Análisis estratégico: El CSN, gobierno de sombras

Jake Sullivan consejero de seguridad nacional

La visita a México el miércoles 11 de agosto del consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, fue significativa para mostrar una de las cartas estratégicas fundamentales de la Casa Blanca: el traslado de la agenda mexicana del burocratizado Departamento de Estado al gobierno en la sombra que representa el Consejo de Seguridad Nacional (CSN).

No es la primera vez que el CSN aparece en México. Se recuerda que, en 1985, el Consejo operó una de las iniciativas clandestinas imperialistas más frustrantes del gobierno de Reagan: la operación Irancontra para triangular droga, dinero y armas a través de México, Irán y Nicaragua, mientras la Casa Blanca desarrollaba presiones agresivas contra México para paralizar su política exterior e imponer los intereses estadounidenses.

El periodista Bob Woodward cuenta en su libro Velo. Las guerras secretas de la CIA, de 1987, que el presidente Reagan había ordenado a la agencia de inteligencia fabricar un reporte especial, sin apoyo de las políticas de seguridad, para demostrar que México era un caos y que la Casa Blanca tenía que hacerse cargo de la seguridad mexicana. El reporte nunca salió porque el encargado del escritorio México en la CIA, un agente que había formado parte de la estación de espionaje en la capital mexicana, John Horton, se había negado a crear un expediente sin información de inteligencia.

Trump va en serio

El Consejo de Seguridad Nacional es un organismo que nació con toda la estrategia estadounidense en 1947 para crear un gobierno secreto de seguridad nacional en la Casa Blanca. Como consejero de seguridad de Nixon y luego secretario de Estado, Henry Kissinger utilizó al Consejo para maniobras ilegales porque el organismo carece de supervisión del Congreso.

En el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Reagan estuvo un analista académico de temas de inteligencia, más tarde agente de la CIA y después director de asuntos latinoamericanos del CSN, Constantine Menges, quién fue el que impuso en 1979 la tesis de que México era un “caos tipo el Irán del ayatolá Jomeini”, pero justo a las puertas de la frontera sur de Estados Unidos. Junto con el embajador John Gavin, Menges desestabilizó México en 1985 aprovechando el conflicto suscitado por el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar.

El presidente Biden emitió el 4 de febrero de este año 2021 una directiva para reconstruir y fortalecer el Consejo de Seguridad Nacional y convertirlo en un gobierno paralelo al institucional controlado por el Congreso. Prácticamente todas las oficinas de gobierno forman parte de esta nueva estructura y destaca, entre todos, la incorporación de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés) que ha sido designada como la encargada directa de las relaciones con México.

La agenda de la posmodernidad

Esta agencia tendría un cuarto y quinto nivel en la jerarquía de poder de la Casa Blanca, lo que mostró el desdén el presidente Biden hacia el gobierno mexicano.

La visita de Sullivan, un burócrata de segundo nivel en la vicepresidencia de Biden en 2009-2016, tuvo la intención de realinear y alinear la política interna mexicana en temas de narcotráfico, crimen organizado, migración y comercio bajo los intereses directos de la Casa Blanca. Un tema central que se trató en las reuniones en México fue el de regresar la estrategia mexicana contra el narcotráfico a los intereses y dinámicas violentas de Washington.

La dificultad que tiene Estados Unidos con respecto a México radica en el hecho de qué los temas bilaterales se han convertido en multilaterales porque el narcotráfico, el crimen organizado, la migración y el comercio involucran a otros países con los cuales México tiene mejores relaciones. El caso de la migración ha sido un fracaso de la administración Biden por la incapacidad de la Casa Blanca para entender la crisis en Centroamérica y la falta de soluciones en el corto plazo.

Por lo tanto, la Casa Blanca necesita con urgencia un acuerdo y entendimiento especial con México para frenar la migración, pues, como se percibió en el gobierno de Trump, no todo es obligar al gobierno mexicano a poner un muro de guardias nacionales en Chiapas y en la enorme franca fronteriza bilateral para frenar con violencia las caravanas cada vez más crecientes de migrantes. La vicepresidenta Harris hizo un intento por convencer a México, pero careció de alguna propuesta coherente y decente que entendiera la autonomía relativa de México con el presidente López Obrador en materia de causas sociales de la migración.

La agenda de la posmodernidad

De todos modos, el consejero Sullivan simplemente incorporó en su reporte al presidente Biden el hecho de que México y Estados Unidos, en su viaje, “hablaron sobre planes para la cooperación estratégica en seguridad” y la Casa Blanca dejó claro que está relación específica es “un pilar central” de la relación bilateral. Sin acuerdos concretos, la visita fugaz de varias horas de Sullivan a México trajo una agenda cargada de expectativas y regresó a Washington con una agenda de frustraciones.

El problema con la administración Biden se localiza en el hecho de qué se trata de un gobierno, en sentido estricto, imperial y sin capacidad para negociar, acordar o pactar acuerdos con otros países que quieren ejercer su soberanía nacional. Las decisiones lopezobradoristas para bloquear actividades unilaterales de seguridad de Estados Unidos en México son el principal obstáculo que será muy difícil que el gobierno mexicano las remueva a contentillo de la Casa Blanca.

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