Análisis Estratégico: Las verdaderas prioridades de Biden

Joe Biden y las prioridades de su gobierno

De manera simultánea, el presidente Biden se movilizó en la segunda semana de junio hacia Europa para encabezar reuniones en el Grupo de los 7 (G7) y también para reactivar la presencia estadounidense en la OTAN, el organismo militar de control que nació para equilibrar el militarismo soviético comunista. En esas fechas también la vicepresidenta Kamala Harris fue designada representante personal del presidente Biden para hacer una visita relámpago de prácticamente dos días formales a Centroamérica, un día en Guatemala y Honduras y seis y media horas sólo en México.

Las dos visitas forman parte de la estrategia provisional de seguridad nacional del presidente Biden, definida al comenzar su administración después de tomar posesión en enero. No incluida de manera formal en esta estrategia, el presidente Biden pareció sacarse de la manga una nueva definición de objetivos de seguridad nacional internacional por parte de EE.UU. después de la guerra fría y la lucha ideológica contra la Unión Soviética vino la época de sustituir el comunismo por el terrorismo sobre todo a finales del siglo XX y con más fuerza después de los ataques terroristas del 9 de septiembre del 2001.

EU: hegemonía imperial

Ahora ya sin el terrorismo como una amenaza agresiva y constante sobre EE. UU. la Casablanca definió que el punto de influencia en la política exterior estaría en la lucha contra la corrupción, sin que se tuvieran elementos suficientes como para definir a la corrupción en una confrontación en este caso militar con Rusia de Putin y con China de Jinping. En todo caso, el tema de la corrupción parece ser central en la definición de las estrategias de seguridad nacional de EE. UU. hacia América Latina o un poco más abiertos hacia países subdesarrollados dependientes de Estados Unidos.

El tema de la corrupción daría un poco para influir o tratar de influir en el rumbo de Centroamérica, sobre todo porque las oleadas de migrantes centroamericanos hacia EE. UU. cruzando México estarían justificadas por la pobreza de los ciudadanos y la persecución por el crimen organizado. La vicepresidenta Harris sacó el tema en su visita sobre todo a Honduras y Guatemala, pero con el dato adicional de que no encontró efectos positivos en los gobiernos que desde luego están señalados como cómplices o promotores de la corrupción para desviar recursos públicos hacia bolsillos privados y no hacia la sociedad.

En el caso de la visita del presidente Biden a Europa la reunión más importante estuvo en el seno de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte porque estuvo descuidada o se dijo que estuvo descuidada por el presidente Donald Trump en los cuatro años anteriores. Sin embargo, la estrategia de Biden es exactamente la misma del presidente Trump: estimular a los países europeos a aumentar su gasto militar y su movilización de tropas en escenarios conflictivos para evitar que todo el peso caiga en las las fuerzas armadas estadounidenses.

Los agobios de Europa

En los hechos, EE. UU. no buscaba deshacer la OTAN o ni siquiera disminuir su efecto, sino disminuir la carga presupuestal que tiene en su presupuesto para con sus aliados europeos.

El estilo atrabancado de Donald Trump fue parte del conflicto porque muchos países aliados se quejaron del maltrato estadounidense y la reducción arbitraria unilateral y de corto plazo del gasto militar estadounidense para la OTAN, obligando en lo inmediato a los países a aumentar su presupuesto cuando tenían que pasar por aprobaciones legales fuera de tiempo constitucional legislativo.

En todo caso, el presidente Biden fue muy claro al decir que EE. UU. no tiene los suficientes fondos para seguir manteniendo por sí solo a la OTAN y que requiere que los países aliados aumenten sus gastos militares y contribuyan a financiar la movilización de tropas, ya que al final de cuentas los beneficiarios de la protección de la OTAN son los países europeos y no EE. UU. que tiene capacidad de movilización de tropas por sí mismo.

El viaje de la vicepresidenta Harris a Centroamérica y México no tuvo los resultados esperados porque careció en primer lugar de una representatividad directa del poder en función de que su cargo de vicepresidenta es honorario, a pesar de que el presidente Biden le ha otorgado plenos poderes de movilización política institucional. Pero los países de América Latina están centrados ya en el hecho de que deben de negociar con la Casablanca y con el presidente de los EE. UU. o sus funcionarios del área operativa como pueden ser el secretario de Estado y el secretario de Defensa.

La iglesia católica como no-poder

Por lo demás la agenda sudamericana que observó la vicepresidenta Harris no fue del agrado de EE. UU.: Nicaragua está violentando las reglas democráticas sin hacer caso a las amenazas estadounidenses para encarar sus elecciones presidenciales en noviembre, el triángulo centroamericano del norte –Guatemala Honduras y El Salvador– enfrentan situaciones conflictivas y de honestidad, con el dato adicional de que el presidente del Salvador está tomando decisiones que estarían fundando ya una verdadera dictadura en ese pequeño país considerado el Pulgarcito de América Latina.

Lo que falta por saber es de qué manera se va a procesar la información recogida por la vicepresidenta Harris en Centroamérica y México y cuáles serían las decisiones operativas para que EE. UU. y de manera directa la Casablanca asuman el control de las crisis en el continente americano, luego de los encuentros y desencuentros de la vicepresidenta con los presidentes de los países visitados.

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