Si la exoneración de Trump marcó el principio del fin de la reina demócrata Nancy Pelosi, el Partido Republicano quedó de cara a un dilema ineludible: reorganizarse para catapultar nueva configuración de sociedad y militantes o hundirse con los demócratas.
Los insultos de Pelosi a los senadores republicanos –“cobardes”, les dijo con el rostro distorsionado de impotencia e ira– fue la explosión de su fracaso.
Los demócratas necesitan de respuestas rápidas, dinámicas y sobre todo de relevo generacional: Joseph Biden (79 años) debe replantear el papel de su vicepresidenta Kamala Harris (57 años) y decidir si de una vez adelanta la candidatura de 2024, porque por la edad Biden no puede jugar a la reelección.
Trump (75 años) puede regresar a la candidatura en 2024 con la edad que tiene hoy Biden al tomar posesión o catapultar a su hija Ivanka (40 años) con buen cartel y mejor imagen.
El contexto no puede ser peor para los demócratas.
La derecha y la ultraderecha quedaron consolidadas con la exoneración de Trump, los republicanos perdieron espacios y figuras y la izquierda demócrata joven va a acelerar las contradicciones para adelantar un relevo de élites.
Al comenzar la legislatura la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez había exigido el relevo de Pelosi.

Y el senador Bernie Sanders y la senadora Elizabeth Warren, bien posicionados en las primarias demócratas, van a reactivar sus liderazgos intermedios.
Ahora queda enfocar con minuciosidad la consolidación y nuevos desarrollos de los grupos de la derecha activa y la ultraderecha conservadora y los movimientos de los grupos de activistas milicianos porque quedaron sin castigo y con apoyos policiacos y militares sospechosos.
Los senadores que se negaron a votar contra Trump también mantuvieron en excelente posición política para próximas elecciones.
Los datos se tendrán cuando comiencen las campañas de recaudación popular porque esas figuras van a depender de los apoyos ciudadanos.
La exoneración de Trump se dio sin ninguna recomendación para investigar los grupos tumultuarios, ni para fincarles responsabilidades de terrorismo interno, las iniciativas para legislar sobre terrorismo interno fueron de hecho desarticuladas y el Congreso seguirá siendo el espacio de movilización de grupos ideológicos.
Las elecciones que vienen van a probar las especulaciones sobre el fracaso de Pelosi y su odio contra Trump y la insistencia de los demócratas por juzgar al presidente republicano.
En las elecciones de senadores en el 2022 los republicanos podrán recuperar con facilidad la mayoría en la cámara con la victoria sólo de dos senadores –y podrían ser más– y Trump va a hacer campaña por candidatos aliados.
Y Pelosi quedó mal con sus seguidores y con las nuevas fuerzas demócratas y hasta a Biden le convendría desplazarla del liderazgo mayoritario en la Cámara de Representantes.
En este contexto, Trump fue derrotado en el sistema electoral institucional, pero logró la victoria de quedarse como el jefe del bloque radical republicano con liderazgos débiles en el lado de los institucionales colaboracionistas: George Bush Jr., el exvicepresidente Dick Cheney y el derrotado candidato presidencial Mitt Romney en 2012 no garantizan la reconstrucción del Partido Republicano.





