Alto Mando: “La Gran Fuerza de México”

Alto Mando: “La Gran Fuerza de México”

Los mexicanos no nos equivocamos cuando consideramos al Ejército Mexicano como la “Gran Fuerza de México”.

Pocas instituciones, sino es que ninguna, goza del respeto, admiración y confianza de todos los mexicanos como las Fuerzas Armadas a quienes su integridad, lealtad y disciplina les ha dado el lugar que merecen en la vida pública de nuestro país.

El Ejército se creó para resguardar, proteger y servir al ciudadano que conforma la Patria, reconoce en cada uno la cara de México al que juró servir por encima de su propia integridad.

En momentos de desolación, miedo e incertidumbre por desastres naturales o provocados por el crimen organizado, los soldados reconocen que la Patria somos todos y como tal se entregan.

Desde su creación en el año de 1913 el Ejército Mexicano ha tenido como propósito defender la integridad, independencia y soberanía de la nación.

Sin embargo, a lo largo de su historia y respondiendo a las circunstancias de cada época y tiempo, sus funciones se han ampliado en beneficio de la población, entre las que destacan el apoyo en condiciones de desastres naturales y de inseguridad, así como la de coadyuvar con el desarrollo nacional.

El México actual no ha podido escapar de los acontecimientos mundiales que influyen y provocan la necesidad de adaptar y ajustar funciones para la intervención legal y propicia del ejército en tareas públicas que en el pasado no tenía asignadas, tareas que gracias a la disciplina y capacidad de organización que lo caracteriza, le ha dado a la sociedad y al gobierno la seguridad y confianza de lograr el adecuado manejo en la crisis sanitaria que se vivió y se vive en todo el mundo.

Los centros hospitalarios con los índices más bajos de mortalidad fueron los manejados por el Ejército, la institución que tuvo el menor índice de contagios del personal de salud fueron los manejados por el Ejército.

Alto Mando: “La Gran Fuerza de México”

Los puestos mejor organizados de vacunación fueron los instalados en las dependencias militares que se asignaron.

El traslado tan delicado y la distribución de vacunas en coordinación con la Guardia Nacional han sido impecables.

Hoy más que nunca el gobierno federal confía de la lealtad incondicional a la Patria de las Fuerzas Armadas y se apoya en ellas para gobernar.

Sin embargo, son tiempos aciagos para el mundo y para México en particular, las organizaciones delincuenciales viven su esplendor de poder, mejor organizado, mejor coordinado y mejor armado, pero también más dividido y más violento entre sí.

El listado de cárteles parece infinito, como las disputas por ampliar sus territorios.

La seguridad interna de nuestro país es una de las funciones prioritarias que tiene nuestro ejército y como tal se encuentra entre las disputas de los cárteles, las tibias órdenes del ejecutivo y la exigencia de la población.

No sé cuántos soldados y cuántos efectivos de la Guardia Nacional olvidaron incluso el “Día del Ejército” por estar en los frentes de esta guerra declarada por delincuentes y por muchos pobladores que ven en los cárteles la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.

Pueblos abandonados por las autoridades de todos los colores que carecen de calles, servicios públicos, atención médica, escuelas dignas o incluso carecen de ellas.

Cuando vemos a un soldado como Ejército o como Guardia Nacional lastimado o herido en su persona o en su orgullo, nos invade la admiración por su estoicismo, prudencia y carácter forjado para resistir, pero también compartimos con ellos, como seguro lo comparten sus mandos, la indignación de no poder reaccionar para defender y defenderse y conservar la calma para aguardar el momento en que se le ordene actuar.

Valientes soldados a los que el bienestar de sus hijos, mujer o padres les mantiene firmes y motivados para resistir las horas de trabajo sin descansar, las inclemencias del clima o las comidas a medias por las condiciones apremiantes que demanda el lugar.

Orgullosos de los soldados que en situaciones de emergencia son designados a reforzar las fuerzas de seguridad local, en municipios o poblados que lógicamente no cuentan con instalaciones donde puedan cuando menos descansar.

Así es, los soldados del México de hoy son “La Gran Fuerza de México” y el orgullo nuestro que me hace recordar el poema que permanecía enmarcado en la oficina de un gran general, regalo del Presidente que agradeció hasta su muerte su lealtad.

“Yo era lo que nadie más quería ser.

Yo fui donde nadie más quería ir.

Yo terminé lo que nadie más quería empezar.

Yo nunca pedí algo a los que nunca dan nada.

Yo miré al terror a la cara.

Yo sentí el escalofrío del temor.

Yo me regocijé en momentos de amor.

Yo lloré, sufrí y tuve esperanza.

Pero, sobre todo, viví esos momentos que otros dicen es mejor olvidar.

Cuando llegue mi hora, yo podré decir a los demás que estoy orgulloso de ser lo que he sido…

Un Soldado”.

Autor Anónimo.

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