La crisis político-electoral en España ante la necesidad de la construcción de una mayoría parlamentaria despertó el tigre de la guerra civil 1936-1939: la instauración de la República y la respuesta militar de la monarquía.
La elección de un nuevo gobierno se resolvió el jueves con el voto de los grupos políticos separatistas e independentistas a favor del presidente en funciones Pedro Sánchez fue interpretada como la construcción de un autoritarismo populista personal.
Sin embargo, varios signos y señales dejaron ver un problema mayor: en la jura del nuevo gobierno, el rey Felipe VI hizo muy evidente su rostro de repudio a Sánchez y el presidente reelecto dejó ver un gesto que preocupó al sector monárquico: en lugar de una inclinación de la parte superior del cuerpo ante la autoridad del Rey, Sánchez sólo inclinó hacia abajo la cabeza en una señal más como de saludo que de subordinación o sometimiento.
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En sus últimos dos años de su legislatura, el presidente Sánchez fue muy evidente en mostrar gestos de falta de respeto a la estructura monárquica, a pesar de que el sistema de gobierno español es de monarquía parlamentaria, pero con la figura del Rey como titular simultáneo de la corte y de la Jefatura del Estado. La jura constitucional de la princesa Leonor como sucesora por ministerio monárquico del cargo de reina y jefa del Estado en su momento careció de apoyo político del sistema de monarquía parlamentaria dominado por el Partido Socialista.
El presidente Sánchez dejó públicamente clara la versión de que necesitaba los votos independentistas y separatistas para construir una mayoría y vendió la idea de que prefería una lucha abierta e institucional por algún plebiscito monarquía-república, pero teniendo como fondo datos reveladores de que los socialistas estarían más vinculados a una República que a la monarquía borbónica.
De ahí la percepción de que el voto separatista e independentista no fue para desactivar su lucha clandestina contra la monarquía, sino para construir una mayoría alrededor de un PSOE republicano y no monárquico. Estos datos parecieron explicar las fotografías del rostro severo, adusto, molesto del Rey Felipe VI cuando le fueron a comunicar la construcción de una mayoría parlamentaria socialista-independentista republicana y luego en la ceremonia en la que el presidente juró su cargo ante la Constitución.
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Desde la transición española de 1976-1978, en la sociedad española está pululando la necesidad de un plebiscito para preguntarle a los españoles si quieren ser monarquía o república o, con mayor claridad, si desean ser súbditos o ciudadanos.
La monarquía española entró en una zona de conflicto.





