El próximo 8 de octubre, se cumplirán tres años del Entendimiento Bicentenario sobre Seguridad, Salud Pública y Comunidades Seguras. Se trata de un instrumento negociado entre Ciudad de México y Washington, a fin de dar respuesta conjunta a una problemática compartida –a primera vista lo anterior podría ser evidente, pero es que lo conjunto y lo compartido no siempre vienen aparejados en la relación bilateral México-Estados Unidos.
Así como en el resto de la relación bilateral, en temas de seguridad hay más razones para la cooperación que para el conflicto. Por ello, es importante sopesar el Entendimiento Bicentenario –en tanto principal mecanismo de cooperación bilateral en seguridad–, a la luz de estos tres años de funcionamiento y, sobre todo, con los cambios de administración en ambos países.
Desde su puesta en marcha, quien suscribe ha considerado al Entendimiento Bicentenario un logro político-diplomático, toda vez que este instrumento supone un paradigma más integral tanto en el diagnóstico como en el remedio. Principios clave como la corresponsabilidad en el tráfico de drogas y el tráfico de armas, el respeto a la soberanía, o un enfoque multidimensional al problema de las drogas, son algunas de estas fortalezas.
Dicho esto, es importante hacernos una pregunta por demás incómoda: ¿Sobrevivirá el Entendimiento Bicentenario, una vez terminada la administración Biden-Harris? Importa trabajar con esta pregunta, ya que la cooperación en seguridad no puede desvincularse de la política doméstica en Estados Unidos. Específicamente, una profunda polarización política cuya expresión más radical e inaceptable fue el atentado en contra del candidato republicano y ex presidente Donald Trump.
Basta decir que el enfoque del Entendimiento Bicentenario no es tan popular en sectores duros del partido Republicano. El riesgo es, por lo tanto, que este esquema de cooperación binacional sea visto como “el Entendimiento Biden-México” y no como un instrumento entre ambos Estados.
Será fundamental, pues, que el Entendimiento Bicentenario no caiga en la irrelevancia política –y presupuestaria– en la que su predecesora, la Iniciativa Mérida, cayó en ambos lados del Río Bravo, luego de 13 años de funcionamiento. El templado del Entendimiento Bicentenario mostrará su resistencia en la medida en que sea capaz de trascender administraciones en México y, en este caso, en Estados Unidos. Por lo anterior, es buen momento para que este mecanismo entregue mejores resultados como producto de la cooperación bilateral.
Algunos temas a fortalecer son, por ejemplo, presupuesto y compromiso de recursos, indicadores de desempeño claros, una mejor sinergia con agencias estadounidenses –en estricto apego a la soberanía de ambos países–, y la disrupción de las cadenas de suministro de fentanilo –desde el flujo de precursores químicos provenientes de China, pasando por la producción en laboratorios en México, hasta el consumo en Estados Unidos.





