2020: economía de seguridad nacional

2020 economía de seguridad nacional

Los nuevos enfoques analíticos sobre la realidad cada vez asumen en todas las disciplinas las características de estrategia.

Ahora ocurre en la economía: la tasa de PIB, por ejemplo, no sólo es el resultado de la producción de bienes y servicios, sino que tiene ya perspectivas de seguridad estratégica.

Los primeros enfoques nacieron de las doctrinas militares de seguridad.

Las fuerzas armadas sirven para defender y mantener la soberanía del Estado en las fronteras geográficas, ante la amenaza de guerras e invasiones extranjeras.

Hoy las guerras, cuando menos para México, no forman parte de sus posibilidades.

En cambio, la inseguridad interna no sólo afecta al ciudadano y sus patrimonios, sino que ha llevado a una guerra interna por el control del Estado entre bandas criminales y fuerzas oficiales de seguridad.

Las tres seguridades que analizan las doctrinas militares son: la pública que afecta al ciudadano y su patrimonio ante la delincuencia, la interior que afecta la estabilidad del Estado dentro de la república y daña las posibilidades del desarrollo y la nacional que ya no se agota en vigilar ejércitos extranjeros en las fronteras sino a la representación transnacional de organismos criminales internacionales.

Las tres obligan a una expansión de las capacidades de seguridad del Estado, del gobierno y de la propia sociedad.

En este contexto, la cifra de PIB rebasa las consideraciones y debates sobre sus alcances.

No sólo es la suma de bienes y servicios producidos por una economía, sino que refleja las capacidades de crecimiento económico para convertirlo en bienestar social.

El PIB no desdeña ni excluye a otros indicadores sociales, como la entrega directa de beneficios económicos a sectores vulnerables.

El PIB es un indicador económico, en tanto que los programas sociales directos benefician a un sector reducido de la ciudadanía.

2020 economía de seguridad nacional

Los dos producen bienestar, pero el PIB es indicador generalizado.

Por tanto, el PIB debe estar como objetivo de política económica general.

Como indicador, el PIB exhibe sus efectos generalizados en empleo, producción y beneficios sociales.

Por sí mismo sólo ayuda a entender la dinámica económica, pero también permite direccionar las políticas de bienestar- La tasa promedio sexenal de PIB en el largo periodo populista de 1934 a 1982 fue de 6%, pero por sí mismo no explica el desarrollo social: hubo políticas generales de bienestar, salarios con poder adquisitivo y empleo creciente, aunque la falla de la estrategia económica en ese periodo fue la distribución de la riqueza: el PIB de 6% no pudo ocultar que el 80% de los mexicanos tuvieran ingresos similares al 20% de los sectores ricos.

El sexenio del presidente De la Madrid 1983-1988 tuvo una tasa promedio anual de 0% de PIB; es decir, el valor del PIB real de 1983 fue similar al de 1988.

Ello reveló que la economía no pudo atender a sectores rezagados del pasado ni logró dotar de beneficios a los 9 millones de mexicanos que nacieron en ese sexenio ni darle empleo formal a los 6 millones de mexicanos que se incorporaron por primera vez al mercado de trabajo.

Hubo, sí, programas sociales direccionados que beneficiarios a pobres y marginados, pero de manera insuficiente.

La economía del crecimiento se debe ver con sentido de seguridad interior; y no sólo porque el empleo aleja a las personas de la delincuencia, sino porque la actividad productiva produce bienestar y por tanto estabilidad social.

El modelo de seguridad interior tiene en el equilibrio producción-distribución un factor esencial para la estabilidad de las ciudades y pueblos.

Y debe ser suficiente para alejar, también, el fenómeno de la delincuencia como un factor de redistribución de la riqueza: quitarle a los que tienen para tenerlo los que no tienen.

Este enfoque es referido por marxistas en sus análisis de los modelos de producción y distribución.

En este contexto, el PIB es el referente general del desarrollo o desenvolvimiento de la economía productiva.

Por ello se han buscado en el sexenio de De la Madrid algunas de las razones que potenciaron el aumento de la inseguridad y la delincuencia, aunado al hecho de que las policías dejaron de ser supervisadas por funcionarios y políticos y se dedicaron a aliarse con delincuentes.

Las estrategias posteriores para atacar las cifras de inseguridad no han podido poner orden en los cuerpos policiacos y el PIB promedio anual del ciclo neoliberal 19893-2018 ha sido de 2.2%, contra el 6% del periodo populista 1934-1982.

El PIB y la economía en general es demasiado compleja y diversa como para dejarla en manos de los economistas.

En 1973 relevaron a los economistas del manejo de la política económica y los cargos financiero fueron el trampolín para sucesiones presidenciales de 1976. 1982, 1988 y 1994.

Pero los políticos gobernantes de 2000, 2006, 2012 y ahora 2018 no tienen claro el papel de la economía con factor de estabilidad social y como elemento esencial de la seguridad interior como crisis de bienestar.

En las modernas perspectivas de enfoques de seguridad el bienestar forma parte de sus variables fundamentales, aunque sin verse reflejada en las estrategias generales.

Fueron los militares quienes acuñaron el concepto de seguridad interior como la condición de estabilidad socioeconómica y bienestar que ahuyenta la inseguridad y la delincuencia de las comunidades.

Los economistas todavía no entienden bien a bien la relación economía- bienestar-estabilidad-seguridad, aunque en México tenemos evidencias desde 1983.

*El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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@carlosramirezh

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