Claudio Sheinbaum Pardo ha retomado con astucia este importante legado lopezobradorista y la Casa Blanca los próximos cuatro años tendrá que ajustarse a estos nuevos criterios, aunque en la campaña no se vio que Donald Trump o Kamala Harris hubiesen entendido las relaciones en los anteriores cuatro años.

Pero como Trump y Biden, habrán de aceptar la nueva realidad bilateral.

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