2020: incertidumbres refrendadas

2020: incertidumbres refrendadas

El saldo negativo de PIB de -0.1% debió haber sido un estímulo al replanteamiento de estrategias de coyuntura, inclusive sin cambiar el modelo propuesto por el gobierno lopezobradorista.

Si las cosas en 2020 siguen igual que en 2019, entonces los resultados tenderán a ser los mismos.

El nuevo gobierno se planteó tres metas: seguridad, bienestar y lucha contra la corrupción.

Se trataban, sin embargo, de metas institucionales, políticas.

Los objetivos para sacar al país del hoyo semi recesivo del ciclo neoliberal 1983-2018 exigían cuando menos tres nuevas metas: nuevo modelo de desarrollo, estímulo al crecimiento económico y construcción de una nueva demanda agregada.

Los datos en el primer del nuevo año no mostraron golpes de timón en el desarrollo.

Si el dato mayor que indica una mejora económica está en el PIB, las cifras oficiales no muestran una salida del hoyo de 2% promedio anual que venía del pasado.

Y la única manera de detonar el PIB estaba en programas presupuestales de inversión productiva en alianza con la inversión privada, al tiempo que pudieran definirse mecanismos de redistribución de la riqueza.

Lo poco que se ha hecho en salario mínimo es importante, pero no alcanza para detonar la demandas como estímulo a la oferta.

La clave del desarrollo se localiza en la inversión pública y privada y ésta depende de acuerdos claros sobre la economía mixta.

El Estado tiene recursos para detonar la actividad económica, pero en 2019 se vio el regreso del Estado como actor productivo en obras públicas.

El sector privado, como siempre suele hacer, repliega sus inversiones para lograr un pacto productivo con el Estado.

Y no se trata de relaciones ideológicas, sino de producción.

Sin cambiar sus programas sociales, el Estado debe regresar al indicador del PIB como dato de la actividad productiva.

Si no hay crecimiento económico, entonces se reparten como subsidios los pocos fondos fiscales, pero sin detonar el crecimiento.

A ello debe seguir una reorganización total de la planta productiva y de los mecanismos del Estado para promover la competitividad.

La planta industrial ha sido agotada por los pocos beneficios en el Tratado de Comercio Libre, por lo que no se puede crecer más con la misma maquinaria obsoleta y sin capacidad tecnológica.

Las prioridades oficiales del 2020 señalan control del Estado de las grandes inversiones: nuevo aeropuerto, refinerías, Tren Maya, entre los más importantes.

Lo poco que queda para proyectos productivos no ha gustado al sector privado. Por ello, la inversión empresarial seguirá en atonía.

La primera perspectiva de PIB de 1% para 2020, contra el 2% estimado en los Criterios Generales de Política Económica para 2020, no revela una reactivación económica.

El PIB indica creación de empleos, producción de bienes y servicios y aportación al bienestar general.

Lo que falta es un detonador de la actividad económica, sin cambiar el modelo político y económico propuesto.

Sin inversión productiva empresarial, México seguirá estancado.

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