De un momento a otro, cientos de personas que se encontraban en Acapulco, tal vez, en el puerto más popular de México, para la XXXV Convención Internacional de Minería México, de vacaciones y los propios habitantes, fueron testigos del peor desastre natural cuando el Huracán Otis devastó la zona.
El pasado martes 24 de octubre quedó enmarcado como uno de los peores desastres en el país, todo en cuestión de horas. Al comienzo de ese día, Otis inició como tormenta tropical y por la tarde ya era huracán categoría 1 durante su avance por el Pacífico hacia los estados del sur de México, donde se preveía podría tocar tierra el miércoles 25.
Sin embargo, el fenómeno incrementó su intensidad en tiempo récord, como el mismo Michael Brennan, director del Centro Nacional de Huracanes (NHC), con sede en Miami, mencionó, «La manera cómo se intensificó Otis fue muy excepcional. Prácticamente rompió récords de cierta manera».
Incluso, la Organización Mundial Meteorológica describió al huracán como «uno de los ciclones tropicales que se han intensificado más rápido de los que se tenga registro», solo superado en la era actual por el huracán Patricia en 2015, que afectó Centroamérica y parte de México en ese momento, aunque en una escala menor, al perder fuerza al tocar tierra.
La diferencia con Patricia es que Otis llegó a su punto máximo en tierra, ocasionando una devastación casi total a su paso, por lo que ya es catalogado como el huracán más destructivo en México, con un impacto económico para Acapulco estimado entre 10 mil y 15 mil millones de dólares.
En medio de la devastación en el puerto
“Cuando amanecí, el huracán seguía ahí… para siempre”, así lo definió Diego, uno de los participantes de la XXXV Convención Internacional de Minería México en la Expo Mundo Imperial, hospedado en la zona Diamante de Acapulco, quien relató a CAMPO MARTE su experiencia.
“Desde la tarde la lluvia comenzó a intensificar; el ambiente en la Convención se mantuvo, incluso, la magna inauguración se realizó con gran júbilo. Sin embargo, la imprevista salida de Evelyn Salgado Pineda, Gobernadora de Guerrero del evento, justo antes de la ceremonia, para coordinar los trabajos de prevención, fue una primera señal”, reveló.
La fiesta siguió con el corte de listón y la bienvenida de decenas de expositores, todo indicaba que, aunque lloviera, tronara o relampaguee, nada impediría que el encuentro de cientos de personas, del sector minero, académico y empresarial, realizaran este evento planeado con meses de antelación.
Sin embargo, Otis parecía tener otro plan, ya que alrededor de las 10:00 de la noche, el aguacero comenzó a ahuyentar a los visitantes, “algunos vimos la oportunidad de ir a descansar temprano, pues se vislumbraba una semana con mucho trabajo, jamás imaginamos el desastre”.
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“Eran las 11:30 de la noche, el viento ya no era normal, los árboles se estremecían y la lluvia estaba en plenitud. Cierta angustia comenzaba a merodear mi cabeza, sin saber lo que vendría después. Aún alcancé a contactar a mi esposa, le decía que la lluvia era violenta y sentía que en mi hotel se sentía cierto movimiento de repente…”, describió.
Cerca de 40 minutos después, ya en miércoles, como si fuera una película, todo se volvió en una escena de terror, según Diego, “El movimiento del hotel ya era de miedo, como si fuera un temblor interminable; de pronto, estallaron con una gran explosión las ventanas del corredor y la violencia del viento comenzó a intentar abrir la puerta de mi habitación, mientras la pequeña ventana que daba al estacionamiento, soportaba las ráfagas”.
“En ese momento, ya no había electricidad, ni señal, por lo que usé mi celular como lámpara, guardé lo más esencial, tomé la ropa de cama para envolver el cancel de cristal en el baño y ese pequeño espacio lo convertí en mi búnker, tan frágil como el resto del hotel, pero compacto, por lo que tenía la esperanza que la vida me diera una nueva oportunidad”.
“Mientras escuchaba crujir el edificio, el viento no paraba de rugir. Así, por más de una hora, todo en mi mente era, ‘no hay más qué hacer’, así que, sentado en el piso, arrinconado, abrazado de mi pequeña mochila, viví los 60 minutos más largos de mi vida, hasta que poco a poco, el viento cesó”, narró.
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Con miedo y tal vez en shock, Diego salió del baño y por la ventana sólo miró una escena en penumbras, luego, explicó que los gritos en el pasillo lo obligaron a salir de su habitación, se trataba de personas que buscaban a su compañeros, amigos o conocidos, mientras caminaban sobre un pasillo lleno de vidrio, madera y acabados, batidos en un río de agua.
“Luego de varios intentos fallidos por encontrar señal y meditar lo que acaba de suceder, me recosté en la cama y el cansancio me venció por un par de horas, fue cuando volví a la ventana y ya con luz, miré que estaba en medio de un campo de batalla”.
“Los edificios aledaños estaban destrozados, los autos volteados, los árboles arrancados con violencia, en medio de ríos de lodo, por lo que era imposible salir y aguardé algunas horas hasta que el nivel del agua permitiera caminar de forma segura. El escenario, ya de por sí catastrófico, se añadían actos de rapiña desde primera hora, por lo que ya vaticinaba que la cosas se iban a poner feas y necesitaba salir lo antes posible del puerto”, explicó.
Luego de 24 horas de la tragedia, por fortuna, Diego recibió ayuda de un equipo de ingenieros de Durango Gold Corp, quienes iban a Morelia y pudieron dejarlo en Chilpancingo, donde completó su trayecto a la Ciudad de México.
Más de 15 mil integrantes de las Fuerzas Armadas y Marina
Debido a la magnitud de la tragedia, integrantes del Gabinete de Seguridad del Gobierno de México mostraron una rápida capacidad de reacción, por lo que al cierre de esta edición, se encontraban 7 mil 300 integrantes del Ejército Mexicano, 500 de la Fuerza Aérea, 1,700 de la Guardia Nacional y 5 mil de Marina prestando auxilio a la población afectada, haciendo un total de 15 mil elementos.
De acuerdo a datos de la Secretaría de la Defensa Nacional, se estableció al Aeropuerto Internacional de Acapulco como puente aéreo, donde el personal del Servicio a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano y las instituciones correspondientes establecieron todo lo necesario para materializar vuelos hacia la ciudad de Acapulco; además, los vuelos de líneas comerciales están controlados desde la Ciudad de México para evacuar turistas y población local.
A la par, se materializó otro puente aéreo en la Base Aérea Militar No. 7, ubicada en Pie de la Cuesta, Gro., instalación que se está empleando para concentrar los víveres recibidos para la población afectada y en los viajes de vacío de retorno a la Ciudad de México se evacúan personas que así lo requieran.
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Por su parte, la Secretaría de Marina mencionó que sus 5 mil elementos navales se encuentran brindando ayuda a la población civil, con el apoyo de 17 vehículos tipo pick up de Infantería de Marina, cuatro vehículos para traslado de personal, cinco ambulancias, cuatro retroexcavadoras y 34 vehículos pesados.
Además de contar con el apoyo de un buque multipropósito, dos buques oceánicos, tres embarcaciones tipo Defender, dos embarcaciones tipo “Go Fast” y dos embarcaciones tipo “Zodiac”.
Así, bajo la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador, las distintas instituciones de gobierno de nuevo se unieron en beneficio de la población ante el desastre que se vive en Acapulco y que se prevé, dure por un tiempo.





