Agendas, Alertas, Actores: México y AL en el escenario EU-Rusia

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Luego de los años de confrontación México y Estados Unidos en el gobierno del presidente Luis Echeverría (1970-1976), la Casa Blanca se está encontrando con un gobierno mexicano determinado por la búsqueda de una autonomía relativa respecto de los intereses nacionales estadounidenses.

Los dos países no han podido establecer sinceros acuerdos de cooperación, sobre todo por un gobierno estadounidense que todavía no alcanza a entender que otros países tienen sus prioridades nacionales.

Los temas negativos dominantes en la relación bilateral están definidos: migración, narcotráfico, inversión extranjera restringida en el Tratado de Comercio Libre y entendimiento casi lógico de México con los países populistas latinoamericanos.

Hasta ahora no existen evidencias de un involucramiento geopolítico de Rusia o China en América Latina, con una excepción de las relaciones tradicionales de esas dos grandes potencias con la Cuba comunista de Castro, antes Fidel y hoy Raúl, pero con indicios inocultables de que Cuba no significa nada para las sociedades políticas latinoamericanas y su derrumbamiento social interno no tardará en terminar con la viabilidad política de la isla.

La otra excepción se ha mostrado en las relaciones comerciales de Rusia con Venezuela, sobre todo en la venta de armas, pero sin ninguna posibilidad de que el gobierno de Maduro pudiera convertirse en una amenaza invasiva a otros países.

Las demás naciones con gobiernos progresistas y populistas carecen de fuerza para construir algún bloque que busque el apoyo de China o de Rusia.

La preocupación estadounidense sobre la posible influencia de China y Rusia en la región latinoamericana se mueve por los viejos resortes ideológicos de los miedos al comunismo, sin entender que la lógica que ha sostenido a estas dos naciones socialistas responde a contradicciones internas sin capacidad de expansión extraterritorial.

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Cuba recibió miles de millones de rublos soviéticos, pero se negó a funcionar como un satélite obediente de Moscú y la vieja Unión Soviética entendió demasiado tarde que estaba gastando su dinero en un posicionamiento que nunca podría ser militar, como se aprobó en 1962 con el repliegue en la construcción de bases de misiles soviéticos ante la amenaza estadounidense de una guerra nuclear y Moscú sacrificó sin miramientos al radical Fidel Castro.

Los gobiernos progresistas latinoamericanos han derivado en formas populistas que se sustentan en liderazgos individuales personalistas de gobernantes que se quieren eternizar en el poder, como es el caso patético de Nicaragua.

Fuera de ello, los liderazgos populistas carecen de estrategias de defensa radical de recursos naturales o de plantas industriales e inclusive casi todos están buscando alianzas comerciales con Estados Unidos.

México no busca confrontará Estados Unidos, pero el enfoque del nacionalismo tradicional del presidente López Obrador ha encontrado resistencia y enojo en las burocracias estadounidenses de seguridad nacional, a pesar de que ambos países tienen un poderoso y sólido tratado comercial que los obligaría a encontrar soluciones dentro de la globalización del capitalismo productivo.

Sin embargo, es de esperarse que la Casa Blanca comience a invocar el discurso irracional de la expansión socialista rusa y china como una forma de obligar a los gobiernos progresistas a subordinarse a la lógica imperial de Estados Unidos.

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