El flujo ilícito de materiales bélicos continúa presente y representando un desafío para México y el resto del continente, los esfuerzos de los gobiernos por contener y solucionar la problemática son insuficientes. El avance del crimen organizado transnacional en todas sus formas ha creado espacios de ingobernabilidad y gobiernos paralelos apoyados por el uso ilícito de la fuerza, está demostrado que el mercado negro de las armas y materiales de guerra también atiende la demanda de un amplio sector de la población que solo busca protegerse, esto se debe a la incapacidad de los gobiernos para proteger a sus ciudadanos y a una serie de políticas y legislaciones restrictivas que alimenta esta dinámica.
La problemática ha mutado, datos de la interpol aseguran que en abril pasado en un operativo conjunto entre México, Brasil y Colombia se incautaron más de 8000 armas de fuego, mismas que llegarían a las calles, en términos reales este logro es minúsculo para la gran cantidad de armas que no son detectadas y alcanzan a lacerar la vida de miles de personas en el continente
Algunos países del Caribe como Jamaica, Trinidad y Tobago, Bahamas y Barbados, han puesto medidas más rígidas a la importación de armas de fuego y su control, así mismo, han redoblado sus esfuerzos para impedir que el mercado negro se abastezca a través de las rutas marítimas que son utilizadas en doble vía por parte de los narcotraficantes, estos países también han apoyado a México en sus reclamos hacia Estados Unidos siendo este ultimo el principal fabricante de dicho material bélico y el titular de políticas internas que propician el tráfico ilícito.
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Mientras que las tazas de homicidios crecen cada día en todo el continente, al parecer los fabricantes de armas se empeñan a elevar su producción para sostener los conflictos. Por ende las autoridades aduaneras tienen un gran reto ante las artimañas que los criminales transnacionales utilizan para poder traficar sus materiales, las armas son traficadas en vehículos, en cargamentos de Comercio Exterior y en múltiples camuflajes haciendo imposible la intercepción de dicha mercancía. No basta con realizar programas anticorrupción en las aduanas, si no la voluntad para disminuir la disponibilidad es de naturaleza económica, misma que supera en poder a los propios Estados.
La NRA, es conocida por su fortaleza económica y poder político sobre las decisiones de las armas en los Estados Unidos de América, por su parte los gobiernos latinoamericanos no tienen la capacidad monetaria, logística, tecnológica y humana para poder contrarrestar los efectos de la oferta internacional en sus territorios.
El mercado legal en los Estados Unidos asciende a 400 millones de armas ligeras registradas, una parte importante de ese total se pierde en diversas transacciones dónde los testaferros son el principal actor para hacerse de ellas, dichos personajes son contratados por los cárteles para comprar armas legalmente y posteriormente entregárselas a dichos grupos criminales, otro método eficaz para los es aprovechar el vacío legal que existe en la Unión Americana para la comercialización de armas entre particulares.
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Un grave elemento de esta problemática es el involucramiento del Ejército de los Estados Unidos en la venta ilegal de armas y municiones que son consideradas obsoletas para el uso del ejército y de sus cuerpos armados en labores de Defensa Nacional.
Grandes cantidades de municiones y armas que se encuentran en almacenes son robadas y comercializadas ilegalmente por altos funcionarios militares teniendo como resultado las imágenes que vemos en la frontera norte de nuestro país, donde varios cárteles utilizan armas de alta tecnología poniendo en jaque a nuestras fuerzas del orden, mismas que han quedado indefensas ante el poder de fuego de los grupos criminales que ejecutan ataques aleatorios a la población para “calentar la plaza”, es decir inician tiroteos para desestabilizar a los gobiernos locales, creando escenas de barbarie que se han repetido en demasía en los últimos años, cabe resaltar que aproximadamente el 66% de las muertes violentas en el Continente Americano fueron ocasionadas por armas de fuego.
Otros Institutos militares del continente han sido infiltrados por los criminales para obtener las armas que legalmente son compradas a los fabricantes internacionales, ejemplo de ello es Brasil, en Brasil existe un grupo denominado comando rojo que le compra armas al ejército y a los policías de su país además de Paraguay y Surinam, y áreas aledañas para poder revenderlas a las FARC en Colombia.
Otro método son las armas fantasma, esto se refiere a la importación ilegal de piezas desensambladas de las armas de fuego en diversos transportes y que con coordinación precisa, los grupos criminales han podido re ensamblar para poder ser utilizados, este método es altamente exitoso y ha aumentado en la última década
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La tecnología actual también tiene un papel predominante en el tráfico y fabricación ilícita de armas de fuego, gracias a la liberación del internet y de las tecnologías de la información es posible obtener los planos para impresión en 3D de armas fungibles, una vez que la impresora ha hecho su trabajo, estas armas plásticas son aún más difíciles de detectar y de confiscar ya que el material con el que están hechas no puede ser detectado fácilmente , estas armas tienen la particularidad de poder abrir fuego sin dejar una marca de identificación en la ojiva de La bala convirtiéndose en los últimos años en las favoritas de los sicarios sobre todo en zonas urbanas.
Por otra parte, México ahora es un centro logístico de distribución de estos materiales hacia el resto del continente, granses cantidades de armas son transportadas vía aérea clandestinamente desde México hacia Venezuela y Colombia, de acuerdo a documentos de inteligencia, estos vuelos han invertido la ruta de provisiones de norte a sur, atendiendo la demanda generada por conflictos convencionales y no convencionales, así como a actores asimétricos, donde exista conflicto o debilidad de un Estado, nacerá un mercado propicio para los grandes mercaderes de la muerte.





