No se habla de otra cosa, ni entre la gente, ni en los medios, mucho menos al interior del Ejército Mexicano. El mando de más alto rango de la Secretaría de la Defensa en el sexenio de Enrique Peña Nieto, hoy se encuentra detenido en los EU por narcotráfico. El golpe más duro que ha recibido, quién sabe por quién, la Institución con mayor credibilidad y aprecio para los mexicanos.
El Ejercito Mexicano ha participado históricamente en la vida pública, política y social del país, siempre cerca de la gente en sus momentos más difíciles, ganándose el respeto y la admiración del pueblo verdadero. Siempre con la frente en alto a pesar de los pesares, porque también históricamente se ha convertido en un chivo expiatorio para muchos jefes de estado. Hoy creo que nadie hubiera podido predecir lo que al interior del ejército estaría sucediendo, cómo es que nadie pudo evitarlo, cómo es que se permitió que un general con la historia personal del General Salvador Cienfuegos viviera lo impensable junto a su familia.
Lamentable que un gran General esté pasando por el deshonor más grande que puede sufrir un militar con más de 50 años de servicio, hombre de principios, de desempeño intachable con la que se ganó la lealtad de quienes trabajaron a su lado. Pero más allá de la tragedia para la familia Cienfuegos Gutiérrez, la misma o peor ha afectado también a México. No sólo porque por primera vez fuera de nuestras fronteras se detiene a un hombre que portó el más alto cargo militar, un líder capaz de inspirar en la formación de futuros generales, sino porque junto con él se pone en duda la integridad del Ejército de nuestra nación.
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Una detención que ha lanzado más voces en su defensa que en su contra. Un hecho que ha generado la indignación sobre todo por la manera en que se permitió ocurriera lo inimaginable. Se queda en el sabor de todos sus integrantes, la posibilidad de haberse podido evitar con voluntad y respeto a su rango, a los años dados y por el derecho de presunción de inocencia.
Si el Presidente fue informado en persona por Martha Bárcenas 15 días antes de la detención sobre “rumores” de que el General estaba siendo investigado, está en duda si ambos conocían lo que iba a suceder, pues una de sus funciones en EU es estar al tanto de investigaciones de tal envergadura, es exigir junto con el Canciller de México, respeto por nuestra soberanía al informar sobre las investigaciones que se están llevando en ambos países por parte de la DEA.
Por otro lado los militares aún en condición de retiro dan parte a SEDENA cuando salen temporalmente del país, así mismo ésta lo hace a la agregaduría del destino del militar, porque merecen de protección ante cualquier eventualidad, de esa forma la embajadora pudo haber sabido fecha y lugar en donde el Gral. Cienfuegos entraría a territorio estadounidense y evitar que se diera en las condiciones en las que se dio.
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Es importante señalar el nivel de intervención que EU tiene al interior de nuestro país al margen de las unidades de inteligencia propias. La expresión de “no se vale” que hizo el Presidente de la República sobre que la DEA participe en nuestro país vinculando a instituciones mexicanas para obtener información y terminar decidiendo de manera unilateral y al margen de nuestra autoridad merece, más que un “no se vale”, una pronunciación en contra de estos hechos y de la exigencia de las pruebas que imputan al general mexicano.
Es inconcebible que el testimonio de delincuentes que por sus comentarios acusatorios, logren desplegar, de la manera en que se hizo, un operativo como si se tratara del peor traficante de drogas, jamás buscado, sin importar el impacto a menores, esposa e hijas. No es la primera y seguramente no será la última vez en que la palabra de maleantes protegidos es más que suficiente para cercenar la vida de un militar.
México ha sido agraviado queramos o no reconocerlo, porque históricamente el Gobierno siempre ha tenido una relación binacional de colaboración en el combate al narcotráfico en donde probablemente está condicionada al respeto a la soberanía, sin embargo, EU se atreve sin ningún resquemor a pasar por encima de cualquiera de nuestras autoridades, sobre todo, en momentos electorales en donde la detención del general para los norteamericanos resulta atractiva y bien recibida por ser la sociedad indeseable del lado Sur.
Inverosímil la acusación al general, resulta una gran afrenta para el Ejército por lo que implica un señalamiento de esta magnitud. La cadena de mando del nivel de un Secretario es tan extensa, que resulta imposible evitar involucrar a personal militar también de alto rango en las mismas operaciones que se le imputan.
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Los delitos que se le persiguen de fabricación, distribución e importación de todo un catálogo de sofisticadas drogas, implicarían que Marina y Fuerza Aérea necesariamente conocieran muy de cerca las acciones del Secretario de la Defensa, incluso que éste utilizara los recursos de estas corporaciones para lograrlo, es impensable que hubiera podido actuar al margen de ellas. Más aún si recordamos que la Secretaría de Marina estaba encargada de la mayoría de operativos contra el narcotráfico y que además entre el Almirante Soberón y el Gral. Cienfuegos habría un distanciamiento por el protagonismo del primero en dichas operaciones.
Los hijos somos testigos de lo que significa lograr una exitosa carrera militar, para ellos significa sacrificar hijos, esposa, familia para cumplirle incondicional y estoicamente a su nación. Suena absurdo que el Gral. Cienfuegos arriesgara ésta involucrándose en acciones de primer nivel dentro del narcotráfico, un Secretario de la Defensa no tiene ni la necesidad ni la oportunidad para hacerlo.
Preocupante es que quedara al descubierto la muy probable acción de espionaje de que la DEA en su desempeño en nuestro país, con toda libertad puede vigilar en su intimidad a funcionarios del Gobierno de México, Gobernadores, Secretarios de Estado e incluso, al mismo Presidente de la República. Estaremos en espera de conocer el sentir de la Secretaría de la Defensa Nacional a fin de conocer sobre el ánimo de las FA y de la posibilidad de coadyuvar a la investigación para resarcir el honor de la Institución en la que hoy el Estado ha puesto toda la confianza en diversas y sensibles tareas.





