La reunión económica Asia-Pacífico en San Francisco, California, interesó más por ver en acción la nueva diplomacia China abierta en América Latina y el Caribe y en percibir que Estados Unidos sigue careciendo de un nuevo enfoque de alianzas estratégicas regionales.
Fue muy importante ver el presidente chino Jinping conviviendo con el nuevo escenario geopolítico latinoamericano, la vieja tierra de dominación monroísta de “América para los americanos” y percibir a los nuevos liderazgos regionales moverse sin la tutela autoritaria de Estados Unidos y con nuevas relaciones productivas derivadas de regímenes populistas.
Esa reunión aportó datos para entender que Estados Unidos le está abriendo de manera formal las puertas de América Latina y el Caribe a China y su expansionismo económico-productivo, pero en situaciones en que la funcionalidad del mercado económico estadounidense no está respondiendo a los intereses de los países subdesarrollados y dependientes, aunque también reconociendo que China tampoco sería la solución económica y social si en cada uno de los países no existe una construcción empresarial con nuevos enfoques políticos y sociales.
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Algunas interpretaciones señalaron muy de paso que Estados Unidos está prefiriendo una actividad China a la luz pública y no un intervencionismo político subterráneo que afectaría situaciones en conflicto. En los hechos, los países latinoamericanos y del Caribe no parecen querer deslindarse de la tutela estadounidense, sino lo que quieren es autonomía relativa para formatos gubernamentales basados en prácticas populistas que benefician a las nuevas burguesías gobernantes en la región.
El subdesarrollo productivo de los países latinoamericanos y caribeños es el principal obstáculo para mejores formas de asociación comercial y en ese sentido los modos de producción al sur del río Bravo siguen dependiendo de los bienes de capital de Estados Unidos y en lo general de la demanda del mercado norteamericano. A las economías regionales les faltan capitales de inversión, pero sobre todo están necesitando de manera urgente mano de obra capacitada para la producción industrial e inversiones que estimulen la economía y no nada más sirvan para transferencia internacional de capital. La burguesía al sur del Río Bravo sigue moviéndose en el escenario de repúblicas bananeras con la expoliación de los intereses estadounidenses.
Mientras América Latina y el Caribe no reactive mecanismos como la Comisión Económica (CEPAL) o el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), la capacidad productiva seguirá beneficiando solo las clases altas, en tanto que las clases bajas seguirán siendo potencial revolucionario.





