Agendas, Alertas, Actores: La agenda de México no pasa por la IX Cumbre

Agendas, Alertas, Actores: La agenda de México no pasa por la IX Cumbre

El debate sobre la lista de invitados a la IX Cumbre de las Américas nada tuvo que ver con la complicada y encaminada agenda bilateral México-Estados Unidos, pero si le sirvió al presidente mexicano López Obrador para marcar un punto de distanciamiento de los planes de la Casa Blanca.

El tono del reclamo mexicano al presidente Biden, en todo caso, fue una advertencia que la Casa Blanca que debió de haber procesado de otra manera: el tono autoritario, excluyente y unidireccional de Estados Unidos al fijar la lista de invitados dejó ver con toda claridad la instauración de un mecanismo de certificación política sobre los regímenes de Gobierno en América Latina y el Caribe que han hecho alarde de su condición de gobiernos populares o populistas ajenos a los intereses estadounidenses.

La agenda México-EU está basada en el documento firmado a finales del año pasado y titulado, de manera pomposa, Entendimiento Bicentenario, pero en el fondo se trata más bien de las prioridades estadounidenses en materia de migración, tratado de comercio libre y narcotráfico, con prioridad a los enfoques de la Casa Blanca y casi todos ellos sin un entendimiento real con la agenda del presidente López Obrador.

En el debate sobre la lista de invitados, el presidente mexicano debió entender el estilo unidireccional de la Casa Blanca porque no hubo ningún intento estadounidense para llegar a una negociación.

Estados Unidos aprovechó la Cumbre para fijar sus criterios excluyentes de sobra conocidos en América Latina y el Caribe sin buscar un dialogo de nuevo entendimiento a la pluralidad de la región.

El presidente Biden perdió la oportunidad de replantear la misma relación con América Latina y el Caribe en nuevos escenarios.

Agendas, Alertas, Actores: La agenda de México no pasa por la IX Cumbre

La región del sur del río Bravo está pasando por una etapa de reorganización política que ya no se subordinan los intereses estadounidenses, aunque tampoco se va a sumar a la opción china o rusa.

En el asunto de la IX Cumbre el presidente Biden careció de negociadores estratégicos y centró todo el debate en un juego de tensión dinámica para obligar a López Obrador asistir a las reuniones sin concederle su petición de cuando menos invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, a pesar de la certeza de que no iban a aceptar.

La agenda bilateral tiene sus propios problemas de entendimiento por el enfoque unidireccional de Estados Unidos y su falta de comprensión a los problemas del sur del río Bravo que tienen que ver con la migración, el narcotráfico y la pérdida de control de la frontera bilateral.

Los acuerdos del Entendimiento Bicentenario han carecido de mecanismos de funcionalidad porque en la burocracia estadounidense no existen cuadros estratégicos que le razonen a la Casa Blanca los comportamientos de los gobernantes de la región.

La mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños se quedaron con el sentimiento bolivariano de Hugo Chávez, aunque sin la capacidad de Nicolás Maduro de asumir el liderazgo.

El presidente López Obrador, en la realidad, tampoco quiere ser el líder de América Latina, pero ha mostrado una habilidad sorprendente para aprovechar los errores operativos de la Casa Blanca.

Cuba tiene sus propios problemas y la mediocridad de sus dirigentes políticos junto a la pérdida de sensibilidad del general Raúl Castro ya no le permiten ejercer influencia política en la región.

Y en el fondo, Rusia y China no quieren reproducir el modelo soviético de rublos despilfarrados en países ahogados en la corrupción y la ineficiencia.

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