La decisión oficial de la Casa Blanca de autorizar un operativo para recibir en Estados Unidos al jefe funcional del Cártel de Sinaloa, Ismael El Mayo Zambada, sigue confusa, pero el hecho real es que se atrapó a quien se había quedado al frente de la responsabilidad del grupo delictivo después del arresto y extradición de Joaquín El Chapo Guzmán e inclusive el arresto por parte de México y su entrega a Estados Unidos de Ovidio Guzmán López, quien administraba el departamento de producción y contrabando de fentanilo.
Desde sus primeras evaluaciones anuales sobre el problema de la droga en EU en 2003, la DEA había detectado que el Cártel de Sinaloa era el principal productor en México de drogas duras y en aquel entonces comenzaban las drogas químicas como el fentanilo y también operaba la principal red de trasiego ilegal de sus productos hacia el interior de Estados Unidos, cruzando de muchas maneras y muchas corrupciones las limitaciones aduanales en la que debería ser la frontera estratégica estadounidense más importante pero al mismo tiempo la más vulnerada.
El problema radica en dos puntos aquí tratados: el primero y más importante es la existencia de una demanda de droga indispensable para los adictos estadounidenses, cuyo número nunca ha sido reconocido por el gobierno americano, pero que en diferentes evaluaciones se ha llegado a considerar que el 30% de los americanos es adicto o consumidor regular de droga, y hablamos nada menos que de 100 millones de consumidores que necesitan la droga y la encuentran en el mercado. Y el otro tema es que Estados Unidos desde hace tiempo se ha negado a criminalizar el consumo al menudeo y entonces la droga encuentra un camino libre para operar.
Cuando el gobierno americano tuvo tras sus rejas al Chapo Guzmán y a su hijo Ovidio, lo primero que se supuso era que estaba en marcha un programa para combatir con seriedad el tráfico de droga que se basaba en la demanda de consumidores. Pero no. Luego de esos encarcelamientos, el flujo de droga ha seguido siendo prácticamente el mismo, lo que estaría enviando el mensaje de que el objetivo americano es sólo descabezar bandas pero no terminar con el contrabando.
El asunto muy simple: mientras haya demanda de droga dentro de Estados Unidos, el flujo seguirá siendo creciente. Y cada día se percibe cómo ciudades enteras tienen ya en sus calles drogadictos caminando como zombies y muchos de ellos todavía con las agujas hipodérmicas colgando.





