La Guerra por la Independencia de México llegó a su fin el 27 de septiembre de 1821, fecha en la que el Ejército Trigarante hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México. Un día después de tan solemne acto, se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano pronunciada por su Junta Soberana congregada en la capital del país. Sin embargo, el reconocimiento por parte de España no se llevaría a cabo sino hasta casi diez años después.
Así, el 28 de diciembre de 1836, 15 años después de que se proclamó la Independencia de México y hace 188 años se firmó en España el Tratado Santa María-Calatrava, con el cual el Reino de España reconoció oficialmente la Independencia de México, y además marcó el inicio de las relaciones entre las dos hermanas.
Si bien el último virrey de la Nueva España, Juan O’ Donojú firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano el 28 de septiembre de 1821, esta firma no contó con el aval de la Corona Española, el cual llegó hasta 1836.
¿Qué plantea el Tratado Santa María-Calatrava?
Luego de que la monarquía española desconociera el Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el Acta de Independencia del Imperio Mexicano en 1821 y tras alrededor de tres lustros de negociaciones diplomáticas, la reina María Cristina de Borbón viuda de Fernando VII así como el entonces presidente de México, José Justo Corro, acordaron desatar el nudo sin romperlo.
Fueron los ministros plenipotenciarios José María Calatrava, por parte del gobierno español, y Miguel Santa María, por el gobierno mexicano, quienes finalmente firmaron en Madrid, España, el reconocimiento de la separación de Nueva España y la paz entre los dos países.
El documento fue signado con el principal objetivo de “olvidar para siempre las pasadas diferencias y disecciones por las cuales desgraciadamente han estado tanto tiempo interrumpidas las relaciones de amistad y buena armonía entre ambos pueblos” y para establecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
“Llamados naturalmente a llamarse como hermanos por sus antiguos vínculos de unión, de identidad de origen, y de recíprocos intereses, han resuelto, en beneficio mutuo, restablecer y asegurar permanentemente dichas relaciones por medio de un tratado definitivo de paz y amistad sincera”, destaca el tratado.
El documento establece que España reconoce a México como nación libre, soberana e independiente, al tiempo que la Monarquía renunció a tipo de interés o injerencia directa sobre el territorio nacional y consideró que a partir de ese momento a la Nación Mexicana era capaz de organizarse, legislarse y gobernarse a sí misma, favoreciendo que el país naciente pudiera fortalecer su presencia a nivel internacional.
Se cumplen 186 años del histórico pasaje de la Guerra de los Pasteles
Además, el protocolo alrededor de este Tratado cimentó las bases de paz y amistad entre México y España y creó relaciones diplomáticas bilaterales, terminando con las tensiones surgidas durante la Guerra de Independencia.
Por su parte, el Imperio Mexicano se comprometió a respetar las posesiones ultramarinas de España: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.
También resaltaba que habría total olvido de las deudas, lo pasado y una amistad general y completa para todos los mexicanos y españoles, sin excepción alguna, que puedan hallarse expulsados, ausentes, desterrados, ocultos o que por acaso estuvieren presos o coordinados sin conocimiento de los gobiernos respectivos, cualquiera que sea el partido que hubiesen seguido durante las guerras y disensiones felizmente terminadas por el tratado.
El nombre del pacto, firmado el 28 de diciembre de 1836, no dejaba lugar a equívoco: “Tratado definitivo de paz y amistad entre la República Mexicana y S.M.C. la Reina Gobernadora de España”. Aunque, por si no quedaba lo suficientemente claro, en el artículo dos se especificaba que “habrá total olvido de lo pasado » y una « amnistía general para todos los mexicanos y españoles”.
Finalmente, en México, la publicación del tratado se realizó mediante bando solamente, tras la comprobación de la ratificación en ambos países, el 4 de marzo de 1838.





