América Latina y el Caribe (Al y C) vive los efectos de la post-pandemia y del conflicto que Estados Unidos (EE.UU) dirime con Rusia en Ucrania.
Hoy que las certezas dan un vuelco y asoma un nuevo orden – que, se desearía multipolar -, los liderazgos locales usan su potencial geopolítico para influir en la escena global.
¡Debemos empezar nuestro juego! fue el clamor de la general y jefa del Southern Command, Laura Richardson, ante el influyente Atlantic Council al describir lo que significa AL y C.
Subrayó: “Concentra las mayores reservas de crudo, oro, cobre, 30 por ciento de agua dulce, 60 por ciento del litio mundial y el Amazonas, pulmón del planeta”. Es cierto.
La nuestra es región de vasta biodiversidad, inmensas reservas de energía y recursos estratégicos claves en la tecnología de 5ª generación.
Es obvio que Richardson no pretende que tal abundancia beneficie a 660.3 millones de latinoamericanos, repartidos en 2,754 millones de km2.
Por dos siglos el capitalismo estadunidense y europeo lucró aquí con la fórmula: expoliación + desiguales pactos comerciales + deuda asfixiante.
¿Resultado? Pobreza, desigualdad, descrédito de lo político, paramilitarismo, emigración, contaminación y fragilidad laboral, refiere Victoria Mutti.
Efecto colateral fue la cooptación del Estado por la delincuencia trasnacional.
Hoy domina desde el trasiego ilícito de combustibles – huachicol – en México, hasta el tráfico de personas, drogas, armas y especies.
Para salir de ese ciclo, algunos abrieron la puerta a China, Rusia y otros socios.
En reacción, EE.UU., reeditó su Doctrina Monroe con bloqueos (el de Cuba dura ya 61 años), sanciones, golpes y guerras híbridas.
En ese complejo contexto, emerge la segunda ‘Ola Roja’: una izquierda pragmática y heterogénea que aspira acotar al capitalismo (mineras, financieras, farmacéuticas, agroindustrias y mejores precios a sus commodities) así como la reconquista de la derecha autoritaria.
¿Cómo hacerlo? Asoman dos vías: 1) Diversificar las relaciones internacionales, y 2) Implementar políticas públicas para las mayorías que hoy exigen al poder público más certidumbre, seguridad (política, económica, sanitaria) y transparencia.
Dos desafíos: EE.UU., aleja a sus rivales geopolíticos con cambios de forma, no de fondo.
Y auspicia la avanzada regional de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que hizo a Colombia ‘aliado principal’ en 2017.
El otro: más lawfare (guerra judicial, según Charles Dunlap) y ofensiva mediática para socavar a rivales, en lo que Carme Colomina llama geopolítica de la Desinformación.





