América Latina, sin rumbo

América Latina, sin rumbo

A lo largo del siglo XX, América Latina anduvo en busca de un pensamiento económico propio a su idiosincrasia como naciones originarias en el continente americano y a partir de ahí generar posibilidades de acuerdos productivos regionales. Pero los esfuerzos no fueron suficientes, a pesar de que siguen con posibilidades algunas ideas y planteamientos que hizo la Comisión Económica para América Latina en los años sesenta.

Como economías productivas, las latinoamericanas quedaron siempre subordinadas o dependientes a lo que sobraba de Estados Unidos. En 1989, el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari toma la iniciativa de crear un mercado común norteamericano asociando a México con Estados Unidos y Canadá, pero en esas negociaciones se olvidaron de América Latina y de que México hubiera podido ser una puerta de entrada a ese gran mercado común.

A la vuelta de 31 años, viene Trump y todo lo quiere reorganizar, aunque hay que reconocer en descargo que el Tratado de Comercio Libre solo fue un acuerdo de carácter arancelario y no ordenó la capacidad de modernización productiva de México. Peor aún, México atravesó por un proceso de desindustrialización que le abrió la puerta de atrás a otras economías con capacidad tecnológica de producción de bienes intermedios para las exportaciones.

El Caribe es como el patito feo o el hermano menor de América. Sus niveles de desarrollo son demasiado bajos como para poder participar en fases de industrialización integrada. E inclusive solo Brasil, un poco Argentina y algo Venezuela son naciones que pudieran de alguna manera ser potenciadas en integraciones comerciales con un mercado de producción y también como mercado de consumo.

América Latina, sin rumbo

Pero el problema es mayor cuando se observa que Trump no trae un proyecto de desarrollo industrial nacional que pudiera potenciarse hacia otras naciones, sobre todo porque está obligando a las naciones que expandieron sus plantas productivas hacia México y Canadá a regresar a la centralidad estadounidense y abandonar acuerdos productivos ya formalizados. Lo grave de todo es que Trump está utilizando el Tratado para doblegar políticamente a México y a Canadá no solo a subordinar decisiones económicas y productivas, sino a alinear políticas soberanas internas a los intereses geopolíticos estadunidenses en materia de seguridad.

En este escenario, a los bloques latinoamericano y caribeño que han pululado en torno a Estados Unidos les esperan mayores años de abandono, con la circunstancia agravante de que las naciones de esos grupos se olvidaron de generar pensamiento productivo y se conformarán con las migajas del capitalismo estadounidense.

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