Análisis estratégico: Cuba, sin América Latina

Cuba América Latina, Vicente Fox y Fidel Castro

Si México le dio legitimidad histórica a la revolución cubana en 1962 al negarse a la exigencia estadounidense de romper relaciones con el gobierno comunista, a México también le tocó la nada grata oportunidad de terminar con el liderazgo político de Fidel Castro cuando el presidente Fox le pidió al líder de la Sierra Maestra que asistiera a la comida interamericana y que luego abandonara el país para no incomodar al presidente estadounidense George Bush.

Cuba siempre fue un referente ideológico para México, pero con la claridad de las percepciones de que ninguna izquierda mexicana quería en su momento un gobierno comunista mexicano como el de Fidel Castro. Eso sí, el sector progresista del PRI y el ala burocrática del régimen utilizaron siempre a Fidel Castro como un espantapájaros ante Estados Unidos para conseguir ventajas propias con el argumento de que cierto progresismo mexicano ayudaría a atemperar las tentaciones comunistas.

La historia tiene además otras ironías. La figura mexicana que también contribuyó a darle a Fidel Castro el liderazgo latinoamericano fue el general Lázaro Cárdenas, quien en 1962 estuvo a punto de subirse a un avión para apoyar con su experiencia militar la resistencia a la invasión estadounidense en Bahía de Cochinos y luego construyó un organismo político regional que giraría en torno a la propuesta socialista de la revolución cubana: la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), que en muchas caricaturas se dibujaba como una ola invadiendo las playas imperiales estadounidenses.

EU: hegemonía imperial

De aproximadamente mediados de los años cincuenta a comienzos de los años setenta, la revolución cubana fue un punto de definición ideológica clave de las izquierdas mexicanas. De manera paradójica, el Partido Comunista Mexicano, que era el aliado ideal de la revolución cubana, rompió con Fidel Castro en 1968 por el apoyo del líder cubano a la invasión soviética en Checoslovaquia con tanques para aplastar la experiencia de socialismo democrático.

Asimismo, la izquierda comunista mexicana nunca vio con buenos ojos la relación personal y cómplice de Fidel Castro con el todopoderoso jefe de la policía política represiva del régimen priista, Fernando Gutiérrez Barrios, al grado de erigirle en secreto y en un lugar secreto una estatua al jefe de la dirección federal de seguridad encargada de reprimir a los militantes comunistas.

Otra de las traiciones de Fidel Castro al cardenismo ocurrió en diciembre de 1988 cuando el comandante en jefe cubano arribó, vestido con uniforme militar de gala, a la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari como presidente de México, después de haber desbarrancado con irregularidades electorales a su principal adversario Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del expresidente Cárdenas. Fidel Castro olvidó el apoyo del general Cárdenas a la revolución cubana.

El expresidente Cárdenas había sido invitado especial del gobierno revolucionario cubano en julio de 1959, a pocos meses de la victoria, para participar en la ceremonia central en la plaza de la revolución, mientras, justo a la hora del protocolo revolucionario, el comandante Camilo Cienfuegos en función de guarura castrista arrestaba al comandante Huber Matos por haber acusado a Fidel Castro de estar conduciendo a Cuba al comunismo. Matos estuvo preso veinte años en las cárceles castristas.

Solo hay dos polos, no tres

El régimen priísta encontró una cómoda coartada ideológica en la revolución cubana, pues suponía una equidistancia de revoluciones con la mexicana, aunque el movimiento mexicano había derivado en un ciclo de represiones ideológicas de gobiernos priístas a la izquierda socialista a través de la federal de seguridad de Gutiérrez Barrios, sin que Cuba protestara por solidaridad ideológica. Algunos priístas llegaron a decir que la izquierda mexicana se había consolidado en el PRI por su parecido con la revolución cubana.

El Gobierno de López Mateos se negó a romper relaciones con Cuba, un poco por razones internas debido a la polarización ideológica en los años de su Gobierno entre la alineación social a Cuba y la construcción de un sentimiento anticomunista articulado por la derecha conservadora empresarial y religiosa.

Las marchas al grito de “cristianismo sí, comunismo no”, y la oportunidad de un punto referencial de autonomía relativa en política facilitaron los espacios de López Mateos. Díaz Ordaz aprovechó el contrapeso cubano para contener las exigencias imperiales estadounidenses, además de que le permitió profundizar la represión a la izquierda socialista. Echeverría y López Portillo obviaron explicaciones progresistas con el apoyo a Cuba. Y Salinas de Gortari aprovechó a Fidel Castro para legitimar su gobierno lastimado por el fraude electoral de 1988.

Los agobios de Europa

El pragmatismo de Zedillo abandonó a Cuba por el reforzamiento de las relaciones de dependencia económica con EE. UU. debido al tratado de Comercio libre y al enfoque conservador económico globalizador del presidente mexicano. Fox, azuzado por su canciller Jorge G. Castañeda, ya en fase de anticomunista anticastrista, terminó de liquidar cualquier relación de amistad política entre México y Cuba. Para el año 2000, Fidel Castro aparecía ya como el padrino de la revolución bolivariana de Hugo Chávez y como punto de referencia de los gobiernos nacionalistas de Argentina, Perú, Bolivia y Ecuador.

El problema de Cuba fue su enfoque autoritario unilateral para exigir sumisión a los demás países latinoamericanos y no para construir una comunidad regional. Ante la actual crisis cubana, América Latina aparece lejana y con poco interés por compartir desprestigios con la dictadura represiva de Cuba y distante a cualquier relación con el hosco dictador Raúl Castro

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