El Gobierno de Estados Unidos perdió la iniciativa en la gestión del viejo orden internacional actual y carece de enfoques para liderar un nuevo rumbo en las relaciones internacionales: la guerra en Ucrania que se alarga, el conflicto Israel-Palestina en la franja de Gaza por el guerrerismo de Hamás que raya en el terrorismo como antes en la OLP, la presencia del narcotráfico como crimen organizado dentro del territorio americano y la incapacidad para contener la migración que en los últimos tres años han permitido el ingreso ilegal de casi seis millones de personas.
En un viaje urgente que carecía de preparación estratégica, el presidente Biden se desplazó más de diez horas para una visita relámpago a Israel, pero no para llevar en cartera alguna solución al conflicto de Gaza, sino sólo para mostrar el apoyo a la facción judía y con intenciones de contener la respuesta brutal israelí que se preparaba para prácticamente borrar del mapa a la franja de Gaza.
Mientras Biden negociaba con el Gobierno de Netanyahu, el presidente ruso Vladimir Putin viajó a Beijing para un encuentro político con el presidente chino Xi Jinping, mandando el mensaje directo a la Casa Blanca de que la guerra de Ucrania era un conflicto geoestratégico del bloque comunista que había logrado sobrevivir y reconstruirse a la caída de la Unión Soviética, poco más de treinta años después.
Análisis Estratégico
Y por si fuera poco, también en el contexto de las crisis en Ucrania e Israel, gobiernos populistas de América Latina promovieron dos reuniones para gestionar el debate –cuando menos, pero sin soluciones propuestas– sobre las corresponsabilidades estadounidenses en las gravísimas crisis de migración y narcotráfico que tienen el territorio estadounidense arrinconado antes las oleadas de cientos de miles de migrantes extranjeros que han roto las normas de seguridad fronteriza y han logrado meterse a la fuerza al territorio americano, además del creciente flujo de drogas que buscan satisfacer la demanda de los millones adictos estadounidenses.
La crisis geopolítica que ha desbordado a Estados Unidos en el último año y medio –desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 al colapso en la franja de Gaza– no encuentra racionalidad en los enfoques estratégicos y de seguridad nacional de la Casa Blanca y menos tiene espacio en la reflexión geopolítica de los sectores involucrados en el equilibrio mundial.
El estratega Henry Kissinger estableció la necesidad de construir un Nuevo Orden Mundial después de la disolución de la Unión Soviética, pero los sectores estadounidenses encargados de los enfoques de seguridad nacional siguen operando en el viejo orden imperial.





