En busca de contextualizar el quinto aniversario de la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, CAMPO MARTE decidió echar una mirada desde la prospectiva de esta compilación hecha por el Centro Nacional de Memoria Histórica, donde se retoman algunos puntos que llevaron a un estado de guerra civil a Colombia por más e 45 años.
El informe ¡BASTA YA! Colombia: memorias de guerra y dignidad analiza los últimos 50 años del conflicto armado colombiano, intentando esclarecer y comprender las causas de la guerra en el país a partir de casos emblemáticos.
Este informe revela la enorme magnitud, ferocidad y degradación de la guerra librada, y las graves consecuencias e impactos sobre la población civil.
Como textualmente lo dice, se trató de una guerra difícil de explicar no solo por su carácter prolongado y por los diversos motivos y razones que la asisten, sino por la participación cambiante de múltiples actores legales e ilegales, por su extensión geográfica y por las particularidades que asume en cada región del campo y en las ciudades, así como por su imbricación con las otras violencias que azotan al país.
Dadas la dimensión y la complejidad que implican la tarea de esclarecimiento histórico y la comprensión de las causas de la guerra en Colombia, el Grupo de Memoria Histórica optó por documentar casos emblemáticos, entendidos como lugares de condensación de procesos múltiples que se distinguen no solo por la naturaleza de los hechos, sino también por su fuerza explicativa.
A través de estos casos, si no que se propuso analizar la diversidad de victimizaciones provocadas por las distintas modalidades de violencia, de grupos y sectores sociales victimizados, de agentes perpetradores, de temporalidades y de regiones del país.
La realización de cada caso, según detalla la presentación del texto, se llevó a cabo por medio de procesos de consulta y de negociación con las víctimas y contó con su decidida participación como testigos e investigadores.
En análisis de este escrito, publicado en 2013, se toma en medio del reciente anuncio de Estados Unidos, se sacar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de su lista de terroristas, justo en el quinto aniversario del acuerdo de paz en Colombia Según agencias internacionales, la notificación fue recibida un día antes del quinto aniversario de la firma del acuerdo de paz entre el extinto grupo guerrillero y el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018).
Las FARC fueron incluidas en esa lista estadounidense de organizaciones terroristas en 1997.
Como resultado, sus integrantes tuvieron prohibida la entrada a Estados Unidos, y vieron restringido su acceso al sistema financiero internacional, basado en el dólar, entre otras acciones punitivas.
Reclamos de justicia y resistencia
Cinco años después de la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, el Secretario General de la ONU, António Guterres, enalteció los logros del gobierno de Colombia, pero también los desafíos que aún quedan por delante.
Para entenderlo, este informe permite dar un vistazo a larga historia de violencia que se vivió en Colombia, pero también una renovada capacidad de resistencia a ella, una de cuyas más notorias manifestaciones en las últimas dos décadas ha sido la creciente movilización por la memoria.
De ahí que sus autores aseguran que la memoria se afianzó en Colombia no como una experiencia del posconflicto, sino como factor explícito de denuncia y afirmación de diferencias.
Es una respuesta militante a la cotidianidad de la guerra y al silencio que se quiso imponer sobre muchas víctimas “La memoria es una expresión de rebeldía frente a la violencia y la impunidad.
Se ha convertido en un instrumento para asumir o confrontar el conflicto, o para ventilarlo en la escena pública.
Ahora bien, al aceptar que la movilización social por la memoria en Colombia es un fenómeno existente, es preciso también constatar su desarrollo desigual en el plano político, normativo y judicial”, establece.
Incluso, se subraya que, durante décadas, las víctimas fueron ignoradas tras los discursos legitimadores de la guerra, fueron vagamente reconocidas bajo el rótulo genérico de la población civil o, peor aún, bajo el descriptor peyorativo de “daños colaterales”.
Desde esta perspectiva, fueron consideradas como un efecto residual de la guerra y no como el núcleo de las regulaciones de esta.
El informe permite confirmar que entre 1958 y 2012 el conflicto armado ocasionó la muerte de por lo menos 220 mil personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos.
A pesar de su escalofriante magnitud, estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la dinámica y del legado de la guerra es el anonimato, la invisibilización y la imposibilidad de reconocer a todas sus víctimas.
Además de la magnitud de muertos, los testimonios que acompañan ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad ilustran una guerra profundamente degradada, caracterizada por un aterrador despliegue de sevicia por parte de los actores armados sobre la inerme población civil.
Esta ha sido una guerra sin límites en la que, más que las acciones entre combatientes, ha prevalecido la violencia desplegada sobre la población civil.
Sin embargo, a cinco de que Colombia y el mundo fueran testigos del poder del diálogo y la negociación para resolver diferencias políticas profundas y décadas de conflicto armado.
La firma del Acuerdo Final de Paz entre el Estado colombiano y las antiguas FARC-EP, en el Teatro Colón, fue un gran paso en el largo recorrido de la sociedad colombiana en la resolución pacífica de los conflictos y en la búsqueda de la paz.
En aquel momento, en 2016, el Acuerdo de Paz se firmó como una apuesta integral y comprehensiva para promover las transformaciones profundas que el país necesita.
Entendiendo que su implementación y la construcción de paz son un asunto complejo, el país y el mundo tienen una responsabilidad colectiva de seguir en este camino para consolidar una paz sostenible y duradera.
Naciones Unidas reitera su firme compromiso y acompañamiento en este gran esfuerzo.
Cuentas pendientes: Las viejas deudas y los nuevos problemas vinculados a la tierra
Pese a que hoy Colombia presume un proceso de pacificación, en ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad, nos hace recordar la apropiación, el uso y la tenencia de la tierra fueron motores del origen y la perduración del conflicto armado, incluso, sin decirlo textualmente, deja en el imaginario del lector, la posibilidad, tal vez remota, de que el conflicto aún no muere.
La investigación realizada para el informe sobre tierras permitió documentar los históricos, persistentes y dinámicos procesos de despojo y apropiación violenta de tierras.
Todos los testimonios ilustran la gradual convergencia entre la guerra y el problema agrario (despojos violentos, concentración ociosa de la tierra, usos inadecuados, colonizaciones y titulaciones fallidas).
Pero a los viejos problemas se suman otros nuevos, que muestran las dinámicas inauguradas por el narcotráfico, la explotación minera y energética, los modelos agroindustriales y las alianzas criminales entre paramilitares, políticos, servidores públicos, élites locales económicas y empresariales, y narcotraficantes, todas ellas señaladas en este texto.
Las víctimas: los daños y los impactos
La documentación de la violencia desde la memoria, privilegiando las voces de las víctimas, ofrece al lector no solo esclarecer hechos, identificar los motivos, intereses e intenciones de quienes ordenaron y perpetraron el horror, sino también acercarnos a las comprensión de las experiencias de las víctimas y reconocer los daños y los impactos que estas han experimentado individual y colectivamente, como se registra en el cuarto capítulo de este informe.
Incluso, este contexto podría fortalecer el reciente mensaje del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien llamó a la «solidaridad» a los colombianos por el quinto aniversario del acuerdo de paz que desarmó a la guerrilla de las FARC, y que apoyó activamente la Organización de Naciones Unidas.
«En un mundo en el que desafortunadamente vemos tantos conflictos es muy importante visitar un país en que se construye la paz», afirmó en declaraciones a la prensa.
Guterres insistió en destacar a Colombia como un «ejemplo» mundial por los compromisos de paz que viene cumpliendo, a pesar de un repunte de la violencia en algunas partes y que tiene como víctimas a excombatientes y activistas de derechos humanos.
Tras la firma de los Acuerdos de Paz en 2016, unos 13 mil combatientes de las FARC dejaron las armas y se acogieron a un proceso de reinserción a la vida civil.
Algunos, incluso, formaron el partido político FARC, que recientemente cambió su nombre a Comunes.
¿Paz en la incertidumbre?
A manera de complemento, la síntesis de este texto también nos hace recordar que, tras la llegada del Gobierno del actual presidente, Iván Duque, quien cuestionó desde el inicio de su mandato el pacto alcanzado, la violencia aumentó nuevamente.
Actualmente, exintegrantes de la antigua guerrilla acusan al mandatario de no respetar el acuerdo firmado por Juan Manuel Santos, su predecesor, y lo responsabilizan de la muerte de unos 250 excombatientes que han sido asesinados desde la firma del pacto.
«Durante la campaña (de Duque a la Presidencia), la promesa era destruir el acuerdo. Después comenzó, hay que reconocer, una fase de implementación del acuerdo. Pero me parece que el gran problema es que eso es una visión muy limitada», dice Humberto De la Calle, exjefe negociador del proceso de paz.
«El acuerdo tiene seis puntos que son de carácter integral. Reforma rural integral, reforma política, nada de eso se ha hecho. Lo único que se está desarrollando a medias es lo que tiene que ver con la reincorporación de los excombatientes y nos están asesinando», asegura Pablo Atrato, excombatiente de las FARC.
Incluso, en agosto de 2019, Iván Márquez, uno de los líderes de la antigua guerrilla, anunció su regreso a la lucha armada.
El mensaje aumentó el temor en la sociedad colombiana de que la violenta historia del país no llegue nunca a un final definitivo.





