A 82 años de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial

A 82 años de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial

Ante la expansión de los combates marítimos durante la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942 el Gobierno de México decretó el estado de guerra y formalizó su entrada en el conflicto bélico, para combatir a las potencias del Eje, Italia, Alemania y Japón, una vez que el conflicto se extendió al Océano Pacífico.

Ese día, el presidente Manuel Ávila Camacho solicitó al Congreso de la Unión la declaratoria, argumentando que el hundimiento de las embarcaciones mexicanas ‘Potrero del Llano’ y ‘Faja de Oro’ a manos de submarinos nazi representaba un riesgo a la soberanía nacional, ya que el régimen de Adolf Hitler presionó al gobierno mexicano para atacar territorio estadounidense.

Después de realizar un balance de la situación y de evocar la política exterior, no intervencionista del Estado Mexicano, el general Ávila Camacho solicitó al Congreso de la Unión la declaratoria para poder tomar partido en el conflicto, condenando a los regímenes fascistas.

Seis días después, el 28 de mayo de 1942, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el decreto que establece el día 22 de mayo de 1942, México se encontraba en estado de guerra. Sin embargo, el gobierno mexicano se dedicó básicamente a abastecer de materias primas y mano de obra a Estados Unidos y fue hasta el 8 de mayo de 1944, cuando el Ejército participó directamente en el conflicto, a través de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana conformada por el Escuadrón 201, que combatió en Formosa y Filipinas al ejército japonés. 

A 82 años de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial

Los antecedentes de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial

Luego de la presión diplomática al Gobierno de México, por parte del Ejército Nazi, cerca de la medianoche del 13 de mayo de 1942, en las costas de Florida, el ‘Potrero del Llano’ transporta casi 50 mil barriles de petróleo hacia la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, el submarino alemán U-564 lanza un torpedo que golpea directo al buque, provocando la muerte de 14 de los 35 tripulantes, incluidos varios efectivos de la Marina mexicana.

Este hecho generó una gran indignación en el país y le dio legitimidad al gobierno de Ávila Camacho para participar en el conflicto. Siete días después es hundido el ‘Faja de Oro’, a manos de un submarino alemán U-106, provocando la muerte de nueve de los 37 tripulantes.

Estos hechos aceleraron la decisión del Gobierno mexicano y además fue un detonante para la industrialización en México y el acercamiento comercial y de migración con Estados Unidos, que, por su parte, aprovechó esta coyuntura para fortalecer una visión panamericana que fue fundamental para evitar filtraciones nazis cerca de su territorio, luego que sí logró simpatías en países como Brasil o Argentina.

El ejército nazi pretendía cortar todos los suministros de petróleo y otros productos básicos desde costas estadounidenses hacia Inglaterra.

Desde el inicio del conflicto bélico, México adoptó una postura no intervencionista, aunque sí condenó las invasiones de la Alemania nazi, adicionalmente, el ataque japonés a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, precipitó el ingreso de Estados Unidos y de manera indirecta a México.

«Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes», señala el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Sin embargo, el Gobierno mexicano reconoció que no tenía capacidad para enviar una fuerza militar a cualquiera de los frentes de batalla, ya que, en ese momento, apenas contaba con unos 50 mil efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, mientras que la Fuerza Aérea contaba solo con 25 aviones, que no era suficiente ni siquiera para la defensa del país ante algún ataque desde el Pacífico.

Por ello, el gobierno de Estados Unidos impulsó al mexicano, a través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, para que México recibiera recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar sus posiciones, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo, para evitar un ataque aéreo desde Asia, un ataque submarino contra buques petroleros o alguna incursión desde Centroamérica.

Además, México inició una bonanza económica que se prolongó las siguientes tres décadas, conocido como el ‘Milagro Mexicano’.

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