• El pensamiento militar se basa en un enfoque de seguridad del Estado en sus tres vertientes: pública, interior y de seguridad nacional.
Y la participación en áreas y acciones no estrictamente castrenses tienen su fundamento legal en el apoyo militar a obras sociales del Gobierno aceptadas y fundamentadas en la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea.
• En términos constitucionales, los militares pueden participar en la vida política y civil una vez que se separen del servicio activo y se ajusten a las leyes y tribunales civiles.
Esta reglamentación permite la eliminación de fueros de guerra en actividades civiles.
• El pensamiento militar es muy útil enfoque de seguridad que involucran perspectivas de resistencia en equilibrios internos y externos de poder.
En Estados Unidos, por ejemplo, el territorio de la seguridad nacional les da prioridad a enfoques militares, en tanto los conflictos nacionales y externos involucren el acoso o la confrontación como otros poderes criminales o internacionales.

• La seguridad nacional y la seguridad interior se basan en el criterio de confrontación con otros poderes que quieren imponer condiciones y espacios a los sectores constitucionales nacionales y en formas de comportamiento que suele moverse fuera de los márgenes de respeto a las reglas legales constitucionales.
• Los regímenes militaristas se definen en función del uso de la fuerza por encima de las reglas de la convivencia democrática, ya sea bajo circunstancias coyunturales o en función de conquistas revolucionarias.
Sin embargo, la duración viable de un régimen militar debe de pasar por su institucionalización política en base a las reglas de la democracia y no quedarse en el uso de la fuerza como el espacio permanente de la estabilidad institucional.
• Los gobiernos militares de México en el siglo XX, del Gobierno del general Álvaro Obregón en 1920 a la finalización del Gobierno del general Ávila Camacho en 1946, abrieron el espacio para la etapa de civilidad en la vida política nacional, primero con los abogados, después con los políticos y más tarde a través de figuras derivadas de la actividad partidista.
• El debate sobre la militarización de la política es irrelevante en México porque los militares pueden participar en política a través del canal institucional de retiro de sus labores castrenses y la posibilidad de optar por el cumplimiento de todas las reglas civiles de la política y del Gobierno.





