A trece meses de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2024, los demócratas se encuentran pasmados ante el escenario muy limitado del presidente Joseph Biden no tanto para alcanzar la candidatura demócrata, sino para mantener la gestión polémica de su presidencia, perfilar su posible reelección y aguantar una competencia feroz con el expresidente y precandidato republicano Donald Trump.
Mientras el expresidente republicano pasa pruebas judiciales que están consolidando su carácter frente a la adversidad, el presidente Biden es objeto de un debate sobre su capacidad de coherencia intelectual frente a decisiones personales que tendrán importancia fundamental en el momento de las elecciones.
La estrategia demócrata ha entrado en una zona de incertidumbre: los indicios estratégicos revelan que Biden no tendrá la capacidad demostrar una lucidez para la reelección, pero el Partido Demócrata todavía no encuentra la decisión para comenzar siquiera a explorar figuras de emergencia. Antes del debate demócrata del 24 de agosto, en los grupos estratégicos de los demócratas seguía vigente la decisión de no permitir la exposición de la vicepresidenta Kamala Harris como posible candidata sustituta, porque su presencia mediática de manera inmediata disminuiría al presidente Biden.
Se los dijeron muy a tiempo
Y no faltan voces demócratas que estén tratando de enviarle mensajes al expresidente Barack Obama para permitir que su esposa Michelle sea considerada cuando menos aspirante, pero los grupos de enfoque dentro de la Casa Blanca creen que una cosa es una simpatía mediática personal y otra cosa muy diferente la representación de un bloque de interés político concreto para competir por las riendas del poder estadounidense.
Hillary Clinton tuvo que pasar por un periodo corto como secretaria de Estado del gabinete del presidente Obama para considerarla con un entrenamiento indispensable en geopolítica y poder, además de sus años como senadora en el Congreso. Y aun así, Hillary no alcanzó desde su posición como mujer a convencer al electorado de que podría representar la hegemonía imperial estadounidense.
Si el deterioro físico del presidente Biden se mantiene en los próximos seis meses, a comienzos del año próximo se comenzará a ver la movilidad de la vicepresidenta Harris ya en situaciones de ejercicio del poder, pero siempre con la desconfianza de que su pasado burocrático como fiscal estatal en California no fue suficiente para ejercer el papel estratégico de vicepresidenta.
La agenda política de dominación nacional e internacional de Estados Unidos resultó demasiado compleja para el estilo pasivo del presidente Biden y por lo tanto no le alcanzará su primer cuatrienio para conseguir la reelección.





