Ahora por la fuerza

Ahora por la fuerza

A pesar de las insistencias que han probado la ineficacia del uso de la fuerza en la solución del gravísimo problema del consumo de drogas, el gobierno del presidente Donald Trump ha pasado a la ofensiva operativa contra cárteles del narcotráfico que son los responsables del contrabando de droga hacia el interior del territorio americano.

Ataques con armas de fuego a lanchas que presuntamente transportaban droga, expedientes judiciales que exigen extradición de narcopolíticos latinoamericanos y desde mediados de junio la decisión estratégica mayor de autorizar el ataque criminal de un dron en territorio de Venezuela para bombardear de manera destructiva un espacio urbano en el que presuntamente vivía uno de los líderes del narcoterrorista de Tren de Aragua.

Todo indica que el alcance de la estrategia del presidente Trump contra las drogas que ingresan de fuera del país para destinarse al consumo de más de 50 millones de adictos tendrá un efecto menor en las disponibilidad de drogas ilícitas, un impacto negativo en adictos que no tendrán ya fácilmente acceso a los productos ilegales y sin duda que saldrán afectados por alzas de precios y la persecución del narco políticos en países productores no afectará una industria ilegal que depende no de los enojos de la Casa Blanca sino del consumo de drogas que sigue y que siendo creciente entre la población estadounidense.

El equipo de funcionarios del Gobierno de Trump que se encarga de la estrategia de combate al narcotráfico se mueve en función del tono beligerante de la Casa Blanca contra los productores, pero seguirá ignorando que el problema de la droga realmente no está en la oferta porque aplasta un cártel y de sus despojos nacen diez, sino de la gran decisión que no se quiere tomar en Washington: combatir el consumo de estupefacientes.

El otro problema derivado de la estructura de los cárteles en el extranjero radica en que las autoridades estadounidenses no le pusieron atención en el pasado al crecimiento de las estructuras dentro del territorio americano de los cárteles productores fuera del país. Aquí hemos insistido que los reportes anuales de la DEA revelan que por lo menos unos 20 carteles de la droga en América Latina y el oriente del planeta ya constituyen grupos de poder en los estados consumidores.

Pero conociendo el funcionamiento interno de la política americana, en EU nunca van a regular ni a criminalizar el consumo de drogas.

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