La historia se puede comparar, se documenta para poder revisarla, estudiarla, aprender de ella y no repetirla. Te cuento una época o te recuerdo de ella, eran los años 90 y una hermosa ciudad en América Latina sufría como víctima de dos monstruos que cuando convergen son fatales: el narcotráfico y la delincuencia organizada; el primero sin duda se ejecuta siempre con el segundo.
Medellín, era el epicentro del narcotráfico en Colombia en los años noventa y el control de una ciudad y su población se rindió al poder del cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, principal proveedor de drogas hacia los Estados Unidos. La ciudad entera sufría principalmente de violencia extrema, guerras urbanas, prácticas terroristas (autos bomba), secuestros, homicidios, control territorial, censura a la prensa, las autoridades estaban corrompidas, la población sometida y cómplice.
La forma en la que los narcotraficantes aprovecharon la pobreza y necesidad de la población fue conquistarlos a través de cubrir sus necesidades de vivienda, parques, entregando dinero, generando “empleos” para los jóvenes e incluso obligando a los jóvenes a unirse a sus filas (no era opción) y hablamos de los grupos paramilitares que fueron un medio de respuesta organizado por el cartel para no perder el control del territorio.
Durante las décadas de 1980 y 1990, las cifras de violencia fueron alarmantes en Medellín, cerca de 20 homicidios por día; llegó a cifras de 6,349 en el año 1991. Entre 1985 y 2012, Colombia reportó más de 220,000 muertes relacionadas con el conflicto armado, la mayoría de los muertos en Medellín y sus alrededores, todo relacionado con el narcotráfico y las condiciones sociales de violencia que se vivían.
El narco en EEUU
No se sabe el número exacto de víctimas por los desplazados y desaparecidos. Los periodistas objetivos eran desaparecidos, asesinados y callados. Y ante todo esto que ocurría el mundo asombrado, preocupado de las noticias y aterrorizado, se encontraba impactado por primera vez de lo que había causado el fenómeno del narcotráfico. Lo que pareciera un estado fallido y perdido lograría ver la luz, con asombro la recuperación de la paz.
La recuperación de Medellín es un caso de estudio e interés para los expertos de seguridad, un proceso que implicó un modelo de urbanismo social, seguridad, inclusión y liderazgo político; se entendió que la prioridad y lo que se tiene que salvaguardar y rescatar es a la población.
El plan se centró en urbanismo social e infraestructura (transporte, metro cable, comunicación), espacios seguros, bibliotecas, parques, empleos, intervención de gobiernos exteriores a través de apoyos económicos, demostración de poder y fuerza a través de intervenciones (operación Orión), programas sociales y promoción de la inversión. El rescate de Medellín no lo logró sólo de Sergio Fajardo (Alcalde 2004-2007), resultó de voluntades y trabajo de líderes, instituciones y ciudadanos.
Eso fue lo que hace 30 años le pasó y sufrió Medellín. Al leer lo que vivía y cómo se encontraba sometida una ciudad que normalizaba la violencia, se auto imponían toques de queda, se paralizó su economía que se centró y desarrolló en el narcotráfico lo primero que nos viene a la mente en este momento es Sinaloa.
Perspectiva de género en Seguridad
No puede ser que 30 años después normalicemos y perdamos la capacidad de asombro, hay niños, familias enteras, una población de más de tres millones de habitantes en un estado que vive una guerra civil producto del enfrentamiento de carteles cuyo principal interés es tener el control del territorio que históricamente ha sido el estado cuna del narco.
Cuando pensamos en las condiciones de seguridad que vivimos en esta época, la mayoría de las veces en la reflexión el resultado o la respuesta culpa a los gobiernos sobre las condiciones que vive una zona, ciudad o un país entero y omitimos la responsabilidad de todos los agentes que convergemos: gobierno, instituciones, organizaciones civiles y la familia.
CONVULSIONAMOS, socialmente estamos siendo víctimas de una decadencia de educación, valores, instituciones confiables, buenas y correctas prácticas. La intervención federal es necesaria para recuperar la paz de Sinaloa, pero como podemos observar de la historia y experiencia de Medellín, la paz se logra con una población con voluntad y participación en el plan.
El vínculo entre Medellín y Sinaloa radica en el tráfico de drogas, ambos lugares comparten un rol clave en la estructura del narcotráfico global, hablamos de alianzas históricas, producción, distribución, intermediación, las similitudes como regiones centros de operación de los poderosos carteles, la pobreza, desigualdad, violencia y gobiernos corrompidos.
Seguridad y Defensa: Yalta 2.0
Todos hablamos, opinamos y criticamos duramente los hechos que se viven de inseguridad; la tarea no es fácil, sobre todo cuando la población está convencida y conquistada de la “fácil y ostentosa” vida que se puede lograr a través del narcotráfico.
La recuperación de la paz y la seguridad en Sinaloa es sin duda una tarea de la fuerza federal que debe acompañar al gobierno local; se tiene que lograr que se normalice la vida, reducir los homicidios (no tenemos una cifra por los desaparecidos y no confirmados) y se hará con cautela política a fin de recuperar a la población y sacarla de su convulsión.





