La creación de economías ilícitas basadas en recursos naturales por parte de la delincuencia organizada transnacional (DOT), se ha convertido en una tendencia global en el siglo XXI. Los grupos criminales se han diversificado en el lucrativo negocio de, por ejemplo, la tala ilegal en varios países de América Latina, el comercio de carbón vegetal en Somalia, el robo de petróleo en Nigeria, y la extracción de minerales y metales preciosos como el ámbar en Ucrania, el mineral de hierro en México o el oro en Colombia y Sudáfrica.
Por lo anterior, resulta necesario analizar a los grupos delictivos como actores geopolíticos. Estos grupos compiten por territorios geográficos intensamente disputados, así como rutas de transporte y acceso a mercados nacionales e internacionales, a fin de asegurar corredores estratégicos de influencia, poder y, a menudo, violencia a gran escala. Por ello, nos dimos a la tarea de desarrollar el marco analítico “la micro-geopolítica del crimen organizado”, a fin de comprender y, en última instancia, prevenir la infiltración de la DOT en sectores estratégicos para la economía de un país.
El marco consiste en la interconexión de cinco componentes. Primero, la existencia de un proceso productivo asociado a recursos naturales específicos –por ejemplo: mineral de hierro. Esto implica que un proceso productivo –digamos: la extracción, el procesamiento, el transporte y la exportación de mineral de hierro– está ligado a geografías locales, y moldeado por las leyes de la oferta y la demanda global.
Segundo, la existencia de infraestructura relacionada con un proceso productivo, y su infiltración por parte de las DOT ya sea por colusión, intimidación o incapacidad del gobierno. Este componente también refleja la influencia de la geografía en la política, ya que los proyectos de infraestructura responden a consideraciones geográficas, por ejemplo: la convergencia de puertos, vastos depósitos de mineral de hierro y fábricas de acero en una localidad.
En tercer lugar está la incorporación de un proceso productivo a la dinámica de la economía de la DOT. Estos ingresos contribuyen al “esfuerzo de guerra” de los grupos criminales, mismos que pueden ser utilizados para la acumulación de recursos materiales y humanos para neutralizar las acciones del Estado, o hacer frente a grupos rivales. Cuarto, la apropiación de esos procesos productivos por medios violentos. Estas nuevas dinámicas de violencia homicida: a) intensifican la conflictividad social a nivel local –por ejemplo, el surgimiento de grupos de autodefensas–, y b) la violencia homicida a nivel local da forma a la percepción de seguridad a nivel nacional.
Finalmente, debido a la presencia parcial o tardía de la autoridad estatal en un espacio geográfico, los grupos criminales adquieren mayor influencia política, generando condiciones de órdenes sociales complejos caracterizados por una interacción entre actores legales e ilegales.





