El personal armado no convierte a un servicio en profesional o seguro por el hecho de portar un arma de fuego. Para que un elemento armado sea profesional debe tener el perfil correcto, disciplina, criterio, manejo emocional y la capacitación continua.
La seguridad privada con personal armado es un servicio que comenzó en los años noventa con la seguridad armada para el traslado de valores; como un sistema preventivo y disuasivo del asalto. Con la creación de la Ley Federal de Seguridad Privada se fortaleció el marco regulatorio para las empresas del sector, de conformidad con la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, bajo la supervisión de la autoridad competente.
El arma es una herramienta; las corporaciones de seguridad privada tienen autorizados solo algunos calibres y los más empleados son: .380, .38 Special, 12 para escopeta. Y las armas que usan las empresas de seguridad son autorizadas y comercializadas únicamente por Defensa.
Legalmente existen obligaciones de capacitación y las empresas deben cumplir con los requisitos de autorización y supervisión. Las corporaciones de seguridad privada tienen el deber de registrar sus programas de capacitación y adiestramiento ante la STPS y reportar a niveles federales sus planes anuales. La falta de capacitación al personal armado que labora en nuestro país no deriva de una falta de regulación o de marco jurídico que la prevea, se debe más a una alta rotación de personal, reducir o quitar ese alto costo en los precios de servicios armados y una grave negligencia de las áreas de capacitación.
Un elemento armado debe contar con una práctica de tiro trimestral. Los especialistas recomiendan entrenamiento con fuego real utilizando su arma de cargo; más un adiestramiento semanal en seco para ayudar a su memoria muscular. Considerando los costos y rotación, más la disponibilidad de personal y municiones, el escenario óptimo sería una vez cada semestre. El promedio de cartuchos que debe tirar un elemento armado según los especialistas va de los 50-80 cartuchos en ejercicios programados que duran un promedio de 120 minutos.
En la mayoría de las empresas el entrenamiento termina cuando el aspirante a una posición aprueba el examen inicial para portar un arma. Sin embargo, la destreza con un arma de fuego es una habilidad perecedera. El uso de un arma exige práctica constante, para su precisión, manejo seguro y efectivo. El elemento armado de seguridad privada debe practicar o capacitarse para su precisión; los instructores deben ser especialistas en uso de armas de fuego y conocer el marco jurídico que regula a las corporaciones privadas. No están adiestrando policías.
Un profesional de seguridad privada no es quien dispara más rápido; es quien usa el criterio y reconoce cuándo no debe disparar. En seguridad privada, el mejor enfrentamiento es aquel que no ocurre gracias al éxito en la prevención.
El arma no es la que protege, lo hace el entrenamiento del personal y su correcta selección. Debe trabajarse en los estándares de adiestramiento, vigilancia y control. Evaluación continua de los principios de uso de armamento, medidas de seguridad, aseguramiento correcto y el resguardo en el lugar indicado; como base del personal armado. Seamos usuarios responsables del servicio armado.





